Hay electrodomésticos que ya no se discuten —como la heladera o el calefón—, y forman parte del esqueleto básico de cualquier casa. Pero más allá de ese “mínimo vital”, existen otros que, sin ser imprescindibles, marcan la diferencia entre una casa funcional y una verdaderamente cómoda. Y una vez que llegan, es difícil volver atrás.
El microondas es uno de ellos. No solo sirve para calentar sobras, sino que habilita una nueva forma de cocinar: rápida, limpia y sin vigilancia constante. El arroz en diez minutos, el chocolate derretido sin ollas que lavar y el mate en segundos son pequeñas victorias cotidianas.
El robot aspiradora —ese disco que se pasea por el living mientras hacés otra cosa— pasó de parecer un lujo a ser una herramienta útil para hogares con poco tiempo y muchas pisadas. No reemplaza una limpieza profunda, pero gana tiempo y mantiene la superficie bajo control.
Foto: Montevideo Portal
La freidora de aire, furor reciente, entró en muchas cocinas por curiosidad y se quedó por conveniencia. Porque no es solo para “papas sin aceite”: descongela, recalienta y cocina todo tipo de alimentos más rápido y con menos olor que un horno.
El purificador de agua también se volvió habitual, sobre todo en zonas donde el gusto o la calidad del agua de la canilla son discutibles. Instalarlo es una inversión modesta con impacto directo en el consumo diario.
Y no hay que subestimar al secador de ropa. En invierno —cuando la humedad manda— puede salvar el día, evitar ese olor a mojado que arruina prendas enteras y acelerar la rotación de ropa sin colgarla en cada rincón del hogar.
Así, sin hacer alarde ni ocupar tanto espacio, estos aliados eléctricos se instalan primero en la rutina y después en la necesidad. Porque cuando falta uno, se nota.