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Fútbol Internacional
Los caminos de la vida #45

Tiene “una ensalada” de nacionalidades y jugó en países paradisíacos: Nahuel Arrarte

Nació en Argentina, su padre es uruguayo, Australia lo acogió y se enamoró de Fiyi y Filipinas por el fútbol. Su familia no se queda atrás.

19.09.2026 08:30

Lectura: 10'

2026-09-19T08:30:00-03:00
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Por Gonzalo de León

El mundo de hoy está cada vez más globalizado. Es muy común ver a personas irse a vivir de un país a otro y, gracias a eso, obtener diferentes ciudadanías hasta el punto de que se formen grandes comunidades de una cultura en particular.

Australia es uno de los destinos predilectos por el estilo de vida que ofrece. La comunidad latina allí es enorme desde hace mucho tiempo y va a más. Miles de uruguayos se han marchado a ese país y conviven con locales y otros extranjeros.

Pero no solo hay uruguayos-australianos, sino también argentinos-australianos, asiáticos y… argentinos-uruguayos-australianos. Sí, hasta tres ciudadanías. O más, incluso. Ese es el caso del protagonista de la historia de hoy. Él es Nahuel Arrarte.

Por primera vez en “los caminos de la vida” hablamos con un futbolista ya retirado, pero su historia es tan particular que no podíamos dejarla pasar. Nació hace 45 años en Adrogué, Buenos Aires, pero su padre es uruguayo, oriundo de Salto y quien “cruzó el charco a los 16 años con su familia”.

Su relación con el fútbol comenzó desde niño en Argentina, antes de mudarse a Australia a los ocho años. “Me acuerdo de que no hablaba nada de inglés, iba al colegio y era todo tan diferente a lo que era en Argentina. Lo que me salvó fue integrarme con el tema de que jugábamos al fútbol”, recordó a FútbolUy.

Hoy en día sigue viviendo en Australia y “disfrutando de los asados”, pero también del mate, aunque con una salvedad: “Mi viejo toma mate todos los días, yo tomo, pero no tanto como él”.

“Hoy en día el mate es mucho más común, pero cuando llegamos a Australia me acuerdo de que los miraban a mis padres cuando tomaban mate. Era como algo raro. Mantuvieron esas cosas, 37 años después es bastante común ver gente tomando mate”, relató.

Destacó la presencia sudamericana en aquel país: “En Sídney hay un club al que le dicen “el club uruguayo” y en la zona sudoeste hay unos cuantos latinos y sudamericanos, y muchos usan “el club uruguayo” como un punto para ir a comer o hacer fiestas”. Además, “hace un par de años vino Peñarol [en 2002, victorias 6-1 contra Wollongong Wolves y 3-1 ante Marconi Stallions]”.

Nahuel Arrarte jugando en Marconi Stallions de Australia. Foto: Illawarra Mercury

Nahuel Arrarte jugando en Marconi Stallions de Australia. Foto: Illawarra Mercury

Justamente, el Carbonero jugó contra el equipo en el que él se formó: Marconi. Allí estuvo hasta los 17 años, cuando volvió a Argentina para jugar en Boca Juniors, pero “las cosas no se dieron” y un año más tarde regresó a Australia, donde inició su camino en la Primera División en Sydney United y Wollongong Wolves.

Tras varios años jugando en el gigante oceánico, en 2007 le llegó una oportunidad de irse a Malasia para jugar en el Johor DT; se dio a través del “contacto de un muchacho que había jugado ahí”.

Nahuel la recordó como “una experiencia muy linda” que “culturalmente” le “abrió mucho los ojos, porque es totalmente diferente a lo que uno está acostumbrado”. “Fue crecer mucho como persona cuando te dan la oportunidad de ver y aprender de otras culturas, no solamente en la cancha”, añadió.

En relación con el cambio cultural, señaló: “Es un país musulmán, rezan cinco veces al día y tienen los parlantes, que cuando empiezan a rezar pueden ser las cuatro y media de la mañana y empiezan los parlantes con las oraciones; o estar en medio de un entrenamiento pasando la pelota y de repente era tiempo para rezar; eso fue algo a lo que había que acostumbrarse. La comida también, porque comen cosas a las que uno no está acostumbrado: al desayunar, por ejemplo, comen arroz”.

