Contenido creado por Gerardo Carrasco
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“No lo ayudes”: la lección de Montessori que puede cambiar la vida de los niños

No intervenir también es una forma activa de educar y de favorecer el desarrollo cognitivo, dice la pedagoga italiana.

02.04.2026 13:48

Lectura: 4'

2026-04-02T13:48:00-03:00
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Hay escenas que parecen inofensivas, pero dicen mucho sobre la educación que les damos a los más chicos. Por ejemplo: un niño intenta cerrarse la campera, atarse los cordones o apoyar un juguete para que no se caiga, y un adulto interviene y “lo soluciona”. Lo hace para ayudar, para ganar tiempo, por supuesto. No hay maldad. Pero causa un efecto que no es el buscado y que, incluso, puede ser perjudicial.

La conocida pedagoga, psiquiatra humanista y filósofa italiana María Montessori marcó que ese gesto tan habitual puede interferir en algo mucho más profundo que la tarea puntual y advirtió: “Nunca ayudes a un niño mientras está realizando una tarea en la que siente que puede tener éxito”.

La ayuda que limita

Visto desde una lógica adulta, ayudar suele ser un acto positivo. Sin embargo, el enfoque Montessori plantea que no toda ayuda es beneficiosa y menos cuando aparece antes de tiempo. Por el contrario, puede transmitir un mensaje silencioso pero potente: no podés solo.

Por eso, uno de los principios centrales de esta pedagogía, que está tan de moda en los últimos años, es evitar hacer por el niño aquello que ya está en condiciones de intentar. Pero hay un matiz que es importante: ella no habla de dejar solo al niño y que él sienta que no tiene apoyo o respaldo. De lo que habla es de no invadir un proceso que está en marcha.

La autonomía se construye

La autonomía no aparece de un día para el otro ni se enseña con discursos. Se construye en pequeñas acciones repetidas, como vestirse solo, ordenar, comer, intentar resolver algo sin intervención inmediata de otra persona. Desde esta mirada, esas tareas no son detalles menores de la rutina, sino el terreno donde se desarrollan habilidades clave. Cada intento y cada error cometido son parte de la experiencia del aprendizaje.

Interrumpir ese proceso —aunque sea con buena intención— corta algo más que la acción: interrumpe la posibilidad de experimentar competencia, dice Montessori, según cita un artículo del sitio Cuerpomente.

El texto menciona además a De Mihaly Csikentmihalyi, psicólogo y formulador de la teoría del Flow, quien marcó que “los mejores momentos de nuestra vida no son los pasivos, receptivos o relajados", sino los que ocurren “cuando el cuerpo y la mente de una persona se llevan al límite en un esfuerzo voluntario por lograr algo difícil y valioso”. Esto puede ser para un niño servirse un vaso de agua y el desafío de los grandes está en dejar que lo haga, aunque vuelque un poco de líquido sobre la mesa.

Acompañar más que “ayudar”

Uno de los aportes más interesantes de Montessori es que pone el foco en la experiencia subjetiva del niño. No alcanza con que pueda hacer algo: lo importante es que sienta que puede. Esa percepción es la base de la confianza en uno mismo y, cuando un adulto interviene demasiado pronto, incluso si el resultado final es mejor o más rápido, el niño pierde la oportunidad de hacerlo y de demostrarse que puede hacerlo.

Por otra parte, la pedagoga puso el foco en un punto que debe ser analizado a fondo por los adultos: muchas veces se “ayuda” al niño para evitar la propia incomodidad. Lo que buscamos no es que él se pueda cerrar la campera más rápido por el frío, sino porque nos pone nerviosos ver cómo demora en hacer algo tan sencillo. O le servimos el vaso de agua para que no moje la mesa. Pero el que tiene el problema es el adulto, no el niño.

Desde la perspectiva Montessori, tolerar ese proceso, con sus tiempos y sus errores, es parte fundamental del acompañamiento. No intervenir también es una forma activa de educar y de favorecer el desarrollo cognitivo, ya que cuando el niño se concentra en una tarea, su cerebro está enfocado, generando conexiones, y no hay más que beneficios en ello… aunque le lleve 15 minutos atarse los cordones.

Interrumpirlo constantemente, incluso con comentarios o ayudas, debilita esa capacidad. Por eso, Montessori insistía en observar antes de actuar y en respetar esos momentos de foco como algo valioso en sí mismo. La clave, entonces, no dejarlo solo ni invadirlo, sino acompañar y brindar ayuda cuando él la pide de forma explícita o implícita.