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¿Dulces sueños?

¿Qué esconden las siestas? La señal que podría alertar un mayor riesgo de sufrir demencia

Un estudio de Estados Unidos halló una asociación entre ciertos hábitos de descanso diurno y el deterioro cognitivo en adultos mayores.

18.10.2026 16:23

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Una investigación reciente de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg, en Estados Unidos, sugiere que dormir siestas largas o hacerlo con demasiada frecuencia podría estar relacionado con un mayor riesgo de desarrollar demencia.

El estudio, publicado en la revista The Journal of Gerontology: Medical Sciences, analizó a 995 beneficiarios de Medicare de 65 años o más que no presentaban demencia al comienzo de la investigación, en 2013. Los participantes fueron seguidos durante un período de hasta diez años, a partir de información del Estudio Nacional de Tendencias de Salud y Envejecimiento, una encuesta representativa de adultos mayores de Estados Unidos.

Los investigadores observaron que quienes dormían siestas frecuentes —la mayoría de los días o diariamente— tenían un 48 % más de riesgo de desarrollar demencia que aquellos que descansaban una o dos veces por semana o nunca lo hacían. La asociación se mantuvo incluso después de considerar otros factores, como la duración del sueño nocturno, la somnolencia durante el día y la probabilidad de padecer apnea obstructiva del sueño.

También se detectó una relación entre las siestas no planificadas y el deterioro cognitivo. Las personas que se quedaban dormidas involuntariamente presentaban un riesgo un 39 % mayor de desarrollar demencia. En el caso de las siestas de 30 minutos o menos, el incremento observado fue del 40%, aunque esta asociación dejó de ser significativa al considerar otros factores relacionados con el descanso nocturno.

“Las siestas más frecuentes podrían ser un indicador de cambios en el cerebro, en lugar de una causa de cambios cerebrales que conduzcan a la demencia”, explicó Adam Spira, doctor en Filosofía y máster en Artes, autor principal del artículo y profesor del Departamento de Salud Mental de la Escuela Bloomberg.

Los científicos señalaron que la relación podría funcionar en ambos sentidos: las alteraciones cerebrales asociadas con la demencia pueden modificar los hábitos de sueño y, al mismo tiempo, los cambios en las regiones del cerebro encargadas de regular la vigilia podrían favorecer las siestas frecuentes en las primeras etapas de la enfermedad.

Para profundizar en esta posibilidad, el equipo excluyó a las personas que recibieron un diagnóstico de demencia durante los primeros cinco años de seguimiento. Aun así, las asociaciones entre las siestas frecuentes e involuntarias y el riesgo de demencia continuaron siendo similares, lo que refuerza la hipótesis de que estos patrones de descanso podrían anticipar el diagnóstico, en lugar de ser únicamente una consecuencia de la enfermedad.

“El seguimiento de los hábitos de siesta podría servir como un indicador temprano y accesible para ayudar a identificar a los adultos mayores con mayor riesgo de demencia y orientar las intervenciones específicas para la prevención de la demencia”, señaló Kening Jiang, doctor en Filosofía, investigador posdoctoral en el Departamento de Salud Mental de la Escuela Bloomberg y primer autor del artículo.

Sin embargo, los resultados no fueron uniformes en todos los estudios sobre el tema. Investigaciones anteriores encontraron conclusiones contradictorias: algunas vincularon las siestas prolongadas o habituales con una mayor probabilidad de desarrollar demencia, mientras que otras no identificaron asociaciones significativas e incluso sugirieron posibles beneficios de los descansos breves.

Los autores plantearon que estas diferencias podrían explicarse por la forma en que se recopilaron los datos sobre las siestas —mediante declaraciones de los participantes o dispositivos portátiles— y por las distintas costumbres culturales relacionadas con el descanso durante el día.

Por último, los investigadores advirtieron que el estudio es observacional y no permite concluir que dormir siestas provoque demencia. Además, se basó en hábitos de sueño declarados por los propios participantes, por lo que los resultados podrían estar afectados por errores de memoria y por el estado cognitivo de las personas al momento de responder.

Los especialistas consideran necesario realizar investigaciones a largo plazo que combinen mediciones objetivas de las siestas diurnas y del sueño nocturno para comprender mejor cómo se relacionan estos hábitos con el riesgo de demencia y determinar si modificar las rutinas de descanso podría contribuir a retrasar o prevenir su aparición.

Con información de Europa Press.