
El fallecimiento del papa Francisco el lunes a los 88 años marcó el final de un pontificado que dejó una impronta muy particular en la Iglesia Católica. El primer papa latinoamericano murió en la residencia de Santa Marta, tras haber encabezado su última bendición Urbi et Orbi el día anterior, en medio de una frágil condición de salud.
En entrevista con En perspectiva, el cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, aseguró que el legado de Francisco “abrió puertas que estaban cerradas”. A pocos días de viajar a Roma para asistir al funeral, destacó que “muchos se sintieron acogidos por primera vez” gracias a su estilo pastoral. “Francisco marcó una Iglesia más cercana, con un papa que abrazaba a los excluidos, que ponía a los pobres en el centro y que hablaba con gestos y no solo con documentos”, afirmó.
Sturla recordó que Francisco fue quien lo nombró arzobispo en 2014 y cardenal en 2015, algo que consideró un gesto de afecto hacia la Iglesia uruguaya. “Fue sorpresivo. Él no me nombró cardenal por mi destaque en esos diez meses, sino como testimonio de amor a esta Iglesia que hacía décadas no tenía cardenal”, señaló.
En cuanto a su impacto global, Sturla sostuvo que el estilo latinoamericano de Francisco transformó la dinámica vaticana. “Desde que eligió vivir en Santa Marta y no en el Palacio Apostólico, ya mostró otra forma. Más sencilla, más cercana, más horizontal”, dijo. “Sus gestos tenían más peso que sus discursos. Cuando lavó los pies de presos o visitó a los pobres, eso llegó más que cualquier encíclica”.
Consultado sobre la dimensión doctrinal del papado, Sturla fue categórico: “Francisco no cambió la doctrina, cambió la pastoral”. Resaltó que la función principal del papa es confirmar la fe de los católicos, y que la doctrina —como contenido recibido del Evangelio y la tradición— “no puede ser alterada por ningún pontífice”.
“Lo que sí hizo Francisco fue cambiar la forma de comunicar esa fe”, explicó. “Acercarse al que sufre, al que está herido. Ser ese ‘hospital de campaña’ que él mismo describía. Esa imagen de una Iglesia que recibe al caído tal como está, sin preguntar nada, es uno de sus mayores aportes”.
Sobre las frases más recordadas del papa, como el “¿quién soy yo para juzgar?” ante la homosexualidad, Sturla señaló que fueron interpretadas como rupturas, pero en realidad “iban en línea con el Catecismo de la Iglesia Católica de 1993, que ya hablaba de no discriminar”. Según explicó, lo novedoso fue la fuerza pastoral con la que Francisco lo expresó.
El cardenal también valoró la posición firme de Francisco frente a las guerras y la violencia. “Hasta sus últimos días llamó todos los días al párroco argentino de Gaza. Fue una forma muy fuerte de acompañar desde lo cotidiano”, relató. “Juan Pablo II también se opuso a las guerras en Irak. Pero Francisco lo hizo en medio de un mundo mucho más fragmentado”.
En cuanto a la figura del papa en clave política o ideológica, Sturla dijo que Francisco no fue ni un progresista disfrazado ni un conservador estratégico. “Fue católico. Podrá gustar más o menos su estilo, pero la doctrina fue católica, y su estilo permitió que mucha gente se sintiera parte por primera vez”.
Para Sturla, ese será el mayor legado de Francisco: “Una Iglesia en salida, con un papa que abrazó a las periferias y puso la dignidad humana por encima de toda etiqueta”.
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