En Perspectiva

Sobra cancha

Uruguayos que construyen estadios para el Mundial 2022 analizan el futuro del Centenario

Jimena Sellanes y José Masena trabajan en la creación de estadios de última generación en Catar, Esta es su visión sobre el histórico recinto montevideano.

17.07.2020 17:00

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2020-07-17T17:00:00
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Por En perspectiva

Se cumplen 90 años de la inauguración del estadio Centenario, un emblema del fútbol uruguayo y un Monumento Histórico del Fútbol Mundial, él único calificado de esa manera por la FIFA (en una resolución de 1983).

El aniversario llega cuando CAFO, la Comisión Administradora del Field Oficial, tiene en marcha una remodelación profunda de ese escenario, a partir de un nuevo modelo de negocios.

En medio de ese proceso conviene mirar hacia fuera: ¿cuáles son hoy las tendencias en el mundo en esa materia? ¿Qué ideas podríamos tener en cuenta?

Sobre eso versó la doble entrevista telemática realizada en el programa En Perspectiva a Jimena Sellanes y José Ignacio Masena, una pareja -en lo sentimental y en lo profesional- radicada en Catar desde hace tres años. Ambos son arquitectos y trabajaron en la remodelación y creación de estadios en el Mundial de 2014 en Brasil. Ahora repiten experiencia de cara al 2022.

"Empezamos con la Copa del Mundo de Brasil, de la mano del arquitecto uruguayo Carlos Arcos, encargado de la remodelación del estadio Arena da Baixada, en Curitiba", cuenta Sellanes. Esas labores insumieron cuatro años, a los que siguió otro período dedicado a los overlays exigidos por la FIFA. En concreto, se denominan overlays a "todas las obras que se hacen una vez que el estadio ya está montado, específicamente para el evento", en este caso el torneo mundial. "Es una obra en si misma", asegura la profesional, detallando que se debe trabajar en importantes pormenores como la tribuna de prensa, las necesidades de la transmisión por radio y TV, la seguridad, y "todos los requerimientos FIFA para el evento".

En ese tipo de obras tiene especial importancia un factor que no siempre es tenido en cuenta por el público, y que se denomina legado.

"El legado es lo que el país sede quiere de ese estadio en particular", una vez pasado el torneo, señala Masena. "En el caso de Curitiba fue muy claro: querían un estadio de 44 mil personas para el equipo local (Club Athletico Paranaense). Se hizo ele estadio para la copa y luego e reformuló para el uso que ellos querían darle, se hizo una readecuación".

En e mismo sentido, Sellanes recuerda que un evento de la magnitud de un mundial "necesita un montón de cosas que otros eventos no ameritan. Incluso en Brasil, donde hay eventos futbolísticos importantes, no hay ninguno que requiera lo mismo que una copa del mundo.

En el mismo caso brasileño hay ejemplos buenos y no tan buenos de planificación de legado. Entre los primeros se encuentran el ya mencionado Arena Curitiba y otros similares, donde los estadios mundialistas se reacondicionaron para el uso del fútbol local. Distinta fue la suerte de recintos como el Arena Manaos, en la Amazonia, donde no juega ningún equipo.

"El mejor ejemplo es Maracaná, que es un mega estadio que se rearmó para la copa del mundo y ninguno de los clubes cariocas lo usa. Juegan en estadios menores porque les sale más económico, y el Maracaná no lo emplea nadie. En un caso como ese, se puede decir que está fallando el legado", agrega el arquitecto.

"En ingles hay un término que se refiere a eso y es el de elefante blanco: ¿Qué hacés con esa mole terrible, inservible, después que el evento pasa? Lo mismo sucede en exposiciones universales y juegos olímpicos, eventos enormes que reúnen mucha gente, con mucha intensidad den poco tiempo. Hay qué pensar bien en cómo y en que se convertirán esos espacios", afirma.

El trabajo en estructuras deportivas para una copa del mundo de fútbol presenta complejidades y retos para los profesionales que trabajan en ellas.

"Para el evento en cuestión se requiere trabajo en muchas áreas", cuenta el profesional. Para dar una idea de ello, apunta que actualmente se encuentra trabajando en el estadio de Lusail , donde está previsto que se dispute la final del torneo. "Tiene capacidad para 80.000 personas y el predio es de un millón de metros cuadrados, es gigante", describe. "Después del mundial se va a fraccionar y se hará un loteo", detalla.

