El recibimiento para el plantel argentino fue tan caótico como podía preverse. La caravana, que partió desde el Aeropuerto de Ezeiza con destino indefinido, fue la razón por la que más de cuatro millones de personas salieron a las calles a saludar a los campeones mundiales.

En las primeras cuatro horas, el ómnibus recorrió apenas cinco kilómetros, por lo que hubo que recalcular varias veces la ruta y, cuando se pudo, la velocidad. La gente se nucleó en el Obelisco, aunque con el correr de la mañana se supo que nunca llegarían.

Algunos fanáticos se movilizaron hasta el puente de la autopista Ricchieri (a 5,10 de altura), desde donde un par se tiraron para caer dentro del ómnibus, dado que los jugadores iban parados en la parte alta. El primero tuvo suerte y cayó entre los jugadores. Al segundo no le fue tan bien.