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Fútbol Internacional
Los caminos de la vida #38

Pablo González, de dejar el fútbol para cortar el pelo a brillar del otro lado del mundo

La peleó en la B, fue campeón con Liverpool y comenzó a jugar al Fornite para poder hablar con su hijo pese a la distancia.

06.06.2026 08:00

Lectura: 8'

2026-06-06T08:00:00-03:00
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Por Gonzalo de León

Algo más de 19.000 son los kilómetros que separan a Uruguay de Corea del Sur, país en el que, probablemente, ya sea otro día en el momento en el que usted está leyendo esta nota, o a punto de cambiar de día.

Además de la distancia y la hora, más cosas nos separan del país asiático, que es una potencia tecnológica y económica global: son pioneros en internet ultrarrápido, infraestructura robótica y cuentan con empresas gigantes a nivel mundial en diferentes rubros.

Por si fuera poco, también destacan en el deporte, por ejemplo, en el fútbol, con constantes participaciones en copas del mundo. Pero su liga local no ha terminado de explotar, pese a contratar a muchos jugadores extranjeros.

Tanto en Primera como en Segunda División se nutren de futbolistas de otras partes del mundo y uno de esos casos es el del protagonista de la historia de hoy: Pablo González.

Este volante ofensivo uruguayo de 29 años, oriundo del Cerro, jugó en Corea del Sur, pero antes tuvo que pasar por mil y una experiencias que lo fueron fortaleciendo.

Hizo baby fútbol en Las Flores y luego pasó a Liverpool, club en el que jugó en toda su etapa juvenil hasta debutar con el primer equipo en la Segunda División Profesional.

Pablo González jugando en Albion. Foto: @SegundaAUF

Pablo González jugando en Albion. Foto: @SegundaAUF

En 2017 pasó a Defensor Sporting para jugar en la Tercera División del club violeta, pero un año y medio después todo cambió: “Me querían llevar a Rampla, que estaba en la B, pero cuando fui ya había cerrado el período de pases y no pude firmar ni volver a Defensor”.

Por eso, dejó de jugar al fútbol y fue barbero por seis meses. “Un amigo que tenía una barbería me dijo para cortar con él, pero no era lo mío”, contó a FútbolUy, y explicó su decisión: “No le encontraba la vuelta. Ya era papá y me tocó buscar de otra forma, porque el fútbol no me lo estaba dando”.

“Mientras cortaba el pelo, entrenaba en Uruguay Montevideo, que estaba en la C”, recordó quien para 2019 logró arreglar un contrato para jugar la B en Atenas de San Carlos, club con el que rescindió un año más tarde por inconvenientes con la llegada del Grupo Fassi.

Tras quedar libre, firmó con Albion, con el que logró la permanencia en 2020 y el ascenso a Primera División en 2021.

Es así como en 2022 se concretó su retorno a Liverpool, con el que fue campeón del Torneo Apertura: “Me llamó José Luis [Palma, el presidente] para decirme que Jorge [Bava, el entrenador] me quería sí o sí. Tenía una espina guardada de que no había podido jugar en la A”.

Sin embargo, el Negriazul “no priorizó” su renovación para 2023 y fue en ese momento cuando su vida cambió para siempre.

Muy, muy lejano

“Una persona coreana que llevaba 20 años viviendo en Argentina me escribió y me dijo si quería irme para allá”, relató sobre cómo se dio su llegada al Gimpo FC de la Segunda División de Corea del Sur.

“Lo dudé junto a mi familia, pero todas las dudas se me fueron cuando iban pasando los días porque me encontré con un país de otro mundo; están muy por encima del resto”, señaló.

Con respecto a los motivos de su decisión de irse para Asia, explicó: “Uno la venía luchando desde abajo y era el momento para pegar el salto en lo económico, pero también Liverpool no priorizó mi renovación, entonces estaba a la espera y eso era para ya”.

“Me hicieron todo fácil”, aseguró, y se vio sorprendido: “Apenas entrás al país tenés el tema del idioma, porque no entendés nada. Me estaba esperando un traductor que me puso el club para que estuviera conmigo 24/7”.

“Encontré un traductor para el celular con el que le sacaba fotos a las cosas y me las traducía al español”, dijo, y añadió: “Todo el mundo me preguntaba porque pensaban que iba a comer comida rara, pero la verdad es que no, en los supermercados se vende lo mismo que acá”.

“Me costaba la comunicación, sobre todo con mi hijo, porque tenía seis años y no le gustaba hacer una llamada porque se aburría. Entonces empecé a jugar al Fortnite con él para, al menos, escucharle la voz y hacerle preguntas”, comentó.

