En Perspectiva

La culpa, ¿es de las vacas?

El rol y ejemplo de Uruguay en la reducción de la huella de metano a nivel mundial

El vicepresidente del INIA y doctor en Ciencias Ambientales, Walter Baethgen, habló sobre lo que significa el acuerdo firmado en la COP26.

06.11.2021 03:23

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2021-11-06T03:23:00
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Por En perspectiva

Esta semana, en la COP26, la cumbre de las Naciones Unidas sobre el cambio climático que viene realizándose en Glasgow (Escocia), Uruguay y otros 100 países firmaron un compromiso para reducir en un 30 % las emisiones de gas metano de todo el planeta para el año 2030.

A efectos de disminuir la presencia de este gas en la atmósfera el foco esta puesto más bien en el sector energético, principalmente en la producción de combustibles fósiles, sin embargo también pueden hacer contribuciones importantes desde la actividad agropecuaria, el principal rubro de exportación de Uruguay.

Sobre este tema conversó este jueves el conductor de En Perspectiva, Emiliano Cotelo con Walter Baethgen, ingeniero agrónomo, doctor en ciencias ambientales, vicepresidente del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y director del Programa para América Latina y el Caribe del Instituto de Investigación para el Clima y la Sociedad de la Universidad de Columbia (Estados Unidos).}

Baethgen comenzó explicando las diferencias del impacto de la emisión del gas metano con la vedette de los gases de efecto invernadero, el dióxido de carbono (CO2). Según aclaró, cuando uno estudia el potencial de calentamiento de cualquier gas, lo hace en referencia al CO2, que tiene un “potencial de calentamiento 1”. En comparación, el metano tiene un potencial casi 30 veces mayor para calentar la atmósfera. La diferencia, explicó, radica en que mientras el CO2 tiene una “vida útil” de 1000 años —es decir, que queda en la atmósfera todo ese tiempo— el metano tiene una permanencia de entre 10 y 15 años. “Hoy estamos sufriendo efectos de dióxido de carbono emitido a principios de la revolución industrial”, ilustró el experto, que dijo que mientras que, en un escenario hipotético en el que se reduzcan a cero las emisiones de carbono se continuaría sufriendo la inercia de esa “vida útil tan larga”, en otro panorama ficticio en el que se reduzcan los valores de metano liberado a la atmósfera a un valor nulo, “inmediatamente” se enfría la temperatura global.

“No es como el dióxido de carbono que tengo que esperar esos cientos de años para que vaya bajando la cantidad en la atmósfera, en el metano rápidamente va disminuyendo, entonces, si uno logra bajar las emisiones netas de metano, va a tener un impacto en la temperatura del mundo inmediato”, sostuvo.

Baethgen categorizó de “buena noticia” el cambio de perspectiva actual que abrió el panorama enfocándose en la eliminación de la emisión de metano, cuando la comunidad científica y política internacional estaba, desde los años 70, enfocada en la emisión de los clorofluorocarbonos (CFC), famosos por dañar la capa de ozono. “La comunidad científica, yo creo que con gran acierto, dijo, lo fundamental es que bajemos el dióxido de carbono, pero inmediato y para tener un impacto inmediato, bajemos el metano”, dijo.

Sin embargo, el vicepresidente del INIA sostuvo que en ese momento, su preocupación fue que en países como Uruguay eso se interpretara de forma tal de decir “lo que tenemos que hacer es eliminar a las vacas” dado que la producción ganadera significa el 70 % de las emisiones de metano del país.

“Es como si yo dijera, le voy a echar la culpa de una cantidad de cosas a los autos. Ahora, ¿de qué autos estamos hablando? ¿Estamos hablando de un auto que da cuatro kilómetros por litro? ¿de un hibrido que da 30 kilómetros por litro? ¿o de un eléctrico que no tiene ninguna emisión? Decir que la culpa la tienen los autos es totalmente irrelevante, no quiere decir nada. Decir que la culpa la tiene la producción ganadera es igual que decir que la culpa la tienen los autos”, ilustró.

“Hay en el mundo sistemas de producción tan distintos. Hay sistemas que llegan a un bosque tropical, pasa un bulldozer, lo prende fuego, liberan una cantidad de carbono que antes no estaba en la atmósfera, después plantan una pastura y producen carne. Eso, contrarrestado con lo que hay en las pampas —(de donde viene) el 90 % de la carne del Uruguay— que son ecosistemas que hace por lo menos ocho millones de años que tienen herbívoros grandes pastando y que si uno los saca las pasturas se degradan”, ahondó el científico.