“Son fanáticos del fútbol”, pero “era difícil” jugar allí porque había “mucho calor y humedad, y era más lento”: “La demanda física era diferente porque la humedad y el calor era muy diferente a lo que uno está acostumbrado aquí en Australia, acá es un calor más seco y la humedad no llega a lo que llega allá. La calidad de las canchas no era las mejores, y más cuando empieza a llover, que se empieza a crear más barro. Los estadios eran más viejos”.

En 2008 regresó a Australia y para ese entonces ya estaba creada la A-League que conocemos hoy en día. “Decidí empezar a jugar en lo que vendría a ser la Segunda División, porque me convenía mucho más jugar ahí y trabajar que seguir con el tema del fútbol profesional”, dijo.

Mientras vendía ropa deportiva, jugó para Sutherland y nuevamente para Marconi Stallions, hasta que en 2010 le llegó una oportunidad muy particular: jugar en el Lautoka FC de Fiyi.

“Un día recibí una llamada de un fiyiano que vivía en Australia. No lo conocía, no sé de dónde había agarrado mi número de teléfono, me llamó y yo pensé que era una joda. Me acuerdo de que iba a tomar café a un lugar y le dije que si era en serio lo encontraba ahí, y apareció el loco este. Me dijo ‘este es el plan’, ‘esto es lo que queremos’, ‘te estuvimos mirando’. Yo no sabía nada del fútbol fiyiano. Ahí surgió, arreglamos un pequeño contrato”, contó.

La particularidad es que lo contrataron solamente para jugar la Champions de Oceanía: “Jugué siete u ocho partidos. Fiyi está a cuatro horas de acá. Era viajar el viernes, descansar el sábado, jugar el domingo y volver el lunes”, relató.

Nahuel Arrarte como ayudante en Central Coast Mariners de Australia. Foto: Instagram @nahuelarrarte

Nahuel Arrarte como ayudante en Central Coast Mariners de Australia. Foto: Instagram @nahuelarrarte

“Fue una experiencia bastante rara y linda porque era cuando terminaba la temporada en Australia”, mencionó, y agregó: “Ver el fútbol y la pasión en esos países, que uno ni se imagina que puede haber gente jugando al fútbol. Fue algo que voy a recordar siempre. No parecía verdad ir a jugar a las islas Salomón y que hubiera 16.000 personas al llegar, gente arriba de los árboles tratando de ver el partido, masticando lo que llaman pituna, que les dejan la boca toda roja”.

Sobre por qué no irse a vivir a Fiyi durante la competición, explicó: “No podía dejar de trabajar, entonces me mantenía entrenando aquí, y ellos estaban de acuerdo con que podía hacer eso. Perdía dos días de trabajo en lugar de perder seis o siete semanas. Para probar la experiencia fui y lo hice; iba, jugaba y me lo bancaba físicamente”.

Conoció “un poquito” de Fiyi, que es “como cualquier isla”: “Tiene playas muy lindas. Pero cuando uno va con el fútbol, está enfocado en hacer las cosas bien, entonces vas al aeropuerto, hotel y la cancha”.

“Hay jugadores con mucha habilidad y potrero. Juegan descalzos y por cualquier lado”, pero “no hay fútbol profesional y les cuesta dar el paso al siguiente nivel”. “Las canchas no son las mejores y en las temporadas que llueve mucho, se hace más difícil”, señaló.

En Australia seguía jugando para Marconi Stallions, que compite en la liga de Nueva Gales del Sur de la National Premier Leagues, una especie de Segunda División, pero sin ascensos. Hasta que, en 2013, con 33 años, se lesionó en la rodilla y decidió retirarse para comenzar su carrera como entrenador.

El fútbol australiano “empezó a ser más profesional recién en el 2006, antes la mayoría jugaba y tenía que trabajar”: “En 1997, 1998, empezaron a haber un par de clubes que teóricamente eran profesionales, pero no. Había mucha diferencia con Argentina o Europa; muchos jugadores vinieron a Australia por el estilo de vida”.

