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Mario Saralegui fue uno de los nombres elegidos por el presidente de Peñarol, Ignacio Ruglio, para acompañar al plantel principal durante la concentración que realiza en Solanas en busca de cambiar el rumbo deportivo, aunque el exjugador y exentrenador aurinegro agradeció la invitación, pero explicó que sus compromisos laborales le impedirán estar presente.
“Es un momento complicado y todo el mundo tiene que apoyar. Estoy con trabajo, entrenamos todos los días y se me complica para ir, pero hablé con el presidente [Ignacio Ruglio], le agradecí y estoy contento de que me haya llamado”, expresó en diálogo con Esto es fútbol (Carve Deportiva).
Para Saralegui, la prioridad pasa por respaldar a quienes deben revertir la situación dentro de la cancha. “Creo que la posición del presidente y de la mayoría de los dirigentes es inteligente. Hoy por hoy, son el entrenador y los jugadores los que van a jugar. Hay que darles el máximo apoyo”.
En ese sentido, consideró que aumentar la presión no sería el camino indicado: “Los jugadores ya tienen la presión de lo que está pasando. En un año que no es bueno, con un montón de complicaciones y sin lograr tener en la cancha el rendimiento que se necesita, lo que queda es apoyar e intentar que el grupo, el club y el entorno puedan salir de esto”.
El exentrenador también hizo hincapié en la importancia de la camiseta aurinegra y la jerarquía del plantel. “Peñarol es mucho más que cualquiera de los equipos que tiene que enfrentar. La camiseta de Peñarol juega sola, es un poquito nomás lo que tienen que poder, porque los otros la ven y ya están condicionados. El que tiene más chances de salir campeón, sea cual sea el rival, es Peñarol y no los otros. Si gana la Anual, gana el campeonato”, afirmó.
“El jugador es un todo”
Consultado sobre si el problema actual responde principalmente a una cuestión anímica o de confianza, Saralegui evitó reducir el análisis a un solo aspecto.
“Es muy difícil explicar temas complejos con definiciones simples. Hay una tendencia a dividir lo técnico, lo táctico, lo físico y lo psicológico, y eso está mal, porque no es así. El jugador es un todo”, explicó.
Para el entrenador, la concentración será determinante para que el equipo pueda recuperar su nivel: “En la medida en que ellos no puedan dejar de lado todo lo que los distrae, los problemas, las elecciones, la gente que grita, no van a poder rendir”.
Y agregó: “Lo más importante es la capacidad de concentración que puedan tener y meterse en el partido a jugar”.
Saralegui también apuntó a posibles dificultades dentro del propio plantel y planteó la necesidad de que los futbolistas hablen entre ellos para encontrar soluciones.
“Si el resultado no se da, evidentemente hay algo de lo negativo que está predominando sobre lo otro. Hay que descubrirlo, hay que entender qué es lo que está pasando”, señaló.
En ese contexto, utilizó un ejemplo para ilustrar cómo pueden aparecer problemas en la convivencia deportiva: “Lo peor que te puede pasar es que un delantero no le dé la pelota al otro para hacer el gol, por ejemplo, hablando en voz alta y sin saber lo que pasa”.
“Son temas internos, son temas de los jugadores, incluso más que del entrenador. Tienen que sentarse, hablar, charlar y decir: ‘¿A dónde queremos ir? ¿Qué queremos hacer? ¿Dónde estamos parados?’”, continuó. Y planteó: “Siempre es un pasaje del yo hacia el nosotros”.
Para Saralegui, las dificultades requieren identificar dónde están los problemas y trabajar sobre ellos: “Es un tema mucho más profundo que se resuelve en situaciones mucho más simples y mucho más puntuales, que a veces se resuelve y a veces no”.
También recordó que los grupos funcionan como sistemas en los que cada parte cumple una función: “Hay que descubrir dónde está el fallo y qué es lo que hay que arreglar. No es un tema menor”.
En esa línea, aclaró que una intervención externa puede generar un movimiento inicial, pero no reemplaza el trabajo cotidiano del plantel. “Una charla motivacional en un vestuario dura diez minutos. No es eso; es hacerlos pensar: dónde están parados, adónde quieren llegar, cuáles son los problemas que tienen y cómo los pueden resolver”.
La concentración en Solanas
Por último, Saralegui se refirió a la decisión de trasladar el plantel a Solanas para realizar una concentración de varios días y consideró que no existen fórmulas únicas para este tipo de situaciones.
“No hay receta, nunca hay receta. Todas las decisiones que se toman, en la medida que sean positivas y logren ganar, son perfectas. Y si no, son malas”, afirmó.
Incluso planteó que había otras alternativas posibles: “En vez de ir a Solanas, podían haber ido a San José, a Los Aromos o podían haberles dado más días libres, pensando que tal vez lo mejor era descomprimir”.
De todas formas, respaldó la determinación de la dirigencia: “Creo que es una decisión que está bien, que es inteligente. No estoy ahí, no sé qué es lo mejor o lo peor para el grupo”.
Y cerró con una reflexión sobre la exigencia que rodea el fútbol: “Todo lo que se hace depende del resultado. Los técnicos son buenos si ganan, los jugadores también, y es un tema que no va a cambiar nunca”.
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