“Estamos tan obsesionados con perfeccionar la piel que le terminamos haciendo daño”
En su primer libro, Lucía Vázquez Sica habla del cuidado de la piel desde lo estético y desde lo sanitario, que a veces queda en el olvido.
Por Patricia Vicente
Así como el algoritmo nos bombardea para que compremos el último teléfono, la caminata Tai Chi o el curso que nos hará millonarios y exitosos, también nos persigue con las cremas, los maquillajes y los tratamientos que dejarán nuestra piel tan bella y brillante como la de la supermodelo que la exhibe en pantalla. ¿Pero de verdad precisamos todo eso? ¿Es bueno para la piel llenarse de químicos que quizá ni sabemos para qué sirven?
Se acaba de editar el libro “Belleza química. Historias de autocuidado y transformación” (Editorial Urano), escrito por la periodista y cosmetóloga Lucía Vázquez Sica, que desde hace ya varios años trabaja e informa sobre el mundo de la cosmética y el cuidado de la piel, con el objetivo de hacer más entendible y clara la superabundante información que pulula en las redes.
En el libro no solo brinda información técnica que permite comprender mejor cómo cuidar la piel desde lo estético, sino además, y especialmente, desde lo sanitario. Desde 2019, la autora lleva adelante la cuenta de Instagram que dio nombre al libro y sobre ella y todo el proceso que la trajo hasta aquí, cuenta: “Belleza química creció a la par de mi propio crecimiento personal. Dejó de ser solo cuidado de la piel y pasó a ser un lugar donde cuestionarnos, donde aprender, donde hablar de feminismo, salud mental, política, entre otros. Y este libro es una consecuencia natural de eso. Es, en parte, una guía para cuidar la piel, sí, pero también una invitación a mirar más allá del espejo”.
Aquí la entrevista que Lucía Vázquez Sica le dio a Modo Saludable.
—Generalmente, cuando hablamos de la piel, pensamos en belleza, en maquillaje y poco en salud. ¿Cómo ves esto? ¿Sería importante modificar esa costumbre?
—Justamente, mi enfoque va por ese lado. La piel es un órgano, es el órgano más externo que tenemos, lo vemos todos los días y tiene una función que es proteger todo lo que tenemos adentro, pero muchas veces no le damos pelota. Además, como está muy ligado a lo estético, está feminizado; entonces los hombres quedan de lado, y en niños no se le presta mucha atención, salvo el protector solar y hasta ahí nomás.
Pero es importante pensarlo desde el lado de la salud, sobre todo en Uruguay, donde tenemos tasas de cáncer de piel altísimas, y generar conciencia en ese sentido: cuidarnos más del sol, ir al dermatólogo y democratizar el conocimiento sobre la piel más allá de lo estético. Obviamente, si a alguien le interesa la parte estética, bienvenido sea, pero es importante pensar un poco en la piel como un órgano a cuidar y que no necesita tantas cosas como las que nos quieren vender.
—Hoy está todo el bombardeo en redes, en internet, se muestra todo como una “necesidad” y queremos la crema, el rodillo, el sérum, la esponjita. ¿Cuánto de todo eso es necesario realmente?
—Hablando puramente sobre salud de la piel, lo que uno necesita es que la piel esté limpia y protegida del sol. Con eso ya está. Y si tenés algún problema de salud, como el acné, que es una enfermedad de la piel, se debe tratar con un dermatólogo. Así como si tenés eczema o psoriasis. Y todo lo que hablamos respecto al cuidado de la salud de la piel es independiente de la edad, del sexo o género.
Sobre el acné, además, si bien siempre se lo trató como algo solo de adolescentes (y es cierto que en esa etapa de la vida pasa mucho), también hay acné adulto; hay acné en la menopausia; hay acné en el embarazo, en el puerperio. Todos tienen procesos diferentes y diferentes causas y se tratan médicamente.
A mí lo que más me interesa —y es el objetivo tanto del libro como de la cuenta de Instagram @bellezaquimica— es que las personas puedan acceder a conocimiento científico, con buenas referencias, con buen entendimiento de cómo funciona la piel y los productos cosméticos. Que no les abrume el marketing, porque ahora hay una maquinaria enorme y al final ya no sabes qué sirve, qué no y por qué. Entonces, el libro es como una guía en ese sentido. Tiene una parte más técnica y una parte que me gusta llamar ‘ensayo sobre la belleza’, donde hay vivencias, historia y opinión.
—En el libro hablás de que hoy existe el llamado “skincare burnout”. ¿A tanto llegamos?
—Estamos saturados de publicidades que dicen “comprá”, “comprá”, “salió esto nuevo, lo necesitás” y la gente compra y después no sabe ni para qué sirve o cómo usarlo. Me pasa mucho que me preguntan: “Tengo este sérum de vitamina C y este sérum de niacinamida ¿Cómo los uso?”. Y ahí los dos tienen ingredientes antioxidantes; con uno solo ya te alcanza. Muchas veces pasa que se les vencen y no los usaron, o se ponen los dos y la piel queda sobresaturada.
A veces se piensa que cuantas más cosas te ponés es mejor, y por desconocimiento te terminás quemando la piel, porque hay ingredientes que reaccionan entre sí. O te empiezan a salir granitos y es porque te hiciste una rutina de tantas cosas que tu piel ya no puede más. Estamos tan obsesionados con perfeccionar la piel, que le terminamos haciendo daño. Por ejemplo, hay gente que se exfolia todos los días.
