Contenido creado por María Noel Dominguez
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Positivo, todo muy bien

¿Sirve de algo pensar en positivo? La respuesta de Mario Alonso Puig desde la neurociencia

Se abusó bastante del concepto de pensamiento positivo, pero el médico y divulgador español afirma que hay más de biología que de metafísica

22.02.2026 08:59

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2026-02-22T08:59:00-03:00
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La idea de que “ser positivo” es una elección voluntaria suele chocar con dos frentes: el escepticismo de quienes lo ven como una ingenuidad y la peligrosidad de quienes lo venden como una receta mágica. Sin embargo, para el español Mario Alonso Puig, médico, escritor y divulgador científico, la respuesta no está en la metafísica, sino en la biología.

El pensamiento positivo, entendido como una habilidad psicológica y no como un mantra vacío, es estrictamente entrenable, dijo y explicó de qué hay que cuidarse para no caer en una positividad tóxica o inútil.

El laboratorio del sistema nervioso

La base científica de los dichos de Alonso Puig está en la neuroplasticidad, que es la capacidad del cerebro para formar nuevas conexiones e incluso generar neuronas. De hecho, el español afirma que se puede entrenar el pensamiento positivo y que está tan seguro de ello, porque lo probó consigo mismo.

Cuando nos esforzamos por darle una interpretación positiva a algo negativo, no estamos simplemente “negando la realidad” o haciéndonos trampas, sino que estamos obligando al sistema nervioso a trazar rutas distintas a las del pánico o la desesperanza. Eso, que se basa en la neuroplastividad, es la base del entrenamiento del pensamiento positivo.

Lo que genera esa actitud es que el cuerpo “lee” una disposición mental a enfrentar lo que sucede, a superar las adversidades y actúa en consecuencia. Lo contrario, que sería ver todo lo negativo, quejarse y nublarse por la ira, genera todo lo opuesto y su consecuencia es que el sistema inmunológico y el cardiovascular se debilitan.

Optimistas, no ingenuos

Mario Alonso Puig marca una línea clave en este punto. Se ha abusado del concepto de “pensar en positivo” y pasamos de un extremo al otro. Pensar positivo no es igual a decir: “Todo va a salir bien porque yo pienso que así será”.

“Primero hay que definir lo que es el pensamiento positivo y tener ojo a la hora de describirlo, ya que se ha abusado mucho de este concepto. Por un lado, el pensamiento positivo es la disposición que una persona tiene a buscar siempre algo valioso en lo que sucede. Por otro lado, es la disposición a mantener la calma, la confianza y la esperanza en cualquier situación, sea una enfermedad, sea una crisis económica, sea cualquier cosa de tipo inesperado y muchas veces incómodo o desagradable”, explicó.

El médico agregó que “esa disposición mental lo que hace es aumentar las probabilidades de que realmente puedas resolver esa situación de una forma efectiva, cosa que no sucede si alguien cae en la desesperanza, se deja llevar por el pánico o por la sensación de impotencia”.

Entonces, el pensamiento positivo no es un parche o unos lentes que modifican lo que vemos, sino un aliado.

Alonso Puig puso como ejemplo a una persona que tiene una enfermedad y prefiere quedarse con el comentario de alguien que le dice que todo estará bien, en lugar de ir al médico. “Agarrarse a una salida fácil para evitar la incomodidad de un hospital o un diagnóstico puede tener consecuencias desastrosas. La madurez emocional y la responsabilidad profesional nos dictan que no es ‘lo uno o lo otro’, sino ‘lo uno y lo otro’. Mantener la esperanza y la serenidad es vital, pero siempre de la mano de la consulta al especialista”, resumió.

La disposición de buscar el sentido

Si definimos el pensamiento positivo correctamente, encontramos una herramienta de regulación emocional. Esta es la disposición activa a buscar algo valioso en lo que sucede, por pequeño o incómodo que sea.

Podríamos decir que es como una forma de estoicismo moderno. Mantener la confianza frente a la crisis económica, la enfermedad o lo inesperado, sin preocuparnos por aquello que no está bajo nuestro control. Como plantea Epicteto, uno de los principales autores de esta escuela filosófica que tiene más de 2.000 años de antigüedad: Lo que ocurre no es lo que nos afecta, sino lo que interpretamos sobre ello.

Entrenar esta mirada aumenta las probabilidades de resolver problemas de forma efectiva. La desesperanza bloquea la capacidad de análisis, mientras que la calma la libera. En definitiva, el entrenamiento del pensamiento no busca eliminar los problemas del mundo, sino modificar la arquitectura cerebral con la que decidimos enfrentarlos.