De qué lado estás

¿Desinterés o tecnoestrés? Por qué demoran tanto en responderte los mensajes de WhatsApp

La capacidad de atención está en caída libre, y las plataformas están diseñadas para mantenerla así.

19.05.2026 12:39

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Mandás un mensaje y no te responden. Queda el doble tick azul en WhatsApp y nada. Incluso ves que la persona está en línea, pero no hay respuesta. Antes de decidir si ese silencio es desinterés, bloquearlo o pelearte, vale la pena mirar el contexto. Hay un fenómeno mayor que explica por qué cada vez cuesta más responder rápido: la capacidad de atención está en caída libre, y las plataformas están diseñadas para mantenerla así.

En muchos casos se suele hablar de ansiedad social, fatiga digital o incluso de autocuidado (porque la desconexión es sana). Y eso tiene mucho que ver con la parte psicológica de las personas. Pero también hay un fenómeno tecnológico que muestra la realidad que está detrás de esa demora.

Un artículo publicado por el Instituto Tecnológico de Monterrey muestra que en los últimos cinco o seis años, el promedio de tiempo que una persona puede destinar frente a una pantalla cayó a 47 segundos. Así lo indicó Gloria Mark, investigadora de la Universidad de California, que investiga hace más de 20 años la capacidad de atención de las personas frente a las pantallas y mostró la preocupante progresión:

-         En 2004, una persona promedio podía sostener la atención sobre una misma pantalla durante 2 minutos y medio.

-         En 2012, esa cifra había bajado a 1 minuto y 15 segundos.

-         En 2026, ese promedio es de 47 segundos

-         O sea, en poco más de 20 años, la atención frente a una pantalla perdió casi dos minutos.

“Cocaína conductual”

¿Por qué cae la atención? Una respuesta apunta a que las plataformas están diseñadas exactamente para eso. Aza Raskin, ex empleada de Mozilla, citada en el mismo artículo, afirmó: “Es como si (las redes) tomaran cocaína conductual y la rociaran por toda tu interfaz”. Detrás de cada pantalla, agregó, hay miles de ingenieros que trabajan para hacerla lo más adictiva posible.

Cada notificación, cada like, cada video que arranca en el scroll infinito activa un mecanismo neuroquímico de recompensa basado en la dopamina. El cerebro aprende rápido: cuando se aburre, busca el celular y el reflejo se vuelve automático.

Hay un concepto académico que es útil para entender por qué tardamos en responder. Se llama “tecnoestrés” y describe el malestar que aparece cuando la tecnología supera nuestra capacidad de gestionarla. Los investigadores José Luis Serrano y Juan Antonio Gutiérrez Gómez, ambos de la Universidad de Murcia, lo definen como una sensación creciente de que la tecnología “pide más de lo que uno puede sostener”.

En un artículo publicado en el portal The Conversation distinguen dos formas en que se presenta:

-         La tecnoinvasión, que aparece cuando lo laboral o lo académico se cuela en los espacios personales. Por ejemplo: el grupo de WhatsApp del trabajo que sigue activo a las 10 de la noche o un mail de la facultad que llega un domingo.

-         La tecnosobrecarga, que ocurre cuando las demandas digitales llegan más rápido de lo que el cerebro puede procesarlas. Mensajes que se solapan, plataformas que se multiplican, notificaciones que no paran.

Señales de que el tecnoestrés te está afectando

Como informa el sitio argentino Todo Noticias, hay algunos rasgos característicos de quien está siendo afectado por el agotamiento de este exceso de disponibilidad. Estas son algunas señales:

-         Dificultad para leer textos largos

-         Revisión compulsiva del celular

-         Irritabilidad ante los mensajes

-         Sentir culpa al desconectarse

-         Pensar en mensajes sin responder mientras hacés otras cosas

Las pantallas y la salud mental

Además de esa caída de atención relacionada con los efectos de la tecnología y las aplicaciones diseñadas para causar un efecto, está la personalidad de quien no contesta y lo que pasa en su cerebro. Las plataformas están diseñadas para fragmentar la concentración, pero el ser humano no está diseñado para eso: el multitasking no existe, pero el intento de ponerlo en práctica afecta a la salud mental.

En este terreno, la ansiedad digital es uno de los fenómenos más estudiados. Aparece cuando la necesidad de estar conectado se vuelve permanente: revisar notificaciones, responder a todos los mensajes al instante, mantenerse al día en redes sociales y seguir con el scroll. El resultado es una urgencia crónica, agotamiento mental y dificultad para desconectar, en un patrón que la literatura científica acerca al de las adicciones conductuales, dice el sitio Psicología y Mente.

Un estudio publicado en la revista Computers in Human Behavior, citado en esa web, encontró que el uso problemático del celular se asocia directamente con síntomas de ansiedad, depresión y estrés. A esa ansiedad persistente se le suma el ya conocido FOMO (sigla en inglés de Fear Of Missing Out): el miedo a perderse algo importante de lo que sucede en redes sociales.

La hiperconectividad también modifica la forma de relacionarse y de pensar. Aunque la vida cotidiana sugiere que nunca estuvimos tan “conectados” como ahora, distintos estudios muestran un aumento en los sentimientos de soledad, la desconexión emocional y una menor calidad de los vínculos cara a cara.

Un ejercicio práctico y sencillo para reponerse y reparar posibles ofensas por mensajes no respondidos: invitar a esas personas que nos importan a espacios “libres de celular”. Por ejemplo, durante comidas, reuniones o salidas. La práctica favorece la escucha y la atención plena al otro, dos condiciones básicas para una conversación real.