Por Gonzalo de León
@GonzaaDeLeon19
Con el inicio de la Copa del Mundo se reabrió un viejo dilema: ¿Países Bajos u Holanda? Muchos crecimos diciéndole de la segunda forma al país europeo, pero con el tiempo nos tuvimos que acostumbrar a decirle de la primera. ¿A qué se debe?
La realidad es que el nombre oficial es Países Bajos, que está dado porque casi el 30% del territorio se encuentra bajo el nivel del mar. Holanda septentrional (donde está Ámsterdam) y Holanda meridional (donde están Róterdam y La Haya) son las regiones más influyentes y relevantes del país, por lo que empezaron a decirle de esa forma.
A partir de la década del setenta, cuando la nación se hizo más famosa por el fútbol, el gobierno fomentó el uso de “Holanda” como estrategia de marketing turístico, pero el 1° de enero de 2020 eso cambió y se debe usar exclusivamente el nombre Países Bajos.
Pero sea Países Bajos o sea Holanda, en su territorio tiene, por supuesto, uruguayos viviendo, y uno de ellos es el futbolista protagonista de la historia de hoy: Tomás Echevarría.
Este delantero de 25 años, oriundo de Ciudad de la Costa, comenzó a jugar desde muy niño en City Park, de la Liga Interbalnearia, antes de pasar a las juveniles de Wanderers y Miramar Misiones, donde estuvo “un tiempito”.
“En Uruguay es más complicado. Por lo general, en inferiores juega la gente más grande, la gente que está bien físicamente. Yo me desarrollé muy tarde y eso me hizo complicado jugar”, recordó en diálogo con FútbolUy.
“No jugaba mucho por mi tamaño y en sub-16 dejé de jugar al fútbol. Hice un proceso para irme a estudiar a Estados Unidos con una beca deportiva y jugar al fútbol ahí”, contó.
Tomás viajó a Ohio para estudiar Administración de Empresas en la University of Northwestern Ohio. Estuvo cuatro años estudiando allí y jugando al fútbol en el equipo universitario; luego estuvo un año en Ladson, en Carolina del Sur. Hizo un máster en gestión y liderazgo.
“En Estados Unidos, a los que están dedicados al fútbol los tratan como profesionales. Yo estaba en un lugar en el que el fútbol era bastante bueno y competitivo”, expresó.
Tomás Echevarría jugando en University of Northwestern Ohio. Foto: Instagram @tomas_echevarria7
Y agregó: “Estados Unidos es un lugar donde el deporte se premia mucho. Depende de dónde, cómo es el nivel. Hay universidades en las que el nivel es medio mediocre y no tienen mucho presupuesto, porque se basa mucho en el presupuesto de la universidad”.
Pero “en lugares en donde la universidad tiene un buen presupuesto, el equipo de fútbol es importante, entonces le dan más dinero al entrenador”. Esas universidades no suelen tener estadounidenses: “Son siempre brasileños que jugaron en algún lugar, españoles, franceses, gente de Sudamérica”.
La diferencia entre el fútbol universitario de Estados Unidos y el juvenil uruguayo pasa “por un lado mental y en el hambre”. En Uruguay “la gente se deja la vida jugando al fútbol, muchos juegan por un plato de comida, y allá lo toman como un deporte, como tal”.
“Y con respecto al fútbol como tal, lo que tiene allá es que es mucho más físico. Porque acá la gente juega por talento y allá es todo entrenamiento. Te matan a entrenamientos en las pretemporadas, unas tres veces por día. Te controlan la comida, el peso, el gimnasio. Y eso para nosotros los sudamericanos es algo a lo que no estamos acostumbrados, pero te fortalece mucho”, destacó.
Atrás del amor
En Estados Unidos conoció a su pareja, quien es oriunda de Países Bajos, donde vive actualmente.
“Me encanta Uruguay y siempre va a ser mi lugar, pero como vida quería plantearme la posibilidad, ahora de joven, de seguir viajando, de poder ir a otro lugar, de vivir diferentes experiencias”, indicó sobre el hecho de seguir viviendo en el exterior al terminar los estudios.
“Me estaba planteando quizás ir a España porque tenía familia, porque quería seguir jugando al fútbol en algún otro lugar. No quería ir a Uruguay, ir a la liga universitaria o algo así, y al conocer a mi novia empezamos a armar planes y fuimos puliendo la idea de ir a Holanda”, explicó.
Al llegar a Países Bajos sintió “un choque cultural”, porque la gente allí es “más fría”: “Estuve un mes en un equipo y nadie, en ningún momento, me preguntó mi nombre, a nadie le interesó saber nada, nadie me hablaba”.
