Malta es un país que, en sus 316 kilómetros cuadrados de extensión, cuenta con 365 iglesias, pero también con una gran historia, ya que fue conquistado por varios países por estar en un punto estratégico en el mar Mediterráneo, entre Sicilia y la costa norte de África.

Como al inicio de cada entrevista de “Los caminos de la vida”, presentamos un panorama general del país a destacar, pero, en esta ocasión, no existió una búsqueda de información, ya que el protagonista de la historia de hoy brindó datos más que interesantes, detallados en el párrafo anterior.

Él es Gastón Poncet, delantero nacido hace 34 años en Durazno, pero que se crio en Cardona, departamento de Soriano.

Jugó en el Club Unión de Cardona y a los 16 años viajó a Montevideo para hacer una prueba en Peñarol. Fue fichado por el Carbonero y realizó las divisiones formativas allí, hasta debutar en Primera División a inicios de 2012.

A mediados de ese año, tras haber jugado cinco partidos oficiales en el Aurinegro, fue cedido a Juventud de Las Piedras por un año.

Irse del interior a la capital “fue un cambio bastante grande” porque “la vida en el interior es mucho más tranquila, más lenta”. “Me costó uno o dos años, pero lo disfruté un montón. Vine a la casa de una familia muy amiga y eso me ayudó a adaptarme”, recordó a FútbolUy.

En enero de 2014, le surgió la primera posibilidad para ir a jugar al exterior, para defender a Platense. Se trata de un club de Honduras, país que “estaba un poco complicado en seguridad”.

“Yo estaba con Pablo Bentancur en ese momento y él tenía una gente en ese club, y la oportunidad salió por ese lado”, contó, y añadió: “Fue un poquito duro porque nunca había salido de Uruguay, pero sirvió para sumar experiencia, tanto en lo deportivo como en la vida”.

Le costó “un poquito” adaptarse a la cultura hondureña, pero pudo viajar con dos uruguayos: un preparador físico y Gastón Pagano, ya exfutbolista, que en ese momento sería su compañero y “gran amigo”.

“Es una liga de menor nivel que la uruguaya, pero es un fútbol parecido al nuestro, con mucha fricción. En eso me pude adaptar bien”, comentó, aunque destacó que “los clubes grandes son populares y hay diferencia con los chicos en todo sentido: en infraestructura e hinchada”.

Tras su paso por el fútbol centroamericano, retornó a Uruguay para jugar en Boston River y Miramar Misiones, y luego tuvo pasos por Palestino y Valdivia de Chile, Sud América y La Equidad y Llaneros de Colombia.

Una Malta voy a tomar

A mediados de 2021, pisó el fútbol europeo por primera vez. Y lo hizo para jugar en un destino un tanto exótico: Malta, “un país que no conocía”, aunque “lo que sí sabía, por gente conocida que había ido, era que era un país lindo y que la vida era espectacular”.

En ese país, ubicado en medio del mar Mediterráneo, se habla inglés y eso le “servía por ese lado para seguir aprendiéndolo”.

Su primer destino fue el Rabat Ajax y a inicios de 2022 firmó con el Naxxar Lions, ambos de la Segunda División. “Dos clubes muy organizados. Son chicos, pero a nivel de logística y en el día a día estaban muy organizados”, describió.

“El nivel de la liga es menor al que estamos acostumbrados, pero me sirvió mucho para agarrar confianza, hacer goles y sentirme importante”, indicó. “Es un fútbol diferente: no es tan friccionado y se intenta jugar un poco más. Pero tienen jugadores con menos jerarquía y eso hace que baje un poco el nivel; sería como una Segunda División de Uruguay”, explicó.

En cuanto a la infraestructura, la encontró “bastante por encima de la media de un club uruguayo”. “Estuve en Palestino y La Equidad, que son de primer nivel, y estos estaban por encima. Cualquier equipo maltés organizado está en muy buen nivel”, agregó.

“En los equipos en los que estuve, nadie, solo los familiares. Pero hay dos equipos grandes que sí tienen gente”, comentó sobre las hinchadas en Malta.

Con respecto a su vida en el país, en el que los ciudadanos locales son “bastante cerrados”, mencionó: “El idioma me chocó un poquito, pero le fui agarrando la mano”. Hablan maltés y “no entendía nada”.

“La vida fue espectacular, tenía todo”, dijo, y destacó “el color del agua” en las playas y “los lugares para salir a comer”. “Me encontré con un país que, a pesar de ser muy chico, es muy turístico”, ahondó.

“Si bien extrañé mucho vivir en Uruguay, disfruté. Se entrenaba en la noche, así que me levantaba temprano, desayunaba con el mate como compañía, trataba de conocer algún lugar, iba al gimnasio”, contó.

En cuanto a la economía, precisó: “Es viable dependiendo del equipo. Hay gente que va con un trabajo también, pero, si vas a un equipo grande, podés hacer carrera. Es un país más o menos parecido a Uruguay: caro”.

Tras casi un año en Malta, retornó a Sudamérica para jugar en Portuguesa de Venezuela, Cerrito, Zamora de Venezuela, Técnico Universitario de Ecuador, Deportivo La Guaira de Venezuela, Cerrito y Metropolitanos de Venezuela.

Hasta que, a inicios de 2026, fue anunciado como nuevo refuerzo del Deportivo LSM, club del que son dueños Luis Suárez y Lionel Messi, para la temporada de la Primera División Amateur (ex-C).

Su llegada se dio a través del entrenador Rafael Cánovas y su ayudante, Carlos Váldez, con quien compartió equipo en Peñarol y Boston River, y lo “agarra en una etapa linda” de su carrera porque se siente “bien en la parte física” y está “más maduro”.

“Le di prioridad al proyecto, a la gente que está detrás y a la que está en el día a día. Dan todas las herramientas para sentirse cómodo y profesional, que es poco común en nuestro país; eso hace que uno pueda disfrutar y que se vea la seriedad del proyecto”, comentó.

“Conocí a Luis en Miami, que estuvo unos días después de llegar a un arreglo con el club. Hablamos del proyecto y le agradecí por la oportunidad”, relató, y aseguró que tanto el salteño como el astro argentino “están encima” del proyecto.

Por último, se refirió a si recomendaría o no jugar en los países en los que él estuvo: “Tuve lindas experiencias en los lugares en los que estuve. Depende de los momentos de cada uno y lo que quiere cada uno, pero recomendaría, sí”.