"Lo que más exige es en cuanto a legado y por otro lado las instalaciones temporarias, un poco lo que decía Jimena sobre el overlay. Pero lo fundamental es pensar de buena manera en el legado, qué se quiere hacer después de la copa, y pensar en el mundial como una forma de llegar a ese legado.

Otro reto a tener en cuenta son las crecientes necesidades que plantea la detallada y exhaustiva televisación que se realiza hoy en día en esta clase de torneos.

"Hay que entender que al copa mundial de futbol masculina de mayores es el evento más s televisado del mundo", puntualiza Masena, recordando que desde el mundial de México 86 en adelante "se empezó a pensar en el público que estaba en la tribunas como parte del espectáculo. La gente que está en las gradas sirve de soporte para el espectáculo y puede ser televisada". Además, y dado el alcance las trasmisiones, "la TV lo es todo".

"Los niveles de iluminación que se exigen para un mundial suponen que casi no haya ninguna sombra en el campo de juego", asegura el experto, sin olvidar que la televisación "también condiciona cómo se distribuye el público, porque es lo que la tele muestra. No puede haber lugares vacíos cerca del campo, no tanto por la buena visibilidad que haya desde ellos a la cancha, sino porque aparecen en la tele. Tienen que estar llenos de color y de vida".

"En Brasil, un año antes del mundial nos subieron todas la exigencias de iluminación porque llegaba la tecnología 4k. Ahora los eventos están 8k, en 3D, hay drones y proyecciones holográficas", elementos que "lo cambian todo". Y si bien todavía no se sabe si estos hologramas estarán presentes en el mundial de Catar, "la tecnología está, y no sería raro que se hicieran".

En cuanto a los ya mencionados requerimientos de la FIFA. Señales hace hincapié en que se trata de un factor muy dinámico.

"Cuando se trabajó en los últimos estadios en Uruguay , como el de Peñarol, se habló mucho de los requerimientos FIFA, , pero esos requerimientos van cambiando, porque cambian las tecnologías y también son distintas las culturas en cada lugar. Fifa trabaja con cuadernos que van cambiando, y como el tiempo que lleva construir estas infraestructuras es mayor, siempre se empieza a trabajar con un cuaderno anterior." Eso lleva a la necesidad de ser flexibles y tener previstos cambios sobre la marcha. "Cuando terminó el mundial de Rusia y la FIFA comenzó a mirar hacia Catar, aquí ya se estaba trabajando, y se volvieron a cambiar los cuaderno y hubo un readecuación a las nuevas exigencias", expresa.

"Si hoy hubiera un nuevo Mundial en Brasil, muchos de los estadios que se crearon para 2014 posiblemente ya no cumplirían los nuevos requerimientos". Añade como ejemplo.

Ahora, en Catar, Sellanes y Masena trabajan en el mismo proyecto mundialista, pero en diferentes empresas y con distintas funciones específicas.

Masena se desempeña "en una empresa de gerenciamiento de proyectos que trabaja en la construcción de tres estadios". Uno de ellos es el ya mencionado Lusail, donde se disputará el partido de cierre.

Mi cargo es de Arquitecto Deportivo, especialista en infraestructuras deportivas. Mi función, entre otras, es que el diseño que se está haciendo cumpla con los requisitos de FIFA", dice.

Por su parte, Sellanes trabaja "para una empresa de ingenieros consultores que ganó la licitación para el diseño de los overlay para los ocho estadios", un trabajo que entra en su fase más activa ahora 2con tres de los estadios ya inaugurados y los otros en proceso avanzado".

"Un año antes de la copa empieza todo ese trabajo para el evento en particular. Estamos haciendo el diseño para los ocho estadios", narra.

Masena se detiene luego en las particularidades del Ras Abu Aboud, el primer estadio desmontable del mundo. "Se podría definir como un gran Lego, un mueble de Ikea gigante, o un mecano enorme", cuenta.

"Es una estructura de frame, de pilares y vigas de hierro", encima de la cual se acomodan otras estructuras "formadas básicamente por contenedores". La obra empezó en enero y "ya tiene cuatro tribunas montadas en cuanto a vigas y contendores, y faltan las cuatro esquinas. Va a un ritmo increíble". El arquitecto señala que este novedoso estadio es un buen ejemplo del ya mencionado concepto de legado.

"Como Doha (capital de Catar y sede de todos los partidos) no necesitaba tantos estadios grandes, el legado es desmontarlo y trasladarlo a otro punto de Catar o a otro país", en ese sentido destaca la versatilidad de esa estructura de quita y pon. "Puede hacerse más grande o chico, y si se usan sólo sus esquinas puede hacerse una cancha de tenis", asegura.

