Andar en bicicleta, atarse los cordones, tocar un instrumento. Hay habilidades que el cuerpo parece ejecutar solo, sin pensarlas. Pero hay una pregunta de base: ¿esa memoria está en los músculos? Dos investigadores australianos explican qué dice la ciencia.
Hay fenómenos cotidianos que suelen atribuirse a la llamada “memoria muscular”. Pero el nombre es engañoso. Los investigadores Celia Harris y Justin Christensen, de la Universidad Western Sydney, explican que lo que popularmente llamamos memoria muscular en realidad se llama memoria procedimental, y no se aloja en los músculos, sino en el cerebro.
Una memoria que se hace haciendo
A diferencia de la memoria con la que recordamos nombres o conversaciones —que los científicos llaman declarativa—, la memoria procedimental se basa en acciones, según explican en un artículo publicado en el medio académico The Conversation. Por eso es tan difícil enseñar una habilidad solo con explicaciones: andar en bicicleta resulta sencillo, pero describir paso a paso cómo se hace es mucho más complicado.
Cuando aprendemos algo nuevo —tejer, manejar, tocar la guitarra—, el cerebro trabaja con esfuerzo en las regiones prefrontal y frontoparietal, vinculadas a la atención y al pensamiento deliberado. Con la repetición, esa actividad se traslada a los circuitos sensoriomotores, que guían la respuesta física casi sin intervención consciente. Eso explica por qué se puede llegar a casa manejando sin recordar el trayecto.
Lo que la demencia no logra borrar
Uno de los datos más destacados tiene que ver con las enfermedades neurodegenerativas. La memoria procedimental, señalan los autores, se mantiene en gran medida intacta frente al deterioro cognitivo. Personas con demencia que ya no recuerdan nombres de familiares pueden seguir tejiendo, bailando un tango o tocando un instrumento que practicaron durante toda su vida.
La música tiene un vínculo especialmente poderoso con este tipo de memoria. Un estudio canadiense citado por los investigadores encontró que personas con Alzhéimer reconocían mejor las palabras cuando se las cantaba en lugar de decirlas. En otra investigación, una mujer de 91 años con Alzhéimer severo logró aprender una canción nueva y reproducirla dos semanas después.
¿Cómo mejorar esa memoria?
No hay atajos, afirman los científicos. Para fortalecer este tipo de memoria hay que atravesar la fase inicial del aprendizaje, que requiere atención sostenida y suele resultar incómoda. La práctica repetida es la que permite que el cerebro deje de depender de las regiones de atención y se apoye en las áreas motoras.
Sin embargo, hay dos recomendaciones concretas:
- Espaciar las sesiones de práctica en lugar de concentrarlas, porque obliga al cerebro a recuperar y reconstruir activamente la habilidad.
- Dormir bien después de aprender algo nuevo, ya que el sueño cumple un rol clave en la consolidación de las habilidades motoras.