El triunfo de Roger Federer sobre Tomas Berdych en tres sets por los cuartos de final del Australian Open hizo pasar casi inadvertido al tenista checo. El nivel del suizo en la pista fue tan elevado que, por momentos, pareció haber un solo jugador en cancha.

No obstante, uno de los line umpire siempre recordará que el checo jugó ese partido. Parado donde debía estar, para controlar el pique de la bola, el juez de línea en cuestión no estuvo lo suficientemente rápido de reflejos como para esquivar un saque de Berdych a 195 kilómetros por hora, y lo amortiguó con sus testículos.