Contenido creado por Gonzalo Charquero
Modo saludable

Esa maldita costumbre

¿Por qué nos despertamos durante la noche? Cuatro causas frecuentes que afectan el sueño

La falta de descanso sostenida se asocia a mayor riesgo de enfermedades como hipertensión, diabetes o afecciones cardíacas.

30.04.2026 15:01

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2026-04-30T15:01:00-03:00
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Montevideo Portal

Dormir bien es una necesidad biológica que debería estar en el top tres de la lista de cualquier persona que busque una vida saludable. No es un lujo, ni un placer de perezosos. El problema se genera cuando el sueño se interrumpe de forma repetida y de esa manera se resiente la energía al día siguiente, se genera un impacto en la concentración, en el estado de ánimo y, a largo plazo, en la salud general.

La falta de descanso sostenida se asocia a mayor riesgo de enfermedades como hipertensión, diabetes o afecciones cardíacas, e incluso a muerte prematura. En esa línea, la médica internista Mallika Marshall, editora colaboradora de Harvard Health Publishing, identifica cuatro motivos frecuentes que explican por qué muchas personas no logran dormir de corrido durante la noche.

El factor edad: cambios en el reloj biológico

Con el paso de los años, el sueño se vuelve más fragmentado. No necesariamente porque “funcione peor”, sino porque cambia el ritmo circadiano.

Es común que las personas mayores sientan sueño más temprano y también se despierten antes. Si alguien se acuesta a las 20:00, es posible que su despertar natural ocurra cerca de las 4:00, completando igual las 7 a 9 horas recomendadas.

El problema aparece cuando esa variación se interpreta como insomnio, cuando en realidad puede ser un ajuste del reloj interno.

Hábitos cotidianos que sabotean el descanso

El estilo de vida es uno de los factores más influyentes (y más subestimados) en la calidad del sueño. Entre los hábitos que pueden interrumpirlo, Marshall menciona:

-      Consumir alcohol dentro de las cuatro horas previas a acostarse: puede inducir el sueño, pero luego lo fragmenta y aumenta las idas al baño.

-      Comer cerca de la hora de dormir: favorece el reflujo y dificulta mantener el descanso.

-      Dormir siestas largas o tardías: reduce la presión de sueño nocturno.

-      Exceso de cafeína: bloquea la adenosina, una sustancia clave para inducir el sueño. El consejo es moderar el consumo a partir del mediodía.

Modificar estos hábitos puede mejorar el descanso, a veces con rapidez. En ese sentido, en su artículo de Harvard Health Publishing, Marshall recomienda sostener horarios regulares de sueño y vigilia, evitar pantallas al menos dos horas antes de acostarse; dormir en un ambiente oscuro, silencioso y fresco. El ejercicio regular también contribuye, siempre que no sea en la hora previa a dormir.

Para quienes ya aplican estas medidas sin resultados, existe una opción con evidencia sólida: la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I). Trabaja con los mecanismos naturales del sueño a través de técnicas de relajación, trabajo terapéutico y ajuste del tiempo en cama, sin necesidad de medicación.

Medicación: un efecto secundario poco visible

No todos los despertares nocturnos tienen una causa conductual. Algunos están vinculados a tratamientos médicos. Ciertos fármacos pueden interferir con el sueño, entre ellos algunos antidepresivos, betabloqueantes para la presión arterial, corticoides o remedios para el resfrío que contienen alcohol.

En estos casos, el enfoque no es suspender el tratamiento por cuenta propia, sino consultar con el médico si es posible ajustar dosis u horarios.

Enfermedades y condiciones subyacentes

Cuando el sueño se interrumpe de forma persistente, conviene mirar más allá de los hábitos. Marshall identifica varias condiciones frecuentes que pueden estar detrás:

-      Ansiedad o depresión, que dificultan conciliar y mantener el sueño.

-      Hiperplasia benigna de próstata (HBP): el agrandamiento de la glándula prostática genera urgencia urinaria que despierta a los hombres varias veces por noche.

-      Dolor crónico, que impide sostener el descanso profundo y que, a su vez, se agrava con la falta de sueño, generando un círculo difícil de romper.

-      Neuropatías, con sensaciones de hormigueo, entumecimiento o dolor en manos y pies.

-      Apnea del sueño, caracterizada por pausas respiratorias nocturnas y somnolencia diurna.

En estos casos, el insomnio no es el problema principal, sino un síntoma y lo que hay que hacer es identificar la causa.

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