Por Patricia Vicente.
Hace algunas semanas, se generó una fuerte polémica en las redes sociales cuando la conductora de un popular canal de streaming argentino pidió que dejaran de hacerle señas mientras hablaba al aire, porque se distraía. “Porque una tiene un TDAH bárbaro”, justificó, y abrió la puerta a un sinfín de comentarios y reclamos. La criticaron por banalizar el diagnóstico de Trastorno por Déficit Atencional con Hiperactividad, algo que hoy hacen muchas personas cuando quieren justificar alguna distracción.
Y no solo ocurre que se utiliza este trastorno como algo liviano a la hora de excusarse, también es muy común escuchar comentarios del tipo: “Ahora todo es TDAH” o “antes los niños se portaban mal y no tenían nada”. Entonces, para comprender qué es y sobre todo qué no es TDAH, conversamos con Horacio Paiva, doctor en Ciencias de la Salud, licenciado en Psicología, especializado en Neuropsicología, investigador y docente.
Este es un extracto de la entrevista con el profesional, que es especialista en el tratamiento de este trastorno y que da información útil, especialmente para padres.
—Vemos que hoy se usa el concepto de TDAH para “justificar” distracciones menores o incluso reírse de algún olvido. Entonces, para empezar: ¿Qué es y qué no es el TDAH?
—Lo primero que hay que decir es que no es una moda, ni algo inventado porque las farmacéuticas nos quieran envenenar y quitar el dinero. Y no estoy defendiendo a las farmacéuticas; estoy diciendo que esta es una condición real, reportada desde el siglo XVIII, sobre todo en medicina pediátrica.
La medicina, la psicología, la psiquiatría y la neurología se vienen ocupando de esta condición, al menos de forma claramente documentada, desde el inicio del siglo XX.
—¿Y por qué se ha banalizado últimamente?
—Me llama la atención cuando se dice con una sonrisa: “Ay, no me digas eso porque tengo flor de TDAH”. Yo tengo casi 40 años de psicólogo y nunca vi personas que vengan con una sonrisa a decirme “tengo un trastorno mental” o “tengo depresión e ideas suicidas”. El TDAH es un dolor, una angustia, no una bendición.
—¿Por qué le parece que subyace esa idea de que el TDAH no es grave, que es una simple distracción?
—Porque existe una enorme confusión y desconocimiento. Estamos hablando de una condición que le genera serios trastornos adaptativos a la persona, ya sea en lo laboral, los estudios, lo familiar y lo social en general. Hay distintos grados, pero siempre afecta de manera significativa. Además, puede generar angustia, ansiedad o depresión si no es correctamente tratado.
Y es claro que episodios de distracción tenemos todos, sobre todo porque estamos en un momento cultural/tecnológico donde nuestras capacidades atencionales son muy poco exigidas y, por lo tanto, poco entrenadas.
—Uno tendería a pensar que, por la
multiplicidad de estímulos, pantallas, notificaciones, sería al revés. ¿Por qué
poco exigidas?
—Porque la estimulación actual exige poco a nuestra
capacidad atencional. Son muchos estímulos, pero de baja exigencia; son flashes
en los que no llegamos a profundizar. Tenemos un consumo tecnológico que a las
personas con y sin TDAH les está atontando la capacidad atencional.
Horacio Paiva
Eso es peligroso porque cuando la atención no funciona bien, hay poco ingreso de información al cerebro y este trabaja con estímulos superficiales, poco profundos. Y por eso, por primera vez en la historia, esta generación de jóvenes que tiene entre 18 y 20 años está siendo menos inteligente que sus padres a la misma edad. Venimos haciendo mediciones de inteligencia desde hace 120 años de manera seria y esta es la primera vez que pasa que en lugar de incrementarse generacionalmente, desciende.
—¿Pero el TDAH se puede generar por el entorno, por esa escasa exigencia o es algo orgánico?
—El ambiente no genera TDAH. Por eso digo que esta cultura actual no está generando más TDAH, ya que este tiene una base neurobiológica y, fundamentalmente, neuroquímica. En la inmensa mayoría de los casos, se trae al nacer y es por genética o por factores prenatales (como consumo de alcohol, drogas o tabaco en el embarazo).
—Sobre el diagnóstico: ¿Puede aparecer un TDAH de adulto si nunca se tuvo nada de niño?
—Es un tema en discusión, pero el criterio internacional es que la sintomatología debe aparecer antes de los 12 años. Cuando evaluamos a un adulto, miramos su historia escolar. Si las alteraciones aparecen recién a los 18, hay que tener cuidado porque el trastorno de ansiedad, por ejemplo, provoca síntomas muy similares al TDAH.
Por esto, las personas que hacemos los diagnósticos tenemos que saber mucho de psicopatología. En el caso de niños, tenemos que saber qué es normal a determinada edad y qué no. Tenemos que estar especializados y evaluar sobre todo la historia del síntoma y la consideración de otras patologías, así como los hábitos de la persona.
—Los síntomas principales del TDAH son falta de atención, impulsividad e hiperactividad. ¿Tienen que estar presentes los tres para que se confirme un diagnóstico?