Baethgen sostuvo que el principal foco para la reducción de la emisión de metano tiene que ser en el área de la producción de combustibles fósiles. “Reducir 30% las emisiones de metano hoy tiene costo negativo. O sea, las empresas de combustibles fósiles, gas natural y petróleo, sin contar carbón, sólo gas natural y petróleo, si logran parar las pérdidas de metano que hoy están tirando a la atmósfera y que para ellos es un desperdicio, en vez de vender ese gas como gas natural, lo están dejando escapar a la atmósfera. Si son capaces de capturar ese gas y venderlo, agregarlo a sus ventas como combustible, ganan dinero, o sea, reducir la emisión neta al 30% del metano hoy, es una ganancia para las industrias, las industrias de combustible fósil”, expresó.

“La excusa entre comillas que ponen esas empresas es que es muy difícil detectar las fugas, porque viste, el metano es incoloro, inodoro”, dijo, pero aseguró que “esa excusa se acaba este año”, porque se van a lanzar satélites con instrumentos capaces de detectar pérdidas de metano a muy alta resolución, pudiendo realizar un seguimiento casi perfecto.

Foto: En Perspectiva

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El doctor en ciencias ambientales comparó a China, uno de los países que rechazaron firmar el acuerdo realizado en la COP26, con Uruguay, y dijo que, para tener una idea del tamaño de emisión de metano de ambos países, hay que tener en cuenta que sólo la industria de las minas de carbón en el país asiático representa una liberación de ese gas 32 veces mayor a la emisión neta de todo nuestro país. “Entonces si realmente China, India, Rusia, no se sientan a negociar, a tomar acciones inmediatas, estaríamos en problemas”, aseguró.

Consultado sobre si no sería más real adaptar los números a la emisión per cápita, expresó: “El tema del calentamiento global y las emisiones de gas invernadero es un tema planetario, incluso si Uruguay tuviera 20 millones de personas y las emisiones fueran las mismas que tenemos hoy en terminos absolutos, lo que le importa al planeta es que estamos mandando 700 gigagramos de metano, no importa si son 3 por persona o 10 por persona”.

El vicepresidente del INIA recalcó que el principal problema en la materia es la generación de energía, área en la que Uruguay se destaca positivamente. “Uruguay tiene una matríz energética ejemplar. Prácticamente el 100% de la electricidad se genera con energía renovable”, manifestó y dijo que por esto el país no tiene “un gran potencial de reducir metano de combustibles fósiles, porque la matriz energética es brutal”.

Dijo que la obligación de Uruguay en el juego de la reducción de emisión de gases de efecto invernadero es “salir a levantar un poco el perfil y mostrarse al mundo”, así decir “miren lo que es nuestra matriz energética”.

Aseguró que la respuesta, contrario al creer popular, no está en la ganadería. “Es importante que la gente entienda que reducir metano, ese compromiso de reducir metano en un 30% hoy no tiene nada que ver con ningún rumiante, hoy claramente el mensaje es para los combustibles fósiles y las minas de carbón”.

El experto explicó que a diferencia de la ganadería en praderas y pasturas naturales, el impacto de las industrias fósiles radica en que pusieron en la atmósfera “carbono nuevo”.

“Sacó carbono de que estaba enterrado por millones de años, que nunca estuvo en la atmósfera y lo empezó a inyectar. (…) Es un carbono que no estaba, un dióxido de carbono que no estaba, un metano que no estaba (…) entonces un equilibrio de carbono que había en el mundo por millones, centenares de miles de años se empieza a desequilibrar”, aseveró.

“Hace ocho millones de años, hace cinco millones, hace diez mil años, en estas pampas habían herbívoros comiendo pasto”, dijo explicando que ese procesos se da de forma similar hasta el día de hoy, generando un ciclo en el que el carbono “es el mismo que esta dando vueltas”.

Baethgen ahondó además en los procesos por los cuales los animales rumiantes producen metano, como producto del consumo de fibra de celulosa que hay en el pasto y dijo que a mayor crecimiento de ese pasto de consumo, mayor cantidad de fibra en el alimento del ganado y por tanto, más metano. Es por esto que expresó que una de las formas que tiene el Uruguay —en las que, dijo, ya se está trabajando— es en la regulación y cuidado de las pasturas de consumo, para frenar que la vaca consuma pasto que le haga generar más metano.

“Nosotros además tenemos que sentirnos orgullosos que el 90% de la carne del Uruguay, de la ganadería del Uruguay, se produce en ese ecosistema natural que mantenemos; no es que estamos entrando con maquinaria, rompiendo todo el ecosistema y plantando pasturas nuevas”, manifestó el jerarca del INIA.