¿Por qué nos gusta tener miedo? Lo que pasa en el cuerpo con una película de terror
El miedo puede ser placentero, pero bajo una condición: que el cerebro sepa que está a salvo.
Un ruido raro en casa a medianoche, un auto que nos roza cuando vamos cruzando una calle o quizá una llamada telefónica en plena madrugada, cuando solo pueden ser malas noticias, son eventos que, normalmente, a nadie le gustan. Son sustos que no queremos tener. En cambio, elegimos mirar películas que nos tienen sin respirar y al borde de la silla durante horas, o contar historias de fantasmas y de casas embrujadas. ¿Cómo puede ser que de un miedo escapamos y hacia el otro nos dirigimos con placer?
La explicación está en lo que el cerebro registra mientras el corazón se acelera, según explica un artículo publicado por la Universidad McGill, de Canadá. El texto habla de “miedo controlado” para referirse a esos sustos que optamos por tener y afirma que la diferencia más importante con el otro miedo, el que realmente nos sorprende, es que “el cerebro reconoce que la situación es segura y que estas reacciones físicas pueden interpretarse como excitación en lugar de un peligro real”.
El miedo como forma de juego, también para adultos
El miedo recreativo puede considerarse una forma de juego, no solo para los niños, sino también para los adultos. Las películas de terror y las casas embrujadas ofrecen un entorno para experimentar el miedo controlado y otras emociones negativas asociadas, como la ansiedad, el pavor o el asco, a bajo costo y sin riesgos.
Haccoun Choquette, autora del artículo que publicó McGill, lo comparó con un niño que corre entusiasmado mientras un cuidador lo persigue jugando. “Las casas embrujadas permiten a los adultos involucrarse de forma lúdica con un tipo de estimulación amenazante sin estar en peligro real”, sostuvo.
Y lo que pasa en el organismo cuando se viven esas experiencias es que empiezan a segregarse diversas hormonas y sustancias químicas del cerebro. Según el artículo, estas son las principales:
- Adrenalina: desencadena la respuesta inmediata de lucha o huida, acelera el ritmo cardíaco y la respiración y aumenta la sensación de alerta y energía.
- Noradrenalina: funciona como hormona y como sustancia química cerebral. Aumenta la alerta y ayuda a concentrarse en posibles peligros, por ejemplo durante una escena de terror.
- Cortisol: aporta energía para responder a una amenaza y puede aumentar incluso cuando no hay un peligro real.
- Endorfinas: pueden reducir el dolor y generar una sensación de alivio o placer cuando termina el momento aterrador.
- Dopamina: neurotransmisor vinculado a la anticipación y la búsqueda de recompensas, que puede hacer que la emoción y el alivio posteriores al susto resulten gratificantes.
La combinación entre ellas es la que va generando las diversas sensaciones asociadas a esos sustos que elegimos “pegarnos”. Cuando trabajan juntas la adrenalina y la noradrenalina generan la descarga física inmediata, con más ritmo cardíaco, más respiración y más atención. Eso es lo que hace que una escena aterradora se sienta intensa y emocionante, explica.
Por su parte, el cortisol ayuda a sostener la energía frente al estrés y las endorfinas contribuyen a sentirse bien una vez superado el momento.
La espera del susto también asusta
Para Haccoun Choquette, la tensión que se acumula cuando la persona está esperando que llegue el susto puede dar más miedo que la reacción o la amenaza en sí. En una casa embrujada, explicó la autora del artículo, “la anticipación es la mitad de la diversión”, pero aclaró que eso solo ocurre porque la persona sabe que está en un lugar seguro y controlado.
Foto: Magnific
Ante una amenaza que se anticipa, el cuerpo se prepara para responder: activa la respuesta de lucha o huida, libera adrenalina, pone al cerebro en estado de hiperalerta y agudiza los sentidos. Además, aumentan la frecuencia cardíaca y la presión arterial, y se dilatan las pupilas.
Después, “soportar algo que uno considera aterrador y saber que lo sobrevivió puede generar una sensación de logro”, señaló. Esa es la razón por la que las personas repiten esas experiencias. “En definitiva, lo que hace que el miedo controlado sea tan placentero es saber que estamos a salvo”, concluyó.
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