Por José Luis Calvete
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Cuatro uruguayos clasificaron a la semifinal de los CrossFit Games, un evento a nivel mundial que es el paso previo a la final que coronará a los deportistas más en forma del planeta, tanto en la rama masculina como en la femenina. Lucila Carro y Monserrat Bentancor serán las representantes entre las damas, ambas en la categoría individual, y en caballeros estarán Santiago Comba por equipos y Nicolás Canil de forma individual.
La competición se llevará a cabo entre el 31 de mayo y el 2 de junio en Río de Janeiro con la presencia de los 40 y las 40 mejores del ranking Latinoamericano. Antes hubo una etapa abierta a nivel virtual, en la que se podía anotar cualquier persona que practicara crossfit. Hay determinados requerimientos por evento y el resultado se envía online, con la filmación en un gimnasio y la validación de un juez que homologa los puntajes que van a un ranking.
A esa primera etapa le siguen los cuartos de final, divididos por región y con un 25% de clasificados entre los inscriptos por continente. El nivel de exigencia sube, sin acarrear los puntos de la etapa anterior, y pasan los 40 mejores a semifinales, que es el evento que se llevará a cabo en territorio carioca con presencia uruguaya.
Nicolás Canil, uno de los uruguayos que afronta el tramo final de su preparación para el certamen, dialogó con FútbolUy y contó que en Uruguay “unas 20.000 personas practican el deporte y unas 3.000 compiten”. Si bien las competiciones más habituales no son oficiales de la marca CrossFit, las hacen particulares en sus gimnasios o alquilando un predio “y se han hecho muy bien”. No obstante, al no ser un deporte federado, no cuentan con apoyo económico, lo que complica el desarrollo y plantea uno de los principales desafíos a futuro.
Por cuestiones de marca y licencias, en Montevideo y el resto del país hay gimnasios de crossfit que no llevan ese nombre pero realizan lo mismo. “Para ponerle el nombre CrossFit a un gimnasio, CrossFit Inc. pide una licencia aproximada de 5.000 dólares al año. La mayoría pone ‘entrenamiento crosstraining’, que no es el nombre oficial, pero es crossfit”, explicó.
Como todo deporte “menor” en Uruguay, se desarrolla a pulmón y en base al empuje de quienes lo practican. En el caso de Nicolás, tiene 27 años, es economista y lleva media vida en los gimnasios. “Era muy chico y empezaba a estudiar. Hice la carrera y seguía entrenando. Siempre dije que quería recibirme rápidamente para dedicarme al crossfit. Para competir a nivel internacional es muy difícil llegar si no te dedicás al 100%. El día que me recibí, esperé un tiempito y con dos socios abrí un gimnasio de crosstraining. Ahí renuncié a mi trabajo en la Intendencia de Montevideo para dedicarme de lleno a esto, y dio sus frutos”, contó.
Con el paso del tiempo fue aumentando la cantidad de horas de entrenamiento y, como esperaba, mejoraron los resultados. “Es muy difícil llegar desde Uruguay, que es un país chico y con poca cultura deportiva en lo que no es fútbol o básquet. Ya competí dos veces entre los 40 mejores de Sudamérica, y las dos me metí casi trigésimo, entre los últimos. Ahora que me pude dedicar más, entré décimo en Sudamérica, que es mi mejor posición”, narró orgulloso, con el deseo intacto de escalar ubicaciones en la gran cita.
De los 40 mejores, “casi 30 son de Brasil”, que es potencia, y cuatro argentinos. Para todos, sin importar banderas, las marcas que los apoyan juegan un rol clave a la hora de sustentar material de entrenamiento, suplementos y viajes. “A los deportistas internacionales los bancan los sponsors, pero en Uruguay es difícil conseguir. Es a puro pulmón clasificar desde Uruguay y significa dedicarle muchas horas sin esperar nada a cambio”, expresó.
Mientras prepara su participación en los CrossFit Games, está en esa búsqueda de patrocinadores para poder enfocarse de lleno. “En 2023 puse el gimnasio y tengo ese sustento. Que viniera una marca a ayudarme sería muy beneficioso. Preocuparse solo por el entrenamiento y enfocarse en eso es todo. Es lo que todo deportista quiere”, explicó Nico, quien se inició en el crossfit cuando todavía no estaba en auge en Uruguay y sueña con ser finalista de los CrossFit Games, sabiendo que solo dos de los 40 participantes avanzarán a la final de agosto en Estados Unidos.
Nicolás en su gimnasio, el Goat Training House. Foto: Luciano Berocay
Para llegar a esta instancia tuvieron que poner a prueba diferentes habilidades de halterofilia, powerlifting, gimnasia, atletismo y capacidad cardiovascular. “Nos anunciaron que uno de los eventos es correr alrededor del Arena Carioca”, el espectacular estadio cerrado que albergó los Juegos Olímpicos de 2016. “Crossfit abarca levantamiento olímpico, pero te pueden pedir salir a correr. Por ejemplo, piden salir a correr, volver y levantar una barra con 83 kilos 10 veces. Está buena la combinación de movimientos y el espectáculo se va a transmitir en vivo. Va a estar bueno para quienes lo vean”, adelantó.
Claro que esa preparación de su cuerpo la tiene que compatibilizar con el trabajo. En el Goat Training House, a escasas cuadras del Palacio Legislativo, se ejercita cinco horas a diario y seis días a la semana. Al frente de su gimnasio, que está ubicado al 1264 de la calle Asunción, en el barrio de la Aguada, se preocupa por su físico, pero también por el de los clientes que le dan sustento, siempre atento a los cuidados de un deporte que, si bien “puede practicarlo cualquiera”, requiere tomar los recaudos necesarios y hacerlo con supervisión de profesionales.
“En el gimnasio incentivamos a las personas para que puedan hacer cualquier movimiento, siempre yendo de menos a más. Y si no pueden, se adapta para que puedan llegar a hacerlos. Hay que escalar todos los movimientos, porque muchos son lesivos si se hacen mal. El objetivo es pulir la técnica, y hasta que la persona no tiene la técnica correcta, no sube el peso”, contó, poniendo como ejemplo los saltos a un cajón, “uno de los movimientos a los que la gente le tiene más miedo por si le erra al cajón y se golpea”. “En esos casos, se baja la altura del cajón”, explicó Nico, quien se ejercita con el impulso suficiente para seguir subiendo la exigencia, junto a la altura de su propio cajón.
Por José Luis Calvete
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