—¿Qué le hace a la piel exfoliarse todos los días?
—Se rompe la barrera que tiene naturalmente. Cuando una va envejeciendo, el proceso natural de descamación de la piel se va haciendo cada vez más lento. Si la exfoliás cada tanto, es como que la rejuvenecés un poco. Pero cada tanto es 15 o 20 días. Si lo haces todos a diario, estás sacando más de lo que deberías, barrés capas de piel innecesariamente y la terminás lastimando.
—¿Te parece que hay suficiente información en la gente sobre estos temas?
—Yo creo que hay demasiada información mal planteada y que entrevera. Por eso mi objetivo es siempre ir a cosas más claras y con base científica. Así es el libro, es llano, simple. Además, hay mucho mezclado con venta, entonces no sabés si te están diciendo cosas solo para venderte o te están diciendo algo que es real.
—Hablando de cómo le llega la información a la gente, también está el tema de “lo natural”, que se suele tomar como bueno por defecto y no necesariamente es así. ¿Qué tan regulado está el mercado de las cremas naturales o los productos hechos en casa?
—Mi recomendación es no usar nada que no esté aprobado por el Ministerio de Salud Pública, que es el organismo encargado de aprobar la cosmética. Y estos son productos que tienen varias cosas importantes que cuidar. Puede pasar que uses una crema que no tenga registro y no te pase absolutamente nada y sea maravillosa, pero si te pasa algo, no tenés ningún aval ni nadie a quien reclamar.
Eso, además de que los químicos estudian años para hacer formulaciones y los laboratorios tienen medidas de higiene, de bioseguridad, se registran, se procesan, y uno en su casa no puede hacerlo con la misma seguridad.
—¿Y es muy grande ese mercado de productos caseros hoy en Uruguay?
—Muchísimo y te diría que cada vez más. Como pasa en otras áreas de la vida, siento que estamos volviendo un poquito al medioevo: estamos antivacunas y anticiencia ahora.
Igual, yo no estoy en contra de las cosas naturales. De hecho, uso una crema hecha a base de plantas, pero que está registrada ante el MSP, con todo su aval y hecha en un laboratorio. Las plantas tienen muchísimo poder y son muy buenas, pero tiene muchos más beneficios unir ciencia con naturaleza.
Incluso hablando de sostenibilidad, de derechos de los animales, la ciencia permite avances importantes. Por ejemplo, el ácido hialurónico, que se usa muchísimo en cosmética, antes se sacaba de la cresta de los gallos. Después se sintetizó la molécula y ahora no muere ningún gallo por eso.
—Algo que mencionaste al pasar es el tema de los hombres y el cuidado de la piel, que son un poco ajenos entre sí, cuando no debería.
—No debería. Primero, porque la piel es un órgano y todos deberíamos cuidarlo, pero además porque los hombres tienen derecho a querer verse más lindos. Yo sé que patriarcalmente no les permitimos eso, pero si no les gusta una mancha, o sus ojeras o las arrugas, pueden usar skincare.
Y, si bien cada vez hay más líneas pensadas para hombres, en realidad son marketing. La piel del hombre y la de la mujer tienen pequeñas diferencias, pero no es necesario un tipo de productos especiales para ellos. Ahí está de nuevo el patriarcado: los hombres no se quieren poner cremas con empaque rosado y con perfume de nena, entonces sale la línea masculina con el packaging azul y con olor a cosas más masculinas. Sin embargo, adentro los ingredientes son los mismos. Químicamente no va a tener nada diferente, salvo el perfume.
Desmontando mitos
En el libro, Lucía Vázquez Sica desmonta 17 mitos relacionados al cuidado de la piel. Sin hacer mucho spoiler, aquí van tres de ellos, seleccionados por la autora.
- “Usar protector solar genera déficit de vitamina D”. “Hay diversos estudios que demuestran ampliamente que incluso con protector solar podemos producir suficiente vitamina D con la exposición incidental diaria”, explica y se extiende en este punto clave para un país que tiene cifras muy elevadas de cáncer de piel y de déficit de vitamina D.
- “La piel se acostumbra a los productos”. Vázquez Sica indica que “el skincare no deja de funcionar porque hace mucho que lo estás usando. En general, lo que suele pasar cuando dejás de ver el efecto es que el producto ya resolvió el problema que tenías (efecto meseta) o que tu piel ya no lo necesita”.
- “Si tenés acné es porque sos sucio”. Una frase que la escritora escuchó muchas veces fue: “lavate la cara y vas a dejar de tener granos”. El acné la acompañó durante buena parte de su vida y, para desactivar este mito (que es bastante agresivo, además), explica: “El acné es una enfermedad inflamatoria crónica del folículo. Aparece cuando se combinan varios factores que incluyen el exceso de sebo, la acumulación de células muertas, la bacteria Cutibacterium acnes, la inflamación, cambios hormonales, estrés y alimentación. Como verás, lavarse muchas veces al día la piel no va a mejorar un cuadro de acné”.
Belleza Química en la Feria del Libro
El próximo domingo 11 de octubre, a las 20.00 horas, en la Sala Roja de la Intendencia de Montevideo, Lucía Vázquez Sica estará presentando el libro. La entrada es libre y gratuita.
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