¿De novios con la IA? Qué ocurre cuando el vínculo está diseñado para complacernos
Hasta hace poco la novedad era que muchos lo usaban como psicólogo, pero ahora la humanidad da un paso más y está en pareja con la IA.
Un humano puede demorar horas en responder un mensaje y eso suele generar reclamos. Pero un chatbot de inteligencia artificial responde al instante. No hay que preguntarle por qué nos dejó esperando, no se ofende, no tiene días malos, no le duele la cabeza y se acuerda de todo lo que le contamos. Y por supuesto: siempre está de acuerdo en que la forma en que hicimos las cosas estuvo bien. ¿Es la pareja soñada o nos perdimos de algo?
La IA generativa hizo que los chatbots dejaran de usarse solo para resolver dudas o alivianar tareas laborales o académicas, y hay ya miles que lo usaban como psicólogo, pero ahora también son muchos los que lo tienen como su compañero, apoyo emocional e incluso, romántico. De hecho, según recuerda un artículo publicado en el sitio The Conversation, la artista española Alicia Framis celebró, en 2024, una ceremonia simbólica de matrimonio con Ailex, un holograma creado mediante inteligencia artificial.
Cuando un chatbot empieza a sentirse como un vínculo
Las personas tienen una gran capacidad para atribuir características humanas a lo que no lo es. Es la llamada antropomorfización que se aplica a múltiples objetos, pero los chatbots actuales, que además conversan, recuerdan información, usan el nombre del usuario y dan respuestas que pueden percibirse como empáticas, han llevado esa costumbre al extremo. Esto vuelve menos clara la frontera entre usar una herramienta y relacionarse con ella.
“Una IA no experimenta enamoramiento porque diga 'te quiero', ni preocupación porque pregunte cómo nos encontramos”, dice Alberto Vargas Guerrero, director y docente del Máster Universitario en Psicología General Sanitaria de la Universidad Europea de Canarias, en el artículo. “Pero eso no convierte en ficticia la experiencia de quien interactúa con ella. La investigación comienza a documentar vínculos que sus usuarios y usuarias describen como emocionalmente significativos e incluso reacciones de tristeza, miedo o ira cuando el agente artificial cambia o desaparece”, agrega.
La paradoja de una pareja diseñada para complacer
Compartir algo íntimo con otra persona implica cierto riesgo: puede no comprendernos, responder mal o directamente no estar disponible y no prestarnos atención. Pero a los chatbots no les pasa eso y, de hecho, según el artículo, esa es una de las características que más valoran las personas que los usan como compañeros.
Foto: Magnific
La ausencia de juicio que los hace diferentes de una pareja humana es uno de los valores más aclamados. Es que los compañeros artificiales funcionan con otra lógica: aprenden preferencias, se les puede definir su apariencia, su personalidad y el tipo de relación. Pero ahí surge una paradoja: cuanto más capaz es una IA de adaptarse a las preferencias de alguien, más se aleja de una relación basada en la reciprocidad entre dos humanos.
“La intimidad no consiste únicamente en sentirnos escuchados, comprendidos, aceptados o deseados. También implica comprender y responder a otra persona, reconociendo que sus sentimientos, decisiones y límites importan incluso cuando no coinciden con los nuestros”, señala el artículo.
De hecho, hasta en la sexualidad esto es clave. No hay que negociar, no hay que preguntar al otro qué le gusta o qué lo hace sentir bien. En la relación con la IA solo importa qué desea el usuario y eso “reduce la necesidad de negociar con un deseo independiente del nuestro”.
Qué pasa con lo íntimo que se le cuenta a un chatbot
Cuando alguien le cuenta a un chatbot una fantasía, una inseguridad o un conflicto de pareja, esa intimidad ocurre dentro de una infraestructura tecnológica gestionada por una empresa, resaltó el artículo. Lo que el sistema recuerda de la persona queda condicionado por servidores, actualizaciones y políticas empresariales, de modo que la vulnerabilidad a la que se expone el “amante” es elevada.
La investigación sobre estas relaciones es todavía reciente y no permite responder con certeza a la pregunta de si un chatbot puede sustituir a una pareja humana, real, indicó el autor.
Una IA puede reproducir experiencias asociadas a la intimidad, como escuchar, recordar lo contado o mostrarse disponible, y las emociones que despierta pueden ser auténticas. Una relación humana contiene, en cambio, otro sujeto que no fue diseñado para uno, con deseos propios, límites y contradicciones. Negociar, ceder y afrontar frustraciones, según el autor, “no son necesariamente imperfecciones de una relación”.
El desafío de las parejas artificiales quizá no sea averiguar si algún día se parecerán lo suficiente a las personas, sino qué podría ocurrir si las personas se acostumbran a relaciones cada vez mejor adaptadas a sus preferencias y luego tienen que relacionarse con personas que no lo están.
Acerca de los comentarios
Hemos reformulado nuestra manera de mostrar comentarios, agregando tecnología de forma de que cada lector pueda decidir qué comentarios se le mostrarán en base a la valoración que tengan estos por parte de la comunidad. AMPLIAREsto es para poder mejorar el intercambio entre los usuarios y que sea un lugar que respete las normas de convivencia.
A su vez, habilitamos la casilla [email protected], para que los lectores puedan reportar comentarios que consideren fuera de lugar y que rompan las normas de convivencia.
Si querés leerlo hacé clic aquí[+]