—No necesariamente. Están los tres en la “presentación combinada”. Pero también existe la presentación inatenta (como el personaje Felipe de Mafalda, que está en las nubes, le cuesta mantener el foco, pero es tranquilo) y también la presentación predominantemente hiperactiva-impulsiva. Hablamos de impulsividad no como sinónimo de agresividad, sino de ser “atropellado”.
—Usted mencionó que ha “curado” casos de
supuesto TDAH ajustando hábitos. ¿Cómo es eso?
—Fueron casos que se solucionaron con higiene de sueño, alimentación y
ejercicio. Y cuando pasa eso, cuando “se cura” con esos ajustes, es porque no
era TDAH.
Hoy en día las personas estamos durmiendo dos horas menos que lo que se dormía en la década del 60. Un adulto debería dormir 8 horas, pero forzamos al cerebro a que trabaje horas extras, vamos generando una deuda crónica de sueño que no se paga durmiendo 14 horas el sábado y el domingo. La higiene del sueño es fundamental en niños y adolescentes, que están forjando aún de forma muy activa su cerebro, pero también para los adultos.
Lo mismo con la actividad física: el cuerpo humano está diseñado para moverse, pero la vida que estamos llevando ha forzado al cuerpo al sedentarismo. ¡Y ni que hablar de la alimentación!. Para saber cuál es la mejor, tenemos que pensar qué es bueno para el corazón: lo que es bueno para nuestro sistema cardiovascular es bueno para el sistema nervioso y, en particular, para nuestro cerebro.
—¿El tratamiento del TDAH siempre requiere medicación?
—Hay matices. En medicina hay casi unanimidad en que es obligatoria. Desde la neuropsicología pensamos que en los casos leves puede probarse, sobre todo en niños, con tratamientos psicológicos y neuropsicológicos que muchas veces evitan el uso de fármacos y tienen excelentes resultados. De todos modos, el niño o el adulto con TDAH siempre debe estar en control médico. Y también se pueden realizar los dos tratamientos a la vez: psicológico y farmacológico.
—Una vez que se inicia el tratamiento farmacológico, ¿se debe mantener de por vida?
—No necesariamente, se va controlando, porque el TDAH se caracteriza por tener una enorme variabilidad. La persona no está siempre con los síntomas a tope y eso despista muchas veces a su entorno. Hay casos en que se les plantea a las personas que tienen el trastorno cómo puede ser que hoy estén “bien” y ayer no podían ni estar un segundo quietos. Y la respuesta es clara: “Estaba con el mismo TDAH de siempre, solo que hoy estoy en un buen momento”.
Eso pasa en muchas condiciones: en la depresión, en la ansiedad, en el trastorno obsesivo compulsivo... Entonces, en salud mental tenemos que hacer chequeos para ver cómo evoluciona el paciente y hasta qué grado ese TDAH le está complicando la vida.
Antes se pensaba que, mágicamente, en la adolescencia el TDAH desaparecía. Hoy sabemos que, muchas veces, la propia maduración del cerebro hace que muchos síntomas desaparezcan. Sobre todo, en lo relacionado con la hiperactividad. De todas formas, en un porcentaje muy alto eso no pasa y hay que saber que la persona que nace con TDAH, muere con TDAH y hay que acompañarlo a lo largo de su vida.
¿Y puede llegar a ser incapacitante?
Sí, puede ser incapacitante. Inclusive puede traer consecuencias severas el hecho de tener un TDAH no diagnosticado y, por lo tanto, no tratado o incorrectamente tratado. Hay datos que lo muestran: está estudiado en Estados Unidos que la población que tiene TDAH tiene una expectativa de vida de por lo menos 10 años menos. Esto es porque es normal que asuman conductas de riesgo, porque hay mayor tendencia a las adicciones, por la impulsividad, porque hay menos cuidado de la salud en general.
—¿Y se puede vivir una vida “normal” con TDAH?
—Absolutamente. Conozco Grado 5 de Facultad con TDAH. El problema es cuando no se trata. Es un trastorno que no tiene por qué ser incapacitante, pero la clave está en no jugar con esto, no banalizar. Cuando uno habla de TDAH está hablando de una condición compleja en salud mental que hay que atender. La tiene aproximadamente el 10% de la población a nivel mundial. Acá en Uruguay se hizo una investigación por parte de la Cátedra de Psiquiatría Pediátrica, que se publicó en 2009, y hablaba de un 7,6% en niños en edad escolar.
—¿Y hay cifras de adultos?
—En adultos se estima alrededor del 5%.
—¿Hay diferencias entre el TDAH en hombres y en mujeres?
—Es algo que se está revisando profundamente. La relación histórica era de cuatro varones diagnosticados por cada niña, pero hoy parece que hay tantas mujeres como hombres con TDAH. Lo que pasa es que en ellas predomina la inatención; no molestan, no son inquietas, entonces pasan desapercibidas. Además, en las mujeres influye el ciclo hormonal, que puede hacer que el síntoma sea más explosivo en ciertos momentos del mes. Es un terreno complejo que no debe quedar en manos de tiktokers o youtubers.