"Todo está etiquetado con números y códigos QR, y direccionado para que se pueda ensamblar de nuevo. Hay muchos ejemplos de edificios desmontables, pero este es el primer estadio", enfatiza.

El futuro de un monumento

En una segunda parte del reportaje, el periodista Emiliano Cotelo interrogó a los arquitectos acerca de su opinión sobre el Estadio Centenario, cuyo futuro ha sido puesto en cuestión últimamente. En la actualidad es poco usado por los equipos de fútbol local, y desde CAFO (entidad que lo administra) entienden que se impone pensar en un nuevo modelo de negocios para el histórico escenario deportivo.

En ese punto, Cotelo quis saber si los entrevistados optarían por la demolición lisa y llana -preservando la Torre de los Homenajes como monumento- o si sería preferible -y viable- una profunda reestructura. En rigor, ninguno de los profesionales dio respuesta directa a esa pregunta, pero ambos aportaron valiosas consideraciones al tema.

"Creo que lo primero es definir cuál es el legado del Centenario", comenzó Sellanes, definición que va atada necesariamente al hecho de "si Uruguay va a ser o no sede del mundial de 2030". En caso afirmativo, "se abriría otro debate acerca de qué infraestructuras se necesitarían para albergar un evento de ese tipo".

"Entiendo que en realidad, lo primero que tendría que definir la sociedad uruguaya y los actores involucrados en las decisiones es qué se quiere del estadio y qué se quiere para después, más allá de lo que se haga en 2030. En ese sentido, una vez definido eso, ver si la idea es que eso sea rentable económicamente. No siempre ese tipo de inversión es algo que se pueda recuperar en dinero en un determinado tiempo. Tiene otras connotaciones, cómo que significa una estructura como esa en una ciudad, y lo que significa en particular el Estadio Centenario". Sólo habiendo hecho tales definiciones, será momento de avanzar " a ver cómo se llega a lo propuesto".

A su turno, Marsena concuerda con su colega y añade que "la expresión ‘estadio FIFA' suena muy fuerte pero no significa nada. El Charrúa fue hace poco estadio FIFA, albergó la copa femenina mundial sub 17 y eso no quiere decir que pueda albergar el mundial. El propio Centenario fue estadio FIFA en 1930, con otros requisitos".

"Si apuntamos a hacer que sea sede de la copa del mundo, en la apertura o la final, hoy FIFA exige capacidad para 80.000 personas más la prensa y los VIP, y el Centenario es para 60.000 , más la prensa los vip. Esto lleva a la misma interrogante planteada en otros países ante similares retos "¿Queremos como sociedad un estadio de 90.000 personas para jugar cuatro partidos al año? eso es lo que tiene que discutir el país", asevera.

En caso de optar por una remodelación para lograr que el antiguo recinto cumpla con las exigencias mundialistas, sin duda habría mucho por hacer.

"Desde el punto de vista de vestuarios, por ejemplo, hay que cambiar", señala el arquitecto. Indicando otras modificaciones como el modo en que los jugadores entran hoy a la cancha, saliendo de dos túneles separados "cuando hoy se espera que lo hagan juntos". Por otra parte, hoy se trabaja con "estadios de cercanía", donde el público esta muy cerca de la cancha, algo que no sucede con la actual disposición del Centenario.

Para Sellanes, "uno de los requerimientos que quizá sea de los mas difíciles de conseguir es el de la visibilidad". En ese aspecto, explica que en los estadios que se construyen hoy son "más verticales , al estilo de La Bombonera, y no explayados, como el Centenario".

"En Maracaná y en Beira Rio se tiraron abajo tribunas y se hicieron de nuevo", acota Marsena, añadiendo que "hoy la FIFA no desea estadios con pista de atletismo alrededor, porque quiere que el público esté al lado de la cancha, porque así puede gritar más, sale mejor el sonido en la TV , mejora la imagen, y se genera más lindo ambiente".

Demás, ambos coinciden en que una copa del mundo no sólo supone construir o transformar estadios, sino que es algo que afecta a toda la ciudad donde hay una sede, desde el tránsito asta los alojamientos y la capacidad hotelera. De hecho, Sellanes señala que, en el caso del mundial de 2014, los estadios supusieron "entre un 15 y un 20 por ciento e lo presupuestado" para la organización del evento.

"El resto se destinó a infraestructuras de ciudad, aeropuertos, puertos, eventos paralelos de FIFA, merchandasing, y otros ítems. Un estadio es una gota dentro del océano del verdadero costo", sostiene.