En la cuarta y última parte de su diálogo con FútbolUy, Luis Suárez habló de las críticas y los elogios al ser consultado por el presente de Darwin Núñez, un delantero al que conoce bien en un club al que conoce demasiado bien. El inicio del artiguense en el Liverpool no es malo, pero tampoco viene siendo el ideal, por lo que el salteño desea “que sepa leer los momentos y las situaciones que le va a tocar vivir en Inglaterra, porque es muy complicado”.

“Es difícil convivir con la presión de jugar cada tres días y tener que rendir. Se van a olvidar (los hinchas y la prensa) que el partido anterior hiciste dos goles o que diste una asistencia y jugaste el mejor partido de la temporada. Ellos viven el presente, y estando en el Liverpool tenés que vivir del presente”, opinó Suárez, quien registró 82 goles y 28 asistencias en sus 133 presencias con los Reds.

“Si en un partido errás un gol, se van a reír del gol que errás. Pero tenés que estar fuerte mentalmente y estar alejado de todo eso. Vos mismo tenés que autoexigirte y decir: ‘¡Pah, qué gol erré! El próximo no lo puedo errar’. Y que no te importe lo que diga la gente. Y así practicar, mejorar y estar fuerte en ese aspecto”, agregó Suárez, quien habló desde la experiencia que le tocó vivir en el país donde los medios y los hinchas rivales peor lo trataron.

El máximo goleador histórico de la selección insiste en la necesidad de “que la crítica no te bajonee ni te debilite”. “No hay que demostrar a los demás que te sentís débil con las críticas. Las críticas te tienen que hacer más fuerte. El elogio a veces te debilita porque te creés el mejor del mundo, y en realidad no lo sos porque tenés mucho que aprender”, reconoció.

No duda en admitir que le sucedió a él, y el ejemplo más claro que encontró fue la previa al encuentro del Mundial 2014 ante Italia, en el que mordió a Giorgio Chiellini el 24 de junio en Natal. Cinco días antes se había consagrado de héroe con un doblete para derrotar 2-1 a Inglaterra en San Pablo.

“Me debilitó sentirme el protagonista que tenía que salvar a Uruguay. Y eso me irritó y me jugó una mala pasada con lo de Chiellini. Los elogios que tuve en los días previos me debilitaron. Todo eso te debilita y te puede jugar una mala pasada”, admitió, aunque se dio cuenta a tiempo, y recalcó el rol de la ayuda profesional y de su entorno.

“No porque uno vaya a un psicólogo está loco, sino que necesita otro tipo de ayuda, cariño y madurar en algunos aspectos”, sostuvo, y fue pasando del plano profesional al personal, refiriéndose incluso al trato con sus hijos y a la comparativa con algunas carencias que le tocó vivir en su niñez.

Concreto, como cada vez que pisa el área para definir, se descubre “más maduro”, pero con la esencia intacta al momento de hacer lo que más le gusta. “Mi forma de jugar adentro de la cancha no me la va a cambiar nadie. Voy a seguir discutiendo y peleando, pero siendo consciente de los actos que hago por la repercusión que pueden tener”, concluyó.

PARTE 1: Su vuelta al país, los candidatos del Mundial y no descartar a Uruguay

PARTE 2: La lesión de Ronald Araujo, el clásico español y “el don” de Haaland

PARTE 3: El diálogo con Matturro, el trato de los defensas uruguayos y sus salidas del área