Usain Bolt les dio la razón a los pronósticos y volvió a hacer historia, esta vez en Moscú. En la final de los Mundiales de la capital rusa aplastó a sus rivales en los 100 metros, aunque tuvo que apretar el acelerador a fondo porque no tuvo una gran salida en la lluviosa noche moscovita.
El plusmarquista jamaiquino, campeón olímpico en esta especialidad en los últimos dos Juegos Olímpicos, se adueñó de la carrera pasados los 50 metros y paró el cronómetro en 9.75 (mejor marca del año). Por detrás, el estadounidense Justin Gatlin (9.85) y el jamaiquino Nesta Carter (9.95).
Bolt no llegaba a la final con el mejor tiempo, dado que apenas se exigió en las dos fases anteriores. Su registro en semifinales fue de 9.92, dos centésimas más que su compatriota Nickel Ashmeade, el mejor de los ocho hasta antes de la final.
Al mejor velocista de todos los tiempos no le alcanzó para llegar a la línea de meta casi al trote, como si ha hecho en otras oportunidades, y ahora va por más.
Ésta, la de los 100 metros, fue la primera de tres medallas que puede ganar en Moscú, y si concreta las otras dos (200 metros y 4x100) se convertirá en el atleta más laureado de la historia de los Mundiales, igualando las ocho de oro y 10 en total de Carl Lewis.
Las probabilidades de que gane las otras dos, son altísimas. Los 200 metros son "mi especialidad", según ha declarado el multicampeón en reiteradas ocasiones, y en los relevos sólo la caída del testigo podría quitarles la victoria a los jamaiquinos, que ocuparon cuatro de los mejores cinco puestos en la final de los 100 y que no tendrán problemas para disimular las bajas de Blake y Powell (dos de los que le podían pelear los 100 metros a Bolt) por lesión y suspensión respectivamente.