Portugal venció 2-1 a Croacia este jueves y se clasificó a los octavos de final del Mundial 2026, pero hubo mucha polémica al final por un gol anulado a Josko Gvardiol a los 90’+13 que hubiese significado el empate y posterior alargue.

El árbitro del encuentro, el noruego Espen Eskås, fue llamado por el VAR por un posible fuera de juego.

En la imagen se veía que Mario Pasalic, el asistidor, estaba por delante del penúltimo defensor, pero la duda estaba en si Igor Matanovic había tocado la pelota o no.

El juez determinó que sí —ayudado por el chip de la pelota— y, por ese motivo, el gol fue anulado.

Debido a toda la polémica que se generó por esa situación, la FIFA emitió un comunicado en el que explicó que “según los datos proporcionados por la tecnología Connected Ball [alojada dentro de la pelota] se demostró que hubo contacto” por parte de Matanovic “en la jugada previa al gol, lo que permitió al árbitro determinar correctamente el fuera de juego y anular el gol”.

“Los sensores IMU alojados dentro del balón son capaces de detectar cualquier contacto leve, mostrado a los espectadores en la transmisión como un ‘gráfico de latido cardíaco’, y permitiendo a los oficiales un nivel sin precedentes de datos para tomar decisiones rápidas y precisas”, añadió el ente rector del fútbol.

En su página web, FIFA tiene un apartado especial para esta tecnología, que “consiste en integrar sensores avanzados en el balón para proporcionar datos precisos y en tiempo real sobre su movimiento y posición”.

“Esta tecnología optimiza la toma de decisiones, especialmente para los árbitros asistentes de vídeo (VAR), al ofrecer información muy detallada sobre la dinámica del balón, como el momento exacto del contacto (para determinar el fuera de juego), la velocidad y la trayectoria”, agrega.

“Desempeña un papel fundamental en las decisiones semiautomáticas de fuera de juego y otros incidentes críticos del partido, garantizando una mayor precisión y equidad en el fútbol moderno, a la vez que mejora la experiencia del aficionado al ofrecer información adicional sobre la mecánica de los disparos a puerta”, sigue.

Con respecto a los sensores, se indica: “El balón incorpora un pequeño sensor de unidad de medición inercial (IMU), que suele operar a unos 500 Hz. Este sensor captura datos 500 veces por segundo, registrando la aceleración y los movimientos precisos del balón en tres dimensiones”.

“Estos datos se utilizan para determinar cuándo se ha producido un toque y, posteriormente, se transmiten en tiempo real a la sala de control de vídeo, donde se combinan con los datos de seguimiento de los jugadores captados por las cámaras del estadio para asistir a los árbitros del VAR”, ahonda la explicación de FIFA.

“Esta tecnología permite el funcionamiento de sistemas semiautomáticos de fuera de juego al identificar con precisión el punto de contacto con el balón, lo que posibilita decisiones de fuera de juego más rápidas y precisas. Además, facilita el análisis de otras jugadas, como manos o penaltis, al proporcionar datos detallados sobre el contacto con el balón”, se explica.