“Es un país muy generoso, son muy buenas personas, a mí me gusta hasta demasiado, ja. Te ayudan en todo”, mencionó, y contó que aprendió “palabras básicas” como “hola”, “chau” y “gracias”, pero “nunca las pude escribir porque es muy difícil; en tres signos capaz que te escribieron 30 letras”.

“A lo primero cuesta, pero el traductor nos facilitó muchas cosas. Pero el fútbol es igual en todas partes del mundo y con gestos o palabras simples nos fuimos adaptando”, destacó.

Pablo González jugando en Gimpo FC de Corea del Sur. Foto: Instagram @pablogonzalezz10

Pablo González jugando en Gimpo FC de Corea del Sur. Foto: Instagram @pablogonzalezz10

González llegó a Gimpo junto a Juninho Rocha, ex Defensor Sporting, Huracán, Wanderers, Central Español y Rentistas, y al colombiano Luis Mina.

“El fútbol no se vive tanto como en Sudamérica, pero las canchas son todas espectaculares y los estadios están siempre llenos. Parecía una Primera División de cualquier país”, mencionó.

Describió al fútbol surcoreano como “muy dinámico y rápido”, pero “les falta esa picardía del sudamericano, porque son muy ordenados y tácticos, en eso están despegados”.

“Tienen garra, pero no festejan tanto el gol o la victoria porque el resultado les da lo mismo. Si pierden les da lo mismo, están a las risas o con el celular”, ahondó.

El club “era muy bonito, estaba consolidándose en Segunda y en cuanto a infraestructura tenía todo, no faltaba nada”.

En cuanto a la ciudad de Gimpo, destacó: “Lo que más me sorprendió fueron las multas que tienen, por ejemplo, no podés tirar un papel en la calle porque hay cámaras por todas partes que le hacen zoom a tu cara. Tienen todo ordenado y limpio”.

Y habló de la cultura del país, destacando la obligatoriedad de terminar los estudios: “Nosotros éramos los más malos en el tema de jodas, porque ellos tenían cero maldad. Ahí se ve la diferencia, porque acá quizá dejamos el estudio por el fútbol… están a otro nivel”.

“Volvería si se diera la oportunidad”, afirmó, y comentó que fue cuando “más diferencia” económica hizo en su carrera.

Por acá en la vuelta

En 2024 volvió a Uruguay para jugar en Deportivo Maldonado, motivado porque “estaba lejos de la familia y se extraña”. Al año siguiente retornó a Albion, aunque su idea “era volver a salir al exterior”, pero no se le dio y se sumó tarde al Pionero.

“Los primeros partidos en Albion entraba 10, 15 minutos, y no era lo que quería, pero fue culpa mía por esperar tanto”, dijo, por lo que a mediados del año pasado se marchó a Macará de Ecuador: “La idea era salir libre, pero Albion no me dejó y fui a préstamo con una opción de compra que no se pudo hacer porque Albion exigió mucho dinero”.

“Fue mi primera vez en un equipo con tanta gente”, indicó, y agregó: “Me quería quedar en Macará porque me fue bien”.

“Volví a Albion y tanto el presidente como el gerente me prometieron cosas que no pasaron. Hice la pretemporada, pero no jugué, y me llegó la propuesta de Guayaquil City”, expresó.

Pablo González jugando en Macará de Ecuador. Foto: CD Macará

Pablo González jugando en Macará de Ecuador. Foto: CD Macará

Es así como a inicios de este 2026 recaló en el ecuatoriano Guayaquil City, de una ciudad de tres millones de habitantes en la que hace “mucho calor y humedad”.

“No hay un momento en que refresque, capaz que recién después de las siete u ocho de la noche, pero es como un aire caliente”, destacó sobre Guayaquil, la cual “está un poco manchada por la inseguridad” y “a las 10 de la noche hay que estar encerrado” por el toque de queda.

Con respecto a su futuro, comentó: “Me gustaría quedarme en el exterior dos o tres años más porque en Uruguay no hacés la diferencia y afuera gastás menos”. Además, se está “perdiendo muchas cosas” de su hijo, por lo que no quiere “estar demasiado lejos”.

Y cerró con una recomendación para los futbolistas uruguayos: “Siempre aconsejé a los chicos que si tienen la oportunidad de salir, que lo hagan, porque el fútbol es un momento no más y es complicado el tema económico, como si fuese otro trabajo”.

Por Gonzalo de León