¿Dejar los ultraprocesados puede mejorar los síntomas de depresión? Estudio asegura que sí
“El procesamiento chatarra puede dañar el intestino de maneras que repercuten hasta el cerebro”, dijo una científica
Cuando se habla de comida y estado de ánimo, la conversación suele ir en una sola dirección: cosas ricas, generalmente dulces, que no le hacen bien a la salud, pero parecen hacer bien al espíritu por unos minutos al menos. Galletitas, chocolates, papas chips, algún refresco… Infinitas opciones y el mismo resultado: a los 10 minutos volvimos a estar (tristes/enojados/deprimidos/lo que corresponda) como antes.
Un grupo de científicos buscó conocer qué pasaba con el estado de ánimo de las personas si eliminaban o restringían al máximo la ingesta de alimentos ultraprocesados. Porque quizá aquello que comemos puede pesar también sobre cómo nos sentimos. Y así lo plasmaron en un estudio que fue publicado en setiembre en la prestigiosa revista JAMA Psychiatry.
Los investigadores de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) tomaron a 20 personas con depresión y redujeron en más de 85% su consumo de productos ultraprocesados. Tras ese cambio, midieron y encontraron mejoras de moderadas a grandes en tres mediciones distintas de síntomas depresivos, según informó la universidad en un comunicado difundido por ScienceDaily.
Además, bajó la ansiedad, aunque de forma más leve.
Si bien ha había algunas investigaciones que asociaban un mayor consumo de ultraprocesados con más síntomas de depresión, este trabajo sería el primero en comparar los síntomas de las mismas personas antes y después de pasar de su dieta habitual, cargada de ultraprocesados, a una alimentación más saludable, afirman sus autores.
Cuatro semanas con menos comida de paquete
Los participantes tenían en promedio 44 años y siete de cada 10 eran mujeres. 14 de ellos tenían, además de depresión, ansiedad, y todos presentaban un índice de masa corporal alto y al menos un trastorno metabólico, como hipertensión, diabetes o colesterol LDL elevado.
El equipo los dividió en dos grupos: uno siguió con su alimentación habitual durante cuatro semanas, mientras el otro pasó a una dieta con pocos ultraprocesados. Después, intercambiaron. Los propios participantes eligieron y compraron su comida, con orientación de los investigadores.
Andrew Krystal, profesor de Psiquiatría y Neurología y autor sénior del trabajo, dijo que, pese a contar con solo 20 personas, el estudio piloto “estableció con éxito la viabilidad de llevar a cabo esta investigación en un ensayo a mayor escala”.
Qué son los ultraprocesados
Bajo esa etiqueta entran los snacks envasados, la comida rápida, las bebidas azucaradas y otros productos fabricados de forma industrial, que pueden contener conservantes, colorantes artificiales, potenciadores de sabor y emulsionantes, de acuerdo con la descripción de la UCSF.
Foto: Magnific
En Uruguay, la Guía Alimentaria para la Población Uruguaya, elaborada por el Ministerio de Salud Pública (MSP), incluye entre sus recomendaciones centrales que sean evitados este tipo de alimentos. “Basá tu alimentación en alimentos naturales y evitá el consumo de productos ultraprocesados”, dice el documento y advierte que estos productos están pensados para comerse prácticamente sin preparación y en cualquier lugar, y que, además del exceso de sodio, grasas y azúcares, alteran los mecanismos que regulan el apetito.
Para Nyasha Chagwedera, profesora asistente del Departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la UCSF y autora de correspondencia del estudio, el desafío de dejar los ultraprocesados es muy grande. “Reducir la cantidad de comida ultraprocesada en nuestra dieta puede ser difícil, porque es muy sabrosa, barata y práctica”, afirmó.
Según explicó, estos productos estimulan la dopamina, lo que favorece los antojos. También apuntó a la manera en que se diseñan: “Las empresas de alimentos trabajan con científicos para encontrar la cantidad justa de azúcar, sal y grasa que hace que uno quiera comer más y más”.
El intestino, un posible puente entre comida y ánimo
La especialista agregó que una de las explicaciones posibles para el vínculo entre ultraprocesados y depresión pasa por lo que describió como un “intestino permeable y desequilibrado”. Según esta idea, los ultraprocesados podrían dañar el revestimiento que protege el intestino.
“Este daño intestinal puede generar una inflamación crónica de bajo grado en todo el cuerpo, que causa directamente la depresión o hace que las personas sean más vulnerables a ella”, sostuvo. Y lo resumió así: “En otras palabras, el procesamiento chatarra puede dañar el intestino de maneras que repercuten hasta el cerebro”.
Cabe aclarar que la depresión es una enfermedad que requiere diagnóstico y acompañamiento profesional, por lo que realizar cambios en la alimentación puede ser beneficioso, pero no reemplaza el tratamiento indicado por un equipo de salud.
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