“Es normal que los adolescentes sean noctámbulos, permítales recuperar el sueño los fines de semana”, aconseja una de las investigadoras
Seguro a la mayoría le pasó: sábado por la mañana, no hay despertador, no hay obligaciones y de repente, se abren las cortinas al grito de “¡Arriba, hay que aprovechar el día!”. Y aunque el cuerpo y la mente lo pedían, no había chance de quedarse en la cama. Sin embargo, un estudio científico trajo buenas noticias para los adolescentes de hoy: dormir hasta tarde los fines de semana es un escudo proyector para la salud mental.
Con esto se terminó aquello de “no seas perezoso” o “¡vamos que se te pasa el fin de semana durmiendo”. Un estudio realizado por la Universidad de Oregón y la Universidad Médica Upstate (SUNY) mostró que permitir a los adolescentes recuperar el sueño perdido durante el fin de semana reduce drásticamente el riesgo de depresión.
La investigación fue publicada en la revista Journal of Affective Disorders y destaca que, aunque lo ideal es cumplir con un sueño regular durante la semana, la flexibilidad en sábados y domingos ofrece una protección significativa ante las exigencias de la vida moderna.
El poder del “sueño de recuperación”
Los investigadores analizaron datos de jóvenes de entre 16 y 24 años, un grupo que suele acumular una “deuda de sueño” durante la semana escolar. Los hallazgos fueron contundentes: aquellos que aprovechaban el fin de semana para dormir más tenían una probabilidad significativamente menor de presentar síntomas depresivos.
Concretamente, el grupo que practicó el sueño de recuperación mostró un riesgo un 41% menor de sufrir síntomas de depresión en comparación con quienes no lo hicieron. Este hallazgo es crucial, dado que la depresión es una de las principales causas de discapacidad en este rango de edad, afectando el funcionamiento diario y el cumplimiento de responsabilidades. En este contexto, la discapacidad se refiere en general a las interrupciones en el funcionamiento diario, como faltar al trabajo o estudio, llegar tarde o tener dificultades para cumplir con las responsabilidades.
"Eso hace que ese rango de edad sea de particular interés a la hora de intentar comprender los factores de riesgo de la depresión y cómo estos podrían relacionarse con la aplicación de intervenciones", dijo Casement.
El estudio fue realizado en Estados Unidos y subraya que los jóvenes suelen sacrificar horas de descanso debido a una mezcla de exigencias académicas, actividades extracurriculares, vida social y, en algunos casos, también trabajos.
Melynda Casement, psicóloga y directora del Laboratorio del Sueño de la Universidad de Oregón, explica la realidad práctica frente a la teoría médica: “Los investigadores y médicos del sueño recomiendan desde hace tiempo que los adolescentes duerman de ocho a diez horas a la misma hora todos los días de la semana, pero esto no es práctico para muchos adolescentes, ni para la gente en general”.
Según la coautora del estudio, ante la imposibilidad de cumplir con el horario ideal entre semana, recuperar esas horas durante sábado o domingo actúa como un factor protector de la salud mental. “Es normal que los adolescentes sean noctámbulos, así que permítales recuperar el sueño los fines de semana”, aconseja Casement.
Los ritmos circadianos: de alondra a noctámbulo
La dificultad de los adolescentes para dormirse temprano no es solo una cuestión de hábitos, sino de biología. Durante la adolescencia, los ritmos circadianos cambian naturalmente.
Casement detalla que el inicio del sueño se retrasa progresivamente hasta los 18 o 20 años. “En lugar de ser una alondra matutina, te convertirás en un noctámbulo”, señala.
La ventana natural de sueño para muchos se sitúa entre las 23:00 y las 8:00 horas. Sin embargo, este reloj biológico choca con los horarios de inicio de clases, lo que genera la necesidad física de compensar esa falta de descanso cuando no hay que asistir al liceo, universidad, etc.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo, que incluyó al profesor Jason Carbone, utilizó datos de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición 2021-23. Se compararon los promedios de sueño de los días laborables frente a los fines de semana y se cruzaron con los informes de bienestar emocional de los participantes.
Este análisis es uno de los primeros en centrarse específicamente en adolescentes y adultos jóvenes típicos en Estados Unidos, diferenciándose de estudios previos enfocados en poblaciones escolares de Asia.
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