¿Por qué salir a caminar ayuda con el estreñimiento?
Una caminata tranquila de 20 minutos casi duplicó la actividad del intestino en cuestión de minutos. Qué pasa en el cuerpo al moverse.
Hay quienes lo descubrieron sin proponérselo: una vuelta a la manzana después del almuerzo, un paseo con el perro a primera hora día, y al rato aparecen las ganas de ir al baño. Que el movimiento despierta al intestino es una idea que circula desde hace tiempo en consejos de médicos, nutricionistas y abuelas. Lo que no estaba tan claro era qué ocurre exactamente en los minutos que siguen a una caminata.
Eso fue lo que se propuso investigar un equipo de científicos de la Universidad de Salud Fujita, en Japón. Entender esos cambios inmediatos podría ayudar a explicar por qué incluso una caminata corta puede marcar una diferencia, estimaron, y así lo reflejó su trabajo publicado en la revista Scientific Reports. En el estudio los investigadores comprobaron que apenas 20 minutos de caminata suave bastaron para activar de forma casi inmediata el movimiento del intestino.
Qué es el estreñimiento y por qué conviene no ignorarlo
El estreñimiento es una de las molestias digestivas más frecuentes y afecta a personas de todas las edades. Además de la hinchazón, el esfuerzo al evacuar y la baja frecuencia de las deposiciones, cuando los síntomas persisten, pueden generar estrés, interferir con el trabajo y la rutina y afectar de manera importante la calidad de vida.
Si se prolonga sin tratamiento, puede contribuir a la aparición de hemorroides, a un esfuerzo cardiovascular durante la evacuación y a otros problemas colorrectales. Aun así, muchas personas no consultan hasta que la situación se vuelve difícil de ignorar, advirtieron los investigadores, según el comunicado de la universidad, citado por scitechdaily.com.
El movimiento es una de las recomendaciones más habituales para favorecer el tránsito intestinal. Quienes son más activos suelen reportar menos problemas digestivos, mientras que pasar mucho tiempo quieto se asocia con un intestino más lento. Sin embargo, la mayoría de los estudios analizó hábitos de ejercicio a lo largo de semanas, meses o años, y se sabía mucho menos sobre la respuesta del intestino en los primeros minutos después de moverse.
Qué pasa en el intestino después de caminar
Para observar esa respuesta sin procedimientos invasivos, el equipo recurrió a los ruidos intestinales: los sonidos que se producen cuando las contracciones del intestino desplazan gases y líquidos por el tubo digestivo. Su frecuencia, duración e intensidad dan pistas sobre cuánto se está moviendo el intestino.
En el estudio participaron 21 adultos jóvenes y sanos. Primero, acostados y en reposo, se registraron sus ruidos intestinales durante un minuto con un estetoscopio electrónico. Después caminaron 20 minutos en una cinta, a un ritmo cómodo elegido por cada uno, y volvieron a acostarse mientras se hacían nuevas grabaciones durante 15 minutos.
Los tres indicadores que midieron aumentaron de forma significativa entre uno y dos minutos después de la caminata. La intensidad total de los sonidos casi se duplicó, los ruidos ocuparon una mayor parte del tiempo de grabación y creció la cantidad de sonidos por minuto.
El efecto se desvaneció a los dos o tres minutos, pero la rapidez del cambio mostró que una actividad física liviana puede estimular el intestino de forma inmediata, y no solo a través de un mejor estado físico a largo plazo. En el artículo científico, los autores plantearon que esa activación del intestino podría explicar por qué las intervenciones basadas en actividad física tienen efecto sobre el estreñimiento, y que ofrece pistas sobre su posible papel en el manejo de este problema. El próximo paso, señalaron, es comprobar si la misma respuesta se da en personas mayores y en quienes tienen trastornos digestivos.
Foto archivo
Por qué el movimiento activa el intestino
Los investigadores plantearon dos posibles explicaciones. La primera tiene que ver con el sistema nervioso autónomo, el que regula funciones involuntarias como la digestión, cuya actividad cambia cuando el cuerpo pasa del reposo al movimiento. La segunda apunta a reflejos locales: al caminar, el cuerpo se balancea y oscila de forma natural, y esas oscilaciones podrían estimular directamente las contracciones del intestino.
También destacaron el análisis de los ruidos intestinales como una herramienta útil para futuras investigaciones, ya que permite seguir los cambios en el intestino en tiempo real y de forma repetida, sin introducir instrumentos en el cuerpo.
“Caminar puede servir como una herramienta eficaz e inmediata para estimular la función intestinal. Los hallazgos también apuntan a posibles mecanismos subyacentes, como cambios en la actividad del sistema nervioso autónomo o reflejos desencadenados por las oscilaciones naturales del cuerpo durante el movimiento”, dijo Yohei Otaka, autor sénior del estudio.
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