“Pero conocí un italiano que estaba jugando ahí, que más o menos vivía algo parecido, y nos hicimos amigos. Me dijo: ‘Me voy a cambiar de equipo, ¿por qué no venís conmigo a hacer las pruebas?’ Y ahí terminé cambiando a un equipo que era un poco más abierto”.
En las pruebas hizo “dos o tres goles” y “el entrenador enseguida me dijo medio en inglés, como podía, que le gustaba mucho como jugaba y que me quedara ”. “Por suerte, estaba mi novia y le dijo que quería que yo siguiera yendo”. Es así como llegó al Groen Wit, de la Quinta División.
Sin embargo, “hasta el día de hoy me sigue pasando que voy a las prácticas y explican los ejercicios en holandés y no sé ni qué están diciendo”. Pero “estoy tomando clases de holandés para adaptarme al idioma, que es muy complicado”, señaló.
Tomás Echevarría jugando en el Groen Wit de Países Bajos. Foto: Cedida a FútbolUy
Con respecto a cómo lleva el entendimiento con el equipo, explicó: “Más o menos veo lo que hacen y por los gestos trato de entender el fútbol como deporte universal. Lo bueno de entender también es que estoy concentrado en mí, no tengo tiempo para escuchar qué está pasando afuera; eso también es un lado positivo, que nunca lo conocería si conociese el idioma al 100%”.
“Llegué a mitad de temporada. Mi equipo estaba yendo más o menos. Y la casualidad es que, cuando llegué yo, no se empezó a ver mejor”, dijo, y habló del nivel de la liga: “Hay gente más tosca, pero no se nota tanto porque todos tienen muy buen físico, son muy altos y les enseñan a jugar un sistema más europeo; son muy tácticos”.
En el club, que es de la ciudad de Breda, “la infraestructura está más o menos” porque “es un club muy de barrio que de alguna manera o de otra terminó ascendiendo mucho”. “No paga, pero sí, por ejemplo, a mí me cubren todos los gastos”, comentó.
“Hay muchos hinchas, más que en Uruguay en las ligas menores, pero no son tan pasionales, la gente va y observa el espectáculo tomando una cerveza; no hay tanto griterío ni escándalo”, aseguró.
“De momento” no ha podido ejercer la profesión que estudió porque está tramitando el pasaporte español para quedarse como residente permanente. “Estoy con la visa Working Holiday, que te limita en cuanto a lo que es trabajo y permanecer acá”, explicó.
“Es una visa que me deja quedarme acá un año y medio, pero no me permite trabajar más de ciertas horas o cierta cantidad. Me limita mucho para el rubro en el que yo quiero trabajar”, continuó.
“Hice trabajos puntuales, algo que se llama freelance, que es como si vos tuvieras tu compañía y agarrás trabajos de diferentes empresas haciendo mi propio horario con diferentes compañías”, contó.
Tomás Echevarría jugando en University of Northwestern Ohio. Foto: Instagram @tomas_echevarria7
Ante el caso hipotético de dedicarse al fútbol o a la profesión que estudió, dijo: “Ese es un dilema que tengo. Tengo muchas ganas de, si se me presenta algo con el fútbol, seguir creciendo, aunque también, por otro lado, no quiero dejar de lado algún laburo importante, por lo que mi prioridad ahora es, si encuentro un equipo que me beneficie y de verdad pueda encontrar algún buen fruto, seguramente haga el cambio”.
Sobre Breda, la ciudad en la que vive, comentó que “es muy linda, limpia, y la gente se maneja mucho en bicicleta, por lo cual está bastante bueno porque todo está bastante cerca”.
Desde que terminó el liceo, Tomás vive en el extranjero, lo que le ha implicado estar lejos de su familia y amigos, de lo cual también habló: “No te digo que duele porque puede ser muy exagerado, pero no está bueno. Estoy acostumbrado a estar más tiempo solo, he sabido desarrollarlo; igual mantengo contacto, están al tanto de todo lo que me está pasando”.
“Uruguay siempre va a ser mi lugar”, dijo anteriormente en esta entrevista, pero ¿volvería? “Sería una posibilidad, pero es un plan muy a largo plazo que aún no he llegado a pensar porque me fui hace muy poco y todavía quiero descubrir un poco más acá”.
“Probablemente tenga más oportunidades acá, es posible que juegue en un equipo de Segunda o Tercera y que me paguen. Siento que acá me van a brindar más oportunidades y tengo más visibilidad”, expresó.
Para cerrar, dijo que “por supuesto” que les recomendaría a los futbolistas uruguayos ir a jugar donde él lo hizo: “Siempre les digo a mis amigos. Son muchos más beneficios que estar en Uruguay, que recién nos estamos desarrollando con eso y es mucho más complicado”.
“Hay un montón de talento para explotar en Uruguay, pero nos gusta quedarnos por el miedo a salir”, concluyó.
Por Gonzalo de León
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