Kobe Bryant fue una leyenda del básquetbol y además un gran apasionado del fútbol. Lejos de las acciones de marketing de otras megaestrellas del deporte o artistas que se toman fotos con jugadores a los que en realidad ni siquiera conocen, el ídolo de los Lakers sabía perfectamente con qué figura estaba sonriendo para la cámara.

Más de una vez dijo que, en caso de no haber llegado a ser basquetbolista profesional, le hubiese encantado ser futbolista. Entre sus favoritos eligió a Ronaldinho y al holandés Frank Rijkaard, por lo que no sorprende que sus equipos favoritos hayan sido el Barcelona y el Milan.

A diferencia del básquetbol, percibió que "la pasión por el fútbol está en otro nivel". Vivió cinco años en Italia porque su padre Joe Bryant jugó en ese país entre 1986 y 1991, por lo que sabe perfectamente que "al ver a los hinchas llegando al estadio, enseguida se nota el afán que tienen por mostrar que están ahí para representar a su equipo o a su país".

"Eso en la NBA sólo lo vemos de vez en cuando, en los playoffs por el título o en la finales. En el fútbol no. Es una religión. Como me crié en Italia, desde joven vi de primera mano cómo se vive esa pasión, de manera muy intensa. Y puedo asegurarlo: es totalmente distinto", contó en una nota con la FIFA en 2013.

El mundo del fútbol también lo llora.