Quien trabaja en una computadora ocho horas por día probablemente ya escuchó las dos consignas: “Estar sentado todo el día es el nuevo fumar” y “trabajar parado es la solución”. Pero, según lo que se investigó al respecto, la clave está en sacar el foco de la postura y ponerlo en el tiempo y el movimiento.
Eso plantea una nota firmada por los fisioterapeutas Alejandro J. Almenar Arasanz y Marta Diarte Oliva, de la Universidad San Jorge (España), publicada en el sitio The Conversation.
“Quizá estamos formulando mal la pregunta”, escriben los autores, “porque, en realidad, lo importante es cuánto tiempo pasamos en cada postura y cuántas veces nos movemos durante la jornada”. El cuerpo humano, recuerdan, tolera mal las posturas mantenidas, sean cuales sean.
Pasar largas horas sentado favorece molestias en la zona lumbar, el cuello y los hombros. Pero pasar largas horas de pie también se asocia a molestias: fatiga, dolor lumbar y sobrecarga en piernas y pies. “Estar sentado o de pie no duele igual”, resumen, “pero ninguna de las dos posturas resulta inocua si se prolonga demasiado”.
Los trastornos musculoesqueléticos son un tema clave en muchos países del mundo y generan alto ausentismo laboral. En España, donde se llevan registros desagregados, representaron el 78% de las enfermedades profesionales, según el artículo. En Uruguay no hay datos públicos tan detallados, pero se sabe que la dorsalgia es la principal razón de certificación médica, según informó el Banco de Previsión Social.
Almenar y Diarte ponen el foco en una zona que suele quedar fuera del radar: los pies. “El pie es la base mecánica sobre la que se apoya todo lo demás: contacta con el suelo, reparte presiones y transmite fuerzas hacia tobillo, rodilla, cadera y columna”, escriben. En jornadas largas de pie, esa presión constante puede irradiar dolor hacia tobillos, rodillas, caderas y columna. Y conviene recordar que para muchísimas personas —en el sistema de salud, en la docencia, en el comercio, en peluquerías, en la industria— pararse no es un capricho ergonómico, sino una exigencia del puesto.
Modas y soluciones reales
Los autores son críticos con la oferta de productos que prometen arreglar el problema con un objeto: “A veces buscamos soluciones llamativas: mesas elevables, ‘sillas milagro’, plantillas o dispositivos de moda, como correctores posturales, almohadones ergonómicos o soportes lumbares prefabricados. Algunas herramientas pueden ayudar, pero ninguna compensa por sí sola una jornada mal diseñada”, sostienen.
La prevención real es menos vendible y más eficaz. Pasa por:
- Pausas breves a lo largo del día.
- Rotación de tareas cuando es posible.
- Ajuste del puesto al cuerpo de cada persona, no al revés.
- Calzado adecuado (sobre todo en quienes pasan jornadas de pie).
- Ejercicio físico fuera del horario laboral.
- Organización del trabajo que permita moverse.
La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA) coincide en la receta: lo más saludable suele ser alternar posturas, introducir movimiento y reducir el tiempo continuo en posiciones estáticas.
La consigna que sirve
Si hay una conclusión que se sostiene en la evidencia, escriben Almenar y Diarte, es esta: “No hace falta demonizar la silla ni idealizar estar de pie. Necesitamos entender que el organismo está hecho para cambiar, adaptarse y moverse. Cuando el trabajo nos obliga a permanecer demasiado tiempo en la misma posición, entonces es cuando empiezan los problemas”.
La próxima vez que el cuerpo avise —el cuello duro, la espalda tirante, las piernas pesadas— tal vez no convenga buscar la silla perfecta ni el escritorio del momento. Alcanza con pararse, caminar unos minutos y volver.