Adicciones y estigma: por qué juzgamos tanto y cómo un video puede cambiar esa mirada
Un corto animado sin diálogos logró que miles de personas miraran con menos prejuicio a quien consume drogas.
Nadie le reprocha a un diabético que no se cure por falta de voluntad. Tampoco a un hipertenso o a quien pelea para mantener a raya el colesterol. Pero con quienes tienen una adicción, ya sea al alcohol o a las drogas, sí está esa mirada cuestionadora, ese reproche por lo bajo o la crítica directa, a veces. Para muchos puede ser tan difícil mantener los valores correctos de glucemia como abandonar esas copas o la sustancia que los define como adictos. Hay dos varas para medir y lo que surge, que es el estigma, termina haciendo más difícil que quien tiene un problema lo cuente y busque ayuda.
De los cerca de 400 millones de personas que viven con trastornos por consumo de alcohol o drogas en el mundo, solo una de cada diez recibe atención adecuada, según cifras de la Organización Mundial de la Salud citadas por Stanford Report, el medio de la Universidad de Stanford. Y el dato puede pasar de largo o ayudar a plantearse si no sería mejor para todos dejar por un rato el juicio de lado y cambiar la mirada.
Entre los factores que menciona la universidad estadounidense para que no reciban ayuda está el juicio de empleadores, de vecinos, de familiares y hasta del propio personal de salud.
Por qué la adicción despierta tanto rechazo
La adicción suele cargar con más prejuicio que otros problemas de salud mental porque se la percibe como algo que la persona podría controlar si quisiera. Así lo plantearon los autores de un ensayo publicado en agosto en la revista eClinicalMedicine, que fue encabezado por la médica Maya Adam, directora de Health Media Innovation en Stanford Medicine. Según los antecedentes que revisaron, esa lectura convierte el consumo en una supuesta debilidad moral, despierta enojo y miedo, frena que alguien cuente lo que le pasa y pida ayuda a tiempo, y se traduce en desventajas para conseguir trabajo o vivienda.
También inciden las palabras. En un estudio del Hospital General de Massachusetts publicado en 2010 en el International Journal of Drug Policy, profesionales de salud mental leyeron la descripción de un mismo paciente con dificultades para sostener un tratamiento, en la que solo cambiaba la etiqueta: “abusador de sustancias” o persona con “un trastorno por consumo de sustancias”. Con la primera, se inclinaron más por castigarlo y culparlo, según informó el hospital.
Cómo cambiar la mirada sobre las adicciones
Entre las estrategias para reducir el estigma, una de las más eficaces es lo que los investigadores llaman contacto social: acercarse a la experiencia de alguien que vive esa situación. Adam lo explicó a Stanford Report, y agregó que el encuentro cara a cara no se multiplica con facilidad y choca con barreras de idioma y de cultura.
Su laboratorio buscó una salida en un corto animado de 2,40 minutos sin una sola palabra. En el video de animación se ve a un pez joven que se encuentra con una sustancia extraña en el fondo del mar. Ante esa situación, un pez mayor le advierte que no se acerque, pero el joven se acerca igual, hasta quedar enganchado. Sobre el final, el mayor revela que él también pasó por una adicción y se recuperó.
Este es el video:
Según el artículo científico, la historia se armó con aportes de personas con experiencia propia o familiar de consumo, para humanizar esa vivencia relacionada con el consumo de drogas y mostrar que la recuperación es posible. “El pez se convirtió en un símbolo. No pertenece a ningún país ni cultura específicos. Ese anonimato permite que resulte universalmente cercano”, contó Adam.
El equipo reclutó en línea a 13.500 adultos de Reino Unido, Estados Unidos y Sudáfrica y los dividió al azar: unos vieron el video con banda sonora, otros en silencio y un tercer grupo leyó una ficha con cifras sobre estos trastornos, su mortalidad y la falta de tratamiento. Inmediatamente después, quienes vieron el corto con música registraron puntajes de estigma un 9% más bajos que quienes leyeron la ficha, y dos semanas más tarde la diferencia seguía en 4%. La versión muda logró un 6% y un 2%.
Además, quienes vieron el corto también expresaron más calidez hacia las personas con adicciones. En definitiva, el video movió más que las cifras y los datos impresos en un papel.
Qué hace la música que no hacen las palabras
Consultada por Stanford Report sobre la ventaja de la versión del video con sonido, Adam respondió: “Creemos que la música hace algo que la narración no puede. Te guía sobre cómo sentirte frente a lo que estás viendo sin decirte qué pensar; ofrece una hoja de ruta emocional”. En el artículo, el equipo vinculó ese resultado con investigaciones según las cuales la música intensifica el involucramiento emocional y el recuerdo de lo visto, aun sin palabras.
El efecto se achicó con los días, lo que fue interpretado por los investigadores como una señal de que estos mensajes necesitan repetirse. Por eso es que ellos las llaman microintervenciones. Son piezas breves pensadas para circular en redes y vistas más de una vez. “Si bien un solo video corto no puede transformar la visión del mundo de alguien, nos entusiasma el potencial de que estas intervenciones se difundan de manera repetida, a escala, y lleguen a la gente donde habitualmente consume contenido breve”, dijo Adam.
Adam relató que una participante les escribió para contar que, durante el estudio, un vecino de su edificio murió por una causa vinculada a las drogas. Admitió que se había mantenido lejos de él por su adicción y dijo que ahora, ante una situación parecida, tomaría la decisión consciente de acercarse.
Consumo problemático en Uruguay: cuántos piden ayuda
Si bien Uruguay no formó parte del estudio, la realidad se puede extrapolar. Según la VIII Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas en Población General, Uruguay 2024, el 71,4% de las personas de 18 a 65 años consumió alcohol en los últimos 12 meses y el 52,4% lo hizo en los últimos 30 días.
En su página web, la Junta Nacional de Drogas remarca que “la cantidad de personas que consume alcohol no equivale a la cantidad que presenta un uso problemático” y hace el desglose de esos números: entre quienes consumieron alcohol en los últimos 12 meses, el 28,4% presenta signos de uso problemático, lo que equivale a unas 373.000 personas.
Dentro de ese grupo:
- 185.000 personas (14,1%) presentan riesgo 1, es decir consumo abusivo en una ocasión
- 82.000 personas (6,2%) presentan riesgo 2, o sea consumo abusivo habitual
- 106.000 personas (8,1%) presentan riesgo 3, que equivale a consumo problemático, dependencia y necesidad de intervención.
Al cruzar esa cifra con la de quienes pidieron atención en los últimos 12 meses, la proporción que había consultado por alcohol fue de apenas 4%. “En contrapartida, la demanda de atención por cocaína (30%) y pasta base (26%) es más alta que la registrada en parámetros internacionales, los cuales se ubican en torno al 9%”, dice la encuesta.
El mismo informe recordó que la política de drogas del país incorporó un enfoque basado en “la protección de los derechos humanos, la no criminalización del consumo y la no estigmatización de los usuarios”.
Para orientación, propia o de alguien cercano, la Junta Nacional de Drogas mantiene el número telefónico *1020, gratuito desde celulares y activo las 24 horas.
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