Un estudio reciente identificó en la sangre de las serpientes pitón una molécula con potencial para el desarrollo de tratamientos contra la obesidad. La investigación se centra en una sustancia vinculada al metabolismo de estos reptiles que, en ensayos con animales, logró reducir el apetito y el peso corporal.
El hallazgo se basa en una característica distintiva de las pitones: su capacidad para ingerir presas de gran tamaño y permanecer largos períodos —meses o incluso más de un año— sin volver a alimentarse. A partir de ese comportamiento, científicos analizaron los cambios metabólicos tras la ingesta y detectaron más de 200 compuestos que aumentan en la sangre después de comer.
Entre ellos, destacó una molécula denominada pTOS, cuyos niveles se incrementaron más de mil veces tras la alimentación.
De acuerdo con el estudio, esta sustancia es producida por bacterias presentes en el intestino de las pitones y tendría un papel relevante en la regulación del apetito y del gasto energético. Además, fue detectada —aunque en concentraciones mucho menores— en la orina humana, lo que abre la puerta a futuras investigaciones sobre su posible aplicación clínica.
Para evaluar sus efectos, los investigadores administraron pTOS a ratones con obesidad. Los resultados mostraron una reducción en la ingesta de alimentos y una pérdida cercana al 9% del peso corporal en un período de 28 días, sin cambios significativos en el gasto energético ni en el tamaño de los órganos.
El mecanismo de acción de esta molécula difiere del de los fármacos actualmente utilizados para tratar la obesidad, muchos de ellos basados en el GLP-1. Estos medicamentos —como Wegovy— actúan principalmente retrasando el vaciamiento gástrico, lo que prolonga la sensación de saciedad, aunque pueden generar efectos adversos como náuseas y molestias gastrointestinales.
En cambio, la pTOS actuaría directamente sobre el cerebro, en particular en el hipotálamo, la región encargada de regular el hambre, lo que podría representar un enfoque más directo y eventualmente con menos efectos secundarios.
No obstante, los investigadores advirtieron que aún se requieren estudios clínicos para confirmar la eficacia y seguridad de esta molécula en humanos antes de considerar su aplicación terapéutica.
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