Adicción a la comida: qué se sabe de este problema, que no se reconoce como trastorno
No figura en los manuales de diagnóstico, pero comparte rasgos con el alcoholismo y, según estimaciones, afecta a uno de cada siete adultos.
Quien deja de fumar puede no volver a comprar cigarrillos, y quien deja el alcohol puede no volver a pisar un bar o no tener bebidas tentadoras en su casa. Pero con la comida esa salida no existe: hay que comer todos los días y varias veces por día. Ese punto entra en la discusión aún latente sobre por qué la idea de que se puede desarrollar una adicción a ciertos alimentos tardó en abrirse paso, y por qué todavía no aparece en los manuales con los que se diagnostican los trastornos mentales.
Para la médica Lamia Haque, directora de la Clínica Yale para el Tratamiento del Alcoholismo y la Adicción en Hepatología, en Estados Unidos, la adicción a la comida “es un concepto emergente que, al igual que el trastorno por consumo de alcohol, implica un patrón de consumo poco saludable, principalmente de alimentos ultraprocesados, ricos en azúcar y grasas”.
Qué es la adicción a la comida y cómo se parece al alcohol
En una entrevista publicada por la Escuela de Medicina de Yale, se la describió como una entidad clínica emergente que se caracteriza por la pérdida de control, la ingesta persistente a pesar de los efectos negativos y los antojos. En ese sentido, la especialista, que tiene certificación en medicina de las adicciones y de la obesidad, explicó que las personas con adicciones desarrollan una respuesta neurobiológica que sigue un ciclo de tres etapas:
- preocupación
- anticipación
- consumo excesivo/intoxicación, seguido de síntomas de abstinencia derivados de cambios cerebrales.
De todos modos, marcó un matiz sobre cómo se sostiene ese ciclo, ya que “el consumo de sustancias se inicia por refuerzo positivo, pero posteriormente puede estar motivado por el alivio de estados emocionales negativos”. Mientras, en cuanto a los alimentos, marcó que las investigaciones indican que los ultraprocesados “tienen mayor probabilidad que otros de desencadenar patrones similares de señalización de neurotransmisores, incluyendo cambios en la dopamina”.
En definitiva, a lo que apunta es que la adicción puede generarse más bien con un tipo de alimentos y no con los alimentos en general.
Por qué los ultraprocesados están en el centro
Un análisis publicado en 2023 en la revista médica británica The BMJ, firmado por investigadores de Estados Unidos, Brasil y España, propuso una explicación. La mayoría de los alimentos naturales o mínimamente procesados aportan energía en forma de carbohidratos o de grasas, pero rara vez de ambos a la vez. Por ejemplo, una manzana es casi todo carbohidrato y el salmón es grasa. Una barra de chocolate, en cambio, combina las dos cosas en proporciones parecidas.
“Muchos alimentos ultraprocesados tienen niveles más altos de ambos y esa combinación tiene un efecto diferente en el cerebro”, dijo Alexandra DiFeliceantonio, investigadora del Instituto Fralin de la Universidad Virginia Tech y coautora del trabajo, en el comunicado que acompañó la publicación.
Los autores también pidieron estudiar más el papel de los aditivos que se usan en la elaboración industrial.
Foto: Magnific
Cuántas personas tienen adicción a la comida
Para medirla, los investigadores suelen usar la Escala de Adicción a la Comida de Yale, que aplica a la alimentación los criterios con los que se diagnostican los trastornos por consumo de sustancias:
- menor control sobre lo que se come
- deseos intensos
- síntomas de abstinencia
- seguir consumiendo pese a las consecuencias.
Con esa herramienta, el análisis de The BMJ reunió dos revisiones que sumaron 281 estudios de 36 países y estimó que la adicción a los ultraprocesados alcanza al 14% de los adultos y al 12% de los niños. La cifra en adultos es similar a la del alcohol, también del 14%, y cercana a la del tabaco, del 18%, según el mismo trabajo. En los niños, los autores calificaron el nivel como sin precedentes.
Entre quienes padecen trastorno por atracón, la proporción supera el 50%. Ashley Gearhardt, psicóloga de la Universidad de Michigan y autora principal del análisis, afirmó que existe “un respaldo convergente y consistente a la validez y la relevancia clínica de la adicción a la comida”.
Este contexto se aplica también a Uruguay, donde según un estudio de la Organización Panamericana de la Salud, entre 2000 y 2013, las ventas de alimentos ultraprocesados se duplicaron y las de bebidas ultraprocesadas casi se triplicaron, el mayor aumento entre los países latinoamericanos evaluados.
Sin diagnóstico oficial: qué implica para el tratamiento
Que la adicción a la comida todavía no cuente con criterios clínicos en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) tiene una consecuencia concreta: que por eso “no existen tratamientos aprobados para esta afección específica”, marcó Haque.
La especialista agregó que las personas con obesidad y adicción a la comida podrían beneficiarse de tratamientos que comparten mecanismos con los del alcoholismo y mencionó estudios preliminares con medicamentos agonistas del receptor GLP-1 para reducir el consumo de alcohol u otras sustancias. Por la superposición entre estas condiciones, defendió una atención integral y multidisciplinaria.
Para los autores de The BMJ, el reconocimiento también tendría efectos más allá del consultorio: pese a la incertidumbre, sostuvieron, clasificar ciertos alimentos como adictivos podría estimular la investigación y cambiar las actitudes hacia su regulación.
Haque resumió el objetivo de estudiar estas condiciones en conjunto: al abordar a la vez la obesidad, los factores de riesgo metabólico y entidades emergentes como la adicción a la comida, se puede “mejorar los resultados de salud y optimizar la atención a los pacientes al tratar simultáneamente múltiples factores que contribuyen a la enfermedad”.
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