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Sonría, lo estamos filmando

¿La alegría se puede generar a voluntad? Un libro trae experimentos simples para hacerlo

Hay gestos cotidianos que ayudan a encontrarla y que también le hacen bien a quienes están alrededor.

23.10.2026 07:00

Lectura: 7'

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¿Cuál es el sonido más alegre del mundo? o ¿cuál es el recuerdo que te provoca más alegría? Esas y otras posibles preguntas sobre momentos o situaciones que nos generaron felicidad son una gran herramienta para conocer más a la gente (incluso a aquellos que pensamos que conocemos a fondo). Pero además, son una palanca de generación de alegría en el presente. El cerebro, al traer esa memoria, la revive y la maquinaria que se puso en marcha aquella vez nos regala hoy esa misma sensación.

Para la periodista Jancee Dunn, autora del boletín de bienestar Well de The New York Times, ese sonido más alegre del mundo era la risa de su abuela. Cuando ella era niña, le hacía chistes y las carcajadas de la mujer sonaban hermosas para su nieta. “Esa risa entrecortada era todo para mí”, escribió.

La pregunta se la sugirió Kelly McGonigal, psicóloga y docente de la Universidad de Stanford, donde dicta un curso llamado “La ciencia y la práctica de la alegría”. La profesional, que conversó con miles de personas para su investigación, acaba de publicar "Joy is a risk worth taking (La risa es un riesgo que vale la pena correr)", un libro que reúne 20 “experimentos de alegría” para la vida cotidiana.

McGonigal sostiene que la alegría es una emoción que sustenta la esperanza, nos hace sentir cerca de los demás y “nos ayuda a percibir el valor de la vida misma”. Pero además es un recurso que requiere ser cuidado y cultivado. Para eso, en su libro, propuso una serie de prácticas sencillas.

Compartir recuerdos alegres acerca a las personas

El primer experimento que propuso la autora consiste en ponerse en contacto con personas que sean importantes en nuestra vida y pedirles que recuerden algo que les dio alegría. Según la psicóloga, las investigaciones muestran que compartir recuerdos mejora las relaciones, baja el estrés y aumenta el bienestar.

De hecho, un estudio publicado en eNeuro indica que se “demostró que compartir historias, tanto alegres como tristes, puede aumentar la cercanía interpersonal”. Mientras, otra investigación recordó que “el estrés agudo provoca emociones negativas, disminuye nuestra capacidad de utilizar la regulación cognitiva de las emociones, reduce la respuesta a las recompensas y suele ser un precursor de episodios de ansiedad y depresión”. Por eso, agrega, es “imperativo identificar estrategias eficaces para reducir el estrés”.

Foto: Magnific

Foto: Magnific

“En dos estudios, nuestros resultados mostraron que recordar recuerdos positivos —pero no neutros— amortiguó las consecuencias fisiológicas y emocionales del estrés agudo. Específicamente, las personas que recordaron recuerdos positivos mostraron un aumento atenuado del cortisol y reportaron niveles más bajos de afecto negativo 20 minutos después de la exposición al estrés”, asegura la investigación.

“Y a menudo es una forma maravillosa de conocer a las personas”, agregó McGonigal.

La psicóloga lo probó con su padre, a quien describió como “una persona estoica”. Él le contó que, antes de que ella naciera, visitó una granja en Pensilvania y que el paisaje lo sobrecogió tanto que “recordó haberse sentido absolutamente lleno de júbilo y libertad”. Y eso, aseguró en su charla con la periodista del New York Times, le reveló un lado de su padre que nunca habría conocido.

Microestímulos: la alegría que suele pasar de largo

Otro de los experimentos que recomienda poner en práctica la experta para despertar pequeñas dosis de alegría a lo largo de la jornada son los “microestímulos”. Notar cuándo se presentan, sostuvo, también aumenta el bienestar.

Y lo bueno de ellos es que no solo se nos presentan, sino que se pueden fomentar. Por ejemplo: decirle a alguien que le queda muy linda su ropa, o regalarle un elogio solo porque sí, “beneficia tanto a quien lo dice como a quien lo recibe”.

Otra opción: avisarle a otra persona que se le cayó algo y recogerlo por ella, o ayudar a quien no alcanza un producto de una góndola alta del supermercado. “Estos momentos tan pequeños no tienen que solucionarlo todo para importar”, dijo la psicóloga.

Pero hay más formas de fomentar la alegría. McGonigal lo llama ir en “búsqueda de alegría” y se trata de elegir un lugar con potencial para levantar el ánimo, ya sea un parque o una biblioteca, el que a cada uno le guste. Una vez allí, encontrar un lugar cómodo y dejar que la atención divague hasta que algo provoque “un estallido de deleite”.

Foto: Magnific

Foto: Magnific

Fácil y gratis: saludar con entusiasmo

Un experimento de los que menciona el libro parece una broma por lo sencillo, gratis y rápido que es. Se trata, simplemente, de saludar a la gente con más entusiasmo. Con intención.

La autora propone elegir un período de tiempo corto (por ejemplo, un día) y saludar a todos con más ganas durante ese lapso. Un “hola” más vigoroso, un abrazo, un “¡qué lindo verte!”. Según McGonigal, las personas se sienten plenas cuando se las saluda con calidez, pero además el beneficio se traslada al que tiene el gesto.

En la nota se menciona un estudio de la Universidad Sabanci, de Estambul, que encontró que las personas que saludan, agradecen y conversan con conocidos y desconocidos reportan una mayor satisfacción con la vida. El trabajo se basó en encuestas a más de 3.000 personas en Turquía y a más de 60.000 participantes de habla inglesa.

Dunn hizo la prueba y notó que funcionaba especialmente bien con personas un poco tímidas. “La atención es una forma de cuidado y respeto”, le dijo McGonigal.

Efervescencia colectiva

Compartir la alegría con otros también es una buena herramienta. Alcanza con sumarse al público de una carrera solidaria, un desfile o la presentación de una banda de música, dijo la psicóloga. Las emociones positivas se comparten y eso potencia el bienestar.

Un ejemplo claro de esto lo aportó la periodista del Times, que contó sobre una clase de yoga con gatitos en la que hubo muy pocas posturas y conexión interior y muchas más risas y juegos con los cachorros. Ella lo describió como una forma de “efervescencia colectiva”, en la que la alegría de vivir se propaga a través de un grupo de personas que participan en la misma situación.

El concepto no es nuevo, fue acuñado por el sociólogo francés Émile Durkheim a principios del siglo XX y se trata de “un estado de intensa activación emocional compartida y sentido de unidad que surge durante comportamientos colectivos, como manifestaciones, rituales, ceremonias, celebraciones, etc”. Nada más cercano a compartir un grito de gol en una tribuna. Y eso sí que es alegría.

Una investigación publicada en la revista Frontiers in Psychology en 2022 señala que la efervescencia colectiva “se asoció positivamente con la autoestima, la autoeficacia y el bienestar psicológico”. “Estos resultados están en línea con la idea de que esta variable el bienestar a través de emociones individuales y colectivas positivas, integración social, relevancia y adhesión a valores y creencias”, explica el documento.

“Soy psicóloga y mi misión es ayudar a la gente a ser más feliz y saludable”, dice McGonigal en una charla TED que tiene miles de reproducciones en Internet y en la que explica por qué reconfiguró toda su investigación sobre el estrés y cómo esto implica en la salud.

Se puede ver aquí en español.