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Sabor en el ADN

¿Pasión por lo dulce? Un estudio vincula esa preferencia con nuestros genes

Una investigación detectó que ciertas variantes hereditarias podrían favorecer el consumo de azúcar y grasas y elevar riesgos de salud.

09.08.2026 12:51

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Las personas con una predisposición genética a preferir alimentos dulces o grasos tienden a consumir más productos de ese tipo y podrían presentar un mayor riesgo de desarrollar obesidad y diabetes tipo 2, según los resultados preliminares de una investigación presentada en NUTRITION 2026.

El trabajo fue presentado en la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Nutrición y analizó información genética y hábitos alimentarios de casi medio millón de personas que participaron en el Biobanco del Reino Unido. Los investigadores buscaron determinar si existe una relación entre los genes que influyen en las preferencias por determinados sabores y el consumo de alimentos, así como con algunas enfermedades metabólicas.

El equipo identificó primero características vinculadas a la preferencia por sabores dulces, salados y grasos a partir de estudios genéticos realizados sobre una parte de la base de datos. Con esa información, desarrolló puntuaciones genéticas destinadas a estimar la predisposición de cada persona a preferir determinados sabores.

Posteriormente, los investigadores recurrieron a otro grupo independiente de participantes del Biobanco del Reino Unido para comprobar si quienes presentaban una mayor predisposición genética a los sabores dulces, por ejemplo, efectivamente consumían más alimentos de ese tipo. También tuvieron en cuenta variables como la edad, el sexo, los antecedentes genéticos y la cantidad total de alimentos ingeridos.

Los resultados preliminares mostraron que las personas con una mayor predisposición genética a preferir el sabor dulce consumían, en promedio, unos siete gramos más de alimentos dulces por día. Aunque la diferencia puede parecer pequeña, los investigadores advierten que una variación sostenida en el tiempo podría acumularse y tener consecuencias sobre la salud.

El estudio también encontró una asociación entre una mayor puntuación genética vinculada a la preferencia por lo dulce y un mayor consumo de alimentos ricos en grasas. Esa relación, a su vez, apareció vinculada con un riesgo ligeramente superior de desarrollar diabetes tipo 2 y obesidad.

“Nuestros hallazgos sugieren que los genes que influyen en las preferencias gustativas podrían desempeñar un papel importante en el riesgo de enfermedades metabólicas al afectar los hábitos alimenticios”, subraya Gervis. “Este tipo de información podría ayudar a identificar precozmente a las personas con mayor riesgo de padecer enfermedades relacionadas con la dieta, para que puedan recibir apoyo específico”.

¿Los genes pueden influir en lo que elegimos comer?

La investigación parte de una pregunta que puede parecer cotidiana, pero que tiene implicancias para la salud: ¿por qué algunas personas sienten una mayor atracción por determinados sabores? Los científicos buscan determinar hasta qué punto esas preferencias están condicionadas por factores genéticos y cómo pueden terminar influyendo en la alimentación.

Los estudios de asociación del genoma completo permiten analizar el ADN de grandes cantidades de personas para encontrar diferencias genéticas relacionadas con determinados rasgos o comportamientos. En este caso, los investigadores combinaron esa información con cuestionarios sobre las preferencias alimentarias de los participantes.

“Estos hallazgos sugieren que la predisposición a comer en exceso alimentos muy apetitosos, como bebidas azucaradas, frutas y patatas fritas, tiene su origen, en parte, en nuestros genes”, explicó Julie Gervis, doctora en filosofía e investigadora postdoctoral en el Centro de Medicina Genómica del Hospital General de Massachusetts. “Estos estudios podrían ayudar a explicar por qué a algunas personas les cuesta más que a otras elegir alimentos saludables y abrir la puerta a enfoques más personalizados para prevenir el riesgo de enfermedades crónicas relacionadas con la dieta”.

El objetivo de los investigadores no es atribuir exclusivamente a la genética las elecciones alimentarias. Factores ambientales y sociales también pueden influir en qué y cuánto come una persona. Por eso, el análisis busca comprender cómo las predisposiciones genéticas pueden interactuar con los hábitos y otros factores de riesgo.

El próximo paso: ampliar la investigación

El equipo pretende replicar estos resultados en otros grupos de participantes y analizar con mayor profundidad cómo las predisposiciones genéticas vinculadas a las preferencias gustativas se relacionan con el consumo de alimentos y el riesgo de enfermedades metabólicas.

“Estamos trabajando ahora para replicar nuestros hallazgos en otros grupos numerosos de personas y están examinando cómo las predisposiciones genéticas de una persona a otras preferencias gustativas, como el dulce, el salado, el ácido y el umami, afectan a la calidad de la dieta y a los factores de riesgo de enfermedades metabólicas”.

Los investigadores también estudian si estas características genéticas pueden influir en la respuesta de las personas a determinados medicamentos utilizados para tratar enfermedades metabólicas, entre ellos los agonistas del receptor GLP-1.

La investigación busca determinar si las diferencias genéticas asociadas con las preferencias alimentarias pueden ayudar a explicar por qué algunas personas responden mejor que otras a estos tratamientos.

“Esta línea de investigación se basa en la evidencia emergente de que algunas personas que toman estos medicamentos experimentan cambios importantes en su sentido del gusto, lo que puede afectar sus preferencias alimentarias, su comportamiento alimentario y su calidad de vida. Los investigadores esperan que este proyecto les permita comprender mejor quiénes tienen más probabilidades de beneficiarse de los medicamentos con GLP-1, lo que contribuirá a impulsar iniciativas más amplias en medicina de precisión para la obesidad y la diabetes tipo 2”.

La posibilidad de identificar estas predisposiciones podría abrir la puerta a estrategias de prevención más personalizadas. En lugar de aplicar las mismas recomendaciones alimentarias a toda la población, los investigadores plantean que en el futuro la información genética podría contribuir a determinar qué intervenciones pueden resultar más útiles para cada persona.

“Este enfoque mejora enormemente nuestra capacidad para estudiar las bases genéticas de las preferencias gustativas en grandes grupos de personas y para comprender el papel de estas predisposiciones hereditarias en comportamientos humanos complejos y enfermedades metabólicas”, indica Gervis.

Con información de Europa Press.