Videos que prometen “desinflamar” el cuerpo. Gurúes que aseguran cuál es la cantidad exacta de proteína que una persona necesita. Reels que explican cómo bajar el cortisol, acelerar el metabolismo o “limpiar” el intestino. Jóvenes que pasan horas viendo contenido sobre alimentación, calorías y suplementos sin siquiera buscarlo activamente.
El algoritmo ya decidió por ellos.
Mientras esperan el ómnibus, descansan entre clases o hacen scroll antes de dormir, miles de adolescentes y adultos jóvenes consumen todos los días recomendaciones sobre comida, peso, ansiedad, ayuno o hábitos “perfectos”. Muchas veces lo hacen convencidos de que están aprendiendo sobre salud. El problema es que no siempre están recibiendo información médica. A veces simplemente están viendo entretenimiento disfrazado de autoridad.
Y eso ya empezó a preocupar a médicos en Uruguay.
“La información médica falsa o incompleta siempre existió, pero hoy circula con una velocidad y una capacidad de influencia mucho mayor. Muchas veces nuestros médicos se encuentran en consulta con pacientes que dan por verdadera una recomendación porque la vieron en TikTok o Instagram, aunque no tenga respaldo científico o esté completamente fuera de contexto”, señala la Dra. Ana Mieres, directora técnica de UCM Falck.
Según explica, hay un aumento de consultas vinculadas a dietas virales, suplementación sin control profesional y rutinas extremas difundidas en redes sociales.
El fenómeno ya no pasa solo por querer adelgazar. Ahora aparece disfrazado de “bienestar”, “hábitos saludables” o “optimización personal”. El objetivo ya no es únicamente verse mejor, sino rendir más, inflamarse menos, dormir perfecto, ganar músculo, evitar el envejecimiento o alcanzar una supuesta versión ideal del propio cuerpo.
En redes sociales, todo parece tener una solución rápida. Hay alimentos “prohibidos”, comidas “inflamatorias”, suplementos milagrosos y métodos que prometen transformar la salud en 30 segundos. El problema es que la medicina funciona exactamente al revés de un reel.
“Hay síntomas que pueden compartirse entre muchas condiciones distintas. Cansancio, dificultad para concentrarse, palpitaciones, tristeza, dolor de cabeza o problemas digestivos pueden tener causas muy diferentes. El algoritmo tiende a simplificar; la medicina tiene que hacer lo contrario: preguntar, ordenar, descartar y entender el cuadro completo”, advierte Mieres.
El tema preocupa especialmente en adolescentes y jóvenes, donde la alimentación se mezcla con autoestima, imagen corporal y presión social. Videos de “What I eat in a day”, comparaciones físicas y cuentas obsesivas de calorías forman parte del contenido diario que consumen millones de personas.
A simple vista parecen videos inofensivos. Pero no siempre lo son.
“En alimentación el riesgo es especialmente alto, porque muchos contenidos se presentan como hábitos saludables cuando en realidad pueden promover restricciones, culpa o una relación muy ansiosa con la comida. En adolescentes, eso es delicado”, sostiene la médica.
La lógica de las plataformas tampoco ayuda. TikTok, Instagram o YouTube Shorts no funcionan como una biblioteca médica. Funcionan como máquinas diseñadas para captar atención. Cuanto más emocional, tajante o extrema es una afirmación, más posibilidades tiene de viralizarse.
Y eso genera una falsa sensación de certeza.
“No es lo mismo hablar de alimentación en términos generales que indicar calorías, proteínas, dietas o suplementos como si todos los cuerpos necesitaran lo mismo. La nutrición también requiere contexto, edad, antecedentes, actividad física, estado emocional y acompañamiento profesional”, agrega Mieres.
En muchos casos, los médicos se encuentran con pacientes que llegan convencidos de tener intolerancias, déficits vitamínicos o problemas hormonales porque lo vieron repetido una y otra vez en redes. También ocurre lo contrario: personas que minimizan síntomas relevantes porque un influencer aseguró que “no era nada” o que podía resolverse con una dieta o un suplemento.
Para la especialista, uno de los mayores problemas es que la salud se está consumiendo con la lógica del entretenimiento rápido.
“Cuando una recomendación sirve para todo el mundo, probablemente no sirve bien para nadie”, resume.
La especialista de UCM Falk recomienda verificar quién habla, desconfiar de los mensajes milagrosos o alarmistas y evitar iniciar o suspender tratamientos por consejos vistos en redes sociales.
“Un reel puede despertar una duda útil. El problema empieza cuando reemplaza a una consulta médica”, concluye Mieres.