“Tengo la suerte de hablar con jugadores que actualmente siguen jugando en Australia, como Bruno Fornaroli, y capaz que el tema económico hoy en día no es lo que puede ser un país europeo, pero el estilo de vida que se vive aquí… Es un país con mucha seguridad, muy tranquilo y con muchas oportunidades. Mucha gente viene para un cambio de vida que, por ahí, no se puede hacer en otros países como jugador de fútbol. No es todo el tema económico”, indicó.

“En la Primera o Segunda, es un fútbol que a veces no es muy vistoso. Hay jugadores que tienen mucha capacidad y hoy día en la selección es básicamente lo que se ve, pero son ligas muy difíciles de jugar. Es un fútbol de mucha transición, muy físico, no hay muchas pausas, entonces se complica porque es una demanda física bastante grande para poder jugar y sobresalir”, analizó.

En cuanto a la infraestructura, reveló: “En el Western Sydney Wanderers de la A-League, donde estaba trabajando [como ayudante técnico], es muy buena. Tiene ocho canchas de césped y gimnasio. A ese nivel, la mayoría de los clubes, hay dos o tres que todavía no han logrado cierto nivel, pero tienen la oportunidad de usar gimnasios privados o alquilar para que lo usen otros”.

Nahuel Arrarte como ayudante de la selección femenina de Filipinas. Foto: @PilipinasWNFT

Nahuel Arrarte como ayudante de la selección femenina de Filipinas. Foto: @PilipinasWNFT

Y se refirió a la pasión por el fútbol: “Los clásicos son partidos que llegan a tener 50.000, 60.000 personas cantando, pero aquí el fútbol está en una situación bastante difícil porque es como que no lo dejan crecer con todo el potencial que tienen. Está el rugby, el fútbol australiano y el cricket.  Las redes sociales, la televisión, los diarios, apuntan al apoyo a esos deportes, entonces cuando el fútbol da pasos para adelante, por ejemplo, con ventas de jugadores o la selección va al Mundial, es como que llegan hasta un límite y después ya está. Los contratos con la televisión no son nada en comparación con los otros deportes”.

Nahuel fue asistente técnico en Marconi Stallions, Central Coast, Perth Glory y Western Sydney Wanderers, todos de Australia, y, en 2021, de la selección femenina de Filipinas, que clasificó a una Copa del Mundo por primera vez en la historia del país.

En el Mundial de 2023 le ganaron a Nueva Zelanda, una de las selecciones locales.

“Fue una experiencia inolvidable porque empezamos con un grupo que no tenía pelotas ni ropa nueva. Ver cómo creció y llegar a la Copa del Mundo. Teníamos chicas que ni equipo tenían, una pausó la universidad para jugar el Mundial, y jugábamos contra chicas que estaban en Barcelona o en Bayern Múnich”, resaltó.

En Filipinas “la gente es muy amable”. “Manila es una ciudad que, a veces, para hacer seis kilómetros, tardas una hora; está sobrepoblada. Tiene zonas lindas y otras difíciles”, describió.

Pero la historia de Nahuel no termina acá, porque si él tiene una mezcla de Argentina, Uruguay y Australia, lo de sus hijos es aún más sorprendente. Su hija, Siena, jugó en las selecciones juveniles de Portugal pese a haber nacido en Australia, mientras que su hijo, Tristan, también australiano, defiende a Timor Oriental.

Tristan incluso llegó a debutar en la selección timorense mayor con 17 años.

El abuelo de la esposa de Nahuel fue parte del ejército portugués que estuvo en Timor Oriental y, por ese motivo, su suegra tiene pasaporte de ahí. Por otra parte, su suegro es de Irak.

“Es como una ensalada de frutas, ja. Mis hijos pueden tener pasaporte uruguayo, argentino, australiano, portugués, timorense e iraquí”, comentó, y dijo que decir un porcentaje de uruguayo “es muy difícil”.

Por último, Arrarte les recomendó a los uruguayos seguir su camino por Oceanía: “Más allá del fútbol, cuando uno viaja, va aprendiendo y viendo con sus propios ojos. Podés ver por la computadora lo que puede ser el Opera House o el Sydney Harbour Bridge, pero hasta que no te parás ahí y lo sentís… el fútbol es lo mismo; te pueden decir lo que es ir a ver un partido al Centenario, pero hasta que no te parás en la Ámsterdam. Siempre me gustó descubrir”.

Por Gonzalo de León