Emanuel Gularte, jugador de Peñarol, habló con los medios este martes, dos días después del triunfo 1-0 sobre Nacional en el Gran Parque Central, donde empezó a ganar notoriedad desde antes de que empezara el partido. Junto a otros jugadores aurinegros, el zaguero devenido en lateral decidió no saludar a su excompañero Maximiliano Silvera, y fue consultado al respecto.

“Fue un tema meramente personal. Cada uno tomó su propia decisión y ya está. No fue un tema que trascendiera en el grupo en la semana. De hecho, creo que ni se habló. Por mi parte, tengo mi decisión y estoy tranquilo. Me hago cargo de eso y no estoy arrepentido. Es un excompañero y un colega de profesión al que no tengo que saludar si el reglamento no me lo indica. Estoy tranquilo con esa decisión”, explicó.

El trámite, la línea de tres y la pelota en el palo

En relación al trámite, valoró que el equipo se “sintió bien”, más allá de algunos “momentos de sofocón”, algo “normal en un partido de tanta exigencia, y más de visita”. “En algunos lapsos, tocó resistir y aguantar un poco sus arrebatos de intento de gol. Los tres puntos son fundamentales por la parte anímica y por la tabla. Veníamos de perder con Central Español hace no mucho y necesitábamos recuperar puntos”, expresó.

Consultado por la defensa con tres zagueros, fue claro: “Nos viene bien. El plantel es extenso y hay que estar abiertos a cambios de sistemas, de jugadores y de roles, porque se viene la Copa Libertadores a la brevedad y los equipos te estudian y van queriendo cambiar cosas para hacer daño. Debemos tener con qué contrarrestar esos factores. Salió bien y nos sentimos cómodos”. “La estrategia salió como se planificó y se vio reflejado”, ponderó.

En referencia a la jugada de gol que malogró, cuando su remate dio en el caño, lamentó que “fue una de las más claras”. “Te queda esa amargura porque a los hinchas de Peñarol siempre nos gusta hacerle goles. Hubiera sido hermoso. Gracias a Dios, pudimos ganar. Si no, hubiera sido muy jodido. Tendré que estar más atento para ese tipo de jugadas. Por más que fue muy rápida, son situaciones que, para el objetivo que tenemos, hay que saber concretarlas”, dijo.

El favoritismo de Nacional, la “rabia” por las finales y Lucas Rodríguez

Respecto al favoritismo que buena parte del periodismo le daba a Nacional, dijo que el plantel se “enfocó en el trabajo de la semana”. “Sabemos que tenemos objetivos grandes, como es la Copa Libertadores. En el camino hacia ese objetivo seguramente tendremos que enfrentar a alguna plantilla muy por encima de la nuestra, como equipos brasileños. Ahí sí hay que emparejar con corazón, ímpetu, carácter y la camiseta. Eso aplica para todo. Puede ser que en algún momento de la historia tuvieron planteles mejores que el nuestro, pero Peñarol siempre equiparó con otra cosa y por eso históricamente es la institución que es”, respondió.

“A nosotros no nos influye mucho eso. Sabemos que los partidos importantes y los objetivos grandes implican eso de enfrentar equipos buenos para los que tenés que estar preparados, y muchas veces lo que hace la diferencia es otra cosa”, dijo Gularte, quien reconoció que los jugadores que perdieron las finales del año pasado jugaron “entre comillas, con rabia y bronca, y te la tenés que sacar de adentro”. “Era un partido bisagra por el momento del torneo, por la tabla y por ese antecedente”, reconoció.

Consultado por los dichos previos de Lucas Rodríguez, dijo que “no se habló mucho”. “Obviamente te llega porque es imposible escapar de ese tipo de cosas, pero la verdad es que no tuvo mayor trascendencia. Cada uno ve el fútbol distinto y tiene sus opiniones. Nosotros tenemos otro razonamiento. Nosotros preferimos ganar que jugar lindo. Los clásicos hay que ganarlos, no jugarlos lindo. Si los ganás jugando lindo, como nos tocó a nosotros, mejor, pero son partidos que se hicieron para ganarlos”, afirmó.

Ganar de visitante, el falso pitazo final y Aguerre

Gularte valoró que “fue algo muy lindo” ganar en el Gran Parque Central. “Nos tocó ir de visitantes y con una cantidad de público en contra, pero sabíamos que las 40 o 50 almas que estábamos ahí en el vestuario, si nos abrazábamos y estábamos juntitos, jugando con el amor a la camiseta, éramos más fuertes. Lo supimos y lo hablamos antes de salir a la cancha. Nos aferramos a eso, a jugar en equipo. A priori de visitantes estábamos en inferioridad, pero con el corazón en la mano y la camiseta en alto lo podíamos sacar adelante”, expresó.

El festejo se desató incluso antes de que terminara el partido, cuando Andrés Matonte pitó el final por error y luego reanudó el juego. “Fue el minuto más tenso de mi vida”, reconoció sobre ese cierre. “Si después de festejar eufóricamente, por lo que representaba el partido, quedaba un minuto… decís: ‘Donde acá pase algo, se complica el asunto’. No tengo claro qué pasó. Calculo que habrá sido una confusión. Gracias a Dios, no hubo mayores inconvenientes”, señaló.

Por último, le preguntaron por Washington Aguerre, y dijo: “Me encanta porque sabe manejar los tiempos del partido y los ánimos”. “Él entiende, y muy rara vez hace alguna locura que perjudica al equipo. Es una persona muy templada y madura. Más allá del personaje que adopta, que le sale muy bien, tiene madurez y sabe hacerlo. A nosotros nos encanta y es el ADN nuestro”, concluyó.