“Soy un desastre”: por qué nos hablamos tan mal y no toleramos nuestros errores
Una frase dura tras un error que puede ser mínimo y nos juzga por completo. De dónde sale y qué cambia al reemplazarla por algo más amable.
Se nos vuelca el mate sobre el teclado, confundimos el horario de una reunión o le mandamos un mensaje a una persona que no lo tenía que ver… Ejemplos hay miles, pero reacciones, generalmente, pocas: “¡Soy un tarado!”, “¡Soy un desastre!” o algunos epítetos más subidos de tono. Una agresión directa, teledirigida, que afecta no solo a la autoestima, sino al estado de ánimo. Ayuda mucho comprender por qué no es bueno reaccionar así.
El médico español Mario Alonso Puig reflexionó sobre esto en una de las newsletters que envía a sus miles de seguidores a nivel mundial y planteó que, aunque no siempre se usen exactamente esas palabras, casi todos se pueden sentir identificados con la forma de reaccionar ante un error. Según describió, “aparece sola, sin avisar, justo después de que algo no haya salido como querías”.
Por qué un error pequeño dispara una sentencia tan dura
El error que ocurrió, dijo Alonso Puig, seguramente fue “pequeño y concreto”, pero la frase que nos decimos habla de la persona completa, “como si estuviera escrita en piedra”, como si no pudiera cambiar. Para el doctor, esa desproporción tiene una explicación: “Casi todos llevamos dentro una imagen de una versión nuestra que no falla nunca, y mientras se va cumpliendo, ni la notamos. Solo aparece el día que fallamos, y ese día no deja ningún sitio para algo tan humano como equivocarse”.
En una entrevista con el diario La Nación, en 2024, Alonso Puig propuso imaginar a alguien que hizo algo mal: se lo puede ver como una mala persona y castigarlo, o entender que lo que hizo está mal, preguntarse por qué lo hizo y corregirlo. “En nuestra conversación interior, si nos castigamos en lugar de corregirnos, es porque nos vemos como malos”, explicó. Y ese es el problema: creer “que somos malos y que no merecemos ser felices o tener éxito”.
Imagen de Mario Alonso Puig
Por qué la autocrítica dura no ayuda
La reconocida investigadora estadounidense Kristin Neff, especializada en temas vinculados con la autocompasión, aseguró que la razón número uno que da la gente para no tratarse mejor es el temor a permitírselo todo si se muestra blanda consigo misma. En un artículo que publicó en Psychology Today explicó que la gente suele confundir autocompasión con autocomplacencia, cuando en el fondo no tienen nada en común.
Neff indicó que “la autocompasión implica tres componentes: ser amable y cariñoso con uno mismo en lugar de ser severamente autocrítico; enmarcar la imperfección en términos de la experiencia humana compartida; y ver las cosas con claridad sin ignorar ni exagerar los problemas”.
“Mientras que el poder motivador de la autocrítica viene del miedo, el poder motivador de la autocompasión viene del amor”, señaló y agregó que “cuando somos amables y comprensivos al fracasar o al notar algo que no nos gusta de nosotros, deseamos mejorar, pero no porque nos sintamos inadecuados o inútiles, sino porque nos queremos y queremos aliviar nuestro propio sufrimiento”.
Para la autora, además, la autocrítica agrava el miedo al fracaso. Porque “¿quién quiere tomar riesgos en la vida cuando sabe que el fracaso será recibido con un juicio severo hacia uno mismo?”, graficó.
Afirmó también que las personas autocompasivas asumen más responsabilidad por sus errores que quienes se critican, pero se alteran menos por ellos. En ese sentido, marcó que “cuando nos queremos, intentamos cambiar cualquier comportamiento que nos perjudique” y que es “mucho más probable que admitamos las áreas que necesitan mejorar”. En cambio, “si somos demasiado autocríticos, es probable que ocultemos la verdad, o incluso peor, que culpemos a otros de nuestros problemas para evitar la autoflagelación”.
Autocompasión
Una frase más exacta, no solo más amable
En su carta a sus lectores, Alonso Puig propuso reemplazar la frase automática por otra: “Hoy no ha salido como quería. Mañana vuelvo a intentarlo”. La clave, “no es que sea más amable, es que es más exacta”. Porque la primera reacción de crítica dura “afirma cosas sobre ti que nadie podría demostrar”, mientras que la segunda “se limita a describir lo que ha pasado”.
Neff incluyó una idea parecida en su definición de autocompasión: ver las cosas con claridad, sin ignorar ni exagerar los problemas.
En definitiva, lo que ambos autores recomiendan es parar antes de reaccionar con esa autocrítica destructiva y “antes de firmar una sentencia (contra uno mismo), comprobar si lo que te estás diciendo es verdad”.
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