Los amantes de los viajes tienen motivos para celebrar tras la publicación de un estudio realizado por la Universidad Edith Cowan (ECU), de Australia, que propone una mirada poco habitual sobre el turismo: más que una pausa en la rutina, los viajes positivos podrían funcionar como una herramienta de salud.
La investigación, liderada por la doctoranda Fangli Hu y publicada en el Journal of Travel Research, aplica la teoría de la entropía al campo del turismo y abre una línea de trabajo que sus autores llaman “travel therapy” o “terapia de viajes”.
“El envejecimiento es un proceso irreversible. No se puede detener, pero sí ralentizar”, afirma Hu, según recoge el sitio Science Daily. La autora aclara que viajar no es una fuente milagrosa de juventud, pero sí un escenario donde se combinan factores conocidos por su efecto positivo en el cuerpo y la mente.
La entropía suele describirse como la tendencia del universo hacia el desorden. Aplicada a la salud, los investigadores sugieren que las experiencias cotidianas pueden ayudar al cuerpo a mantener su organización interna o, por el contrario, acelerar su deterioro. Desde esa perspectiva, los viajes seguros, activos y restauradores funcionarían como una experiencia de “baja entropía”.
“El turismo no es solo ocio y recreación. También puede contribuir a la salud física y mental”, sostiene Hu en declaraciones recogidas por el sitio Science Daily. La terapia de viajes, según describe el equipo, combinaría cuatro ingredientes:
- entornos nuevos
- movimiento
- conexión social
- emociones positivas
Cuatro sistemas del cuerpo en juego
El estudio plantea que las experiencias positivas de viaje podrían influir en cuatro grandes sistemas. La novedad del entorno estimularía el metabolismo y los procesos de autoorganización biológica. También se activa el sistema inmune adaptativo, lo que generaría una mejora de la capacidad del organismo de responder a amenazas externas.
“El sistema de autodefensa se vuelve más resiliente”, explica la autora. A esto se suma la posible liberación de hormonas vinculadas a la reparación de tejidos. Esto es lo que el equipo toma para apoyar el llamado “sistema de autosanación”.
El cuarto factor es el movimiento. Los viajes rara vez transcurren sentados: caminar por una ciudad, hacer una excursión, andar en bicicleta o subir escaleras se traducen en actividad física espontánea. “El ejercicio moderado beneficia huesos, músculos y articulaciones”, agrega Hu según Science Daily, y favorece la circulación sanguínea, el transporte de nutrientes y la eliminación de desechos.
Los riesgos detrás de los beneficios
La investigadora es clara en un punto: no todo viaje es saludable. También hay accidentes, enfermedades infecciosas, comida o agua en malas condiciones, situaciones de violencia o decisiones logísticas inadecuadas. Como ejemplo, cita la pandemia de covid-19, que dejó a muchos turistas en situaciones complejas alrededor del mundo.
Esto resalta la importancia de valorar estos hallazgos con cautela. El trabajo llama a repensar la relación entre turismo y salud, pero no es un ensayo clínico. Aun así, la propuesta resulta valiosa para pensar el bienestar más allá del consultorio. Si un viaje combina movimiento, descanso, vínculos y novedad, es probable que deje algo más que recuerdos.
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