¿Por qué los perros grandes envejecen más rápido que los chicos?
Las razas grandes acumulan antes ciertos cambios químicos en su ADN, y unos genes “saltarines” podrían tener que ver.
En buena parte del reino animal, los más grandes suelen vivir más: un elefante supera largamente a un ratón, y una ballena a casi cualquier otro mamífero. Pero en los perros se confirma aquello de “la excepción que confirma la regla”. Algunas de las razas más grandes, como el lobero irlandés, viven en promedio 10 años o menos, mientras que las chicas suelen festejar muchos más cumpleaños.
Según el sitio de Nature, Brianah McCoy, investigadora que estudia el envejecimiento en la Universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos, ilustró este tema con el chihuahua de su abuela: “Ese perro vivió como 20 años” y no tenía precisamente buen carácter.
McCoy forma parte del equipo que intentó explicar este fenómeno. El trabajo, publicado el 8 de octubre en la revista Science, analizó a casi 900 perros de unas 120 razas y encontró que los grandes acumulan más rápido ciertos cambios químicos en su ADN asociados con el paso del tiempo.
Firulais y el reloj que marca los años
Los investigadores, integrantes del Dog Aging Project, una iniciativa de Estados Unidos que ya reunió a unos 55.000 perros, estudiaron unas marcas químicas llamadas grupos metilo, que se adhieren al ADN y ayudan a regular qué genes se activan. Forman parte del llamado epigenoma, y su pérdida o ganancia se usa a veces como un marcador biológico del envejecimiento.
Con esos datos armaron un reloj molecular capaz de estimar la edad de un perro con un margen de error de menos de un año. Aquellos en los que el reloj mostraba una edad mayor a la real tenían, además, un riesgo más alto de morir en los dos años siguientes.
Al comparar razas, el resultado fue claro: los perros grandes acumulaban esos cambios a mayor velocidad que los chicos. Y los machos lo hacían más rápido que las hembras, incluso si habían sido castrados de jóvenes.
Foto: Unsplash
Los “genes saltarines” son los culpables
Según la publicación, buena parte de los cambios aparecieron en los llamados genes saltarines, que son fragmentos de ADN capaces de moverse de un lugar a otro del genoma. Y justamente, cuando “saltan”, pueden alterar el funcionamiento de los genes normales que encuentran en su nuevo sitio.
Por otra parte, están los grupos metilo, que funcionan como una especie de correa (hablando de perros) que los mantiene quietos. Pero esos grupos se van perdiendo y, de hecho, su pérdida ya se había vinculado con la inflamación y el envejecimiento en humanos y otros animales. El equipo encontró que las razas grandes perdían esas “correas” más rápido con la edad que las pequeñas.
En el caso de los machos, muchos de los cambios estaban en el cromosoma X. Los perros machos tienen una sola copia de ese cromosoma y las hembras, dos. Según McCoy, esa copia extra podría darles a las hembras una manera de amortiguar los cambios epigenéticos que llegan con los años.
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