Contenido creado por Luis Diego Silva
Fútbol Internacional
Carta de despedida

Forlán y su recuerdo de Japón

Diego Forlán agradeció en su columna de los viernes su paso de 18 meses por Japón, un país que le causó “una magnífica impresión”. La nueva incorporación de Peñarol destacó la honestidad de la gente y la rigurosa programación de los horarios.

10.07.2015 08:39

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2015-07-10T08:39:00-03:00
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Montevideo Portal

Un año y medio bastaron para que Diego Forlán deje una huella imborrable en el fútbol japonés pero también para llevarse una experiencia de vida que, asegura, lo hará volver aunque sea de vacaciones.

En su habitual columna para el diario árabe The National, el delantero repasó lo que fue su estadía en tierras niponas, analizó el nivel de la liga y dijo que llegó el momento de "volver a casa", después de tanto tiempo en el fútbol profesional del exterior. 

Como futbolista siempre he pensado que es preferible contener las emociones. Mejor mostrarse consistente y mantener una actitud fría e indiferente. Los goles hay que celebrarlos, por supuesto, pero siempre guardando tus sentimientos para aquellas personas en las que más confías.

Casi pierdo la máscara cuando me marché de Japón hace poco después de jugar 18 meses para el Cerezo Osaka. Mi equipo descendió a segunda división pero disfruté al máximo del tiempo que pasé en Osaka, una gran metrópoli que concentra a 18 millones de habitantes y es la segunda ciudad más grande de Japón después de Tokio. Osaka cuenta con vuelos directos a cualquier parte del mundo. En Montevideo la cosa es diferente.

Los japoneses y su tierra nos causaron una magnífica impresión a mi mujer y a mí, y no resultó fácil decir adiós a todo ello antes de regresar a Sudamérica. Primero me despedí de los aficionados del Cerezo después de un partido. Entonaron mi nombre cantando la misma canción que inventaron los hinchas del Manchester United pero cambiando las palabras del final: "Diego, eoooo, vino de Uruguay, ahora es nuestro número diez." En japonés rima bien, créeme.

Como es costumbre en Japón, me agasajaron con tantas flores que apenas pude llevármelas todas a casa. El club me entregó ocho álbumes maravillosamente encuadernados que contenían 2.000 mensajes de los aficionados escritos en inglés y japonés. El personal y los jugadores cantaron mientras me iba y en el aeropuerto unos 1.000 fans esperaban para decirnos adiós. También cantaron. Nunca había vivido nada igual. Mi mujer y yo prometimos volver a Japón, ya fuese por trabajo o de vacaciones.

El origen

No me acuerdo muy bien de cómo se originó mi traslado al país nipón. Algunos dicen que fue porque marqué dos veces para Uruguay contra Japón hace dos años. Todo lo que sé es que tenía una buena oferta de contrato en un país en el que me apetecía vivir y en el que se jugaba un futbol de calidad que se adaptaba a mi nivel a los 34 años de edad que tenía entonces.

Traté de aprender el idioma -es lo mínimo que debe hacer un jugador cuando se traslada a un país extranjero. Fue difícil pero contaba con un traductor en el club con el que entablé amistad. Los japoneses son gente amable, respetuosa, sensible y algo tímida, aunque puede que la timidez se debiera más bien a nuestra incapacidad de comunicarnos correctamente. La timidez puede confundirse con la frialdad, pero yo me sentí muy bien acogido por los japoneses. La barrera lingüística estaba siempre presente y las conversaciones perdían espontaneidad con la traducción. Pero la gente también intentaba hablarnos en inglés.

Japón es un país que funciona bien. Trenes, autobuses y aviones se ciñen rigurosamente a sus horarios. Un cambio de programación puede crear confusión. Convoqué una rueda de prensa para anunciar mi retirada del futbol internacional con una semana de antelación. Los medios de comunicación del club se alarmaron: "¿Una semana? ¡Necesitamos un mes!" Era un cambio en su programación aunque al final lo arreglaron.

Me impresionó la honestidad de la gente. Un amigo olvidó una bolsa en un tren bala procedente de Tokio y se la devolvieron al día siguiente a las nueve de la mañana a la puerta de su casa. Dejamos la compra del supermercado en la moto y nos fuimos a tomar un café. Cuando volvimos una hora y media después, todo seguía allí. Esto no pasa en Europa o en Sudamérica.

La forma de discutir de los japoneses también es diferente. Aprendí que si levantas la voz estás dando la razón a la otra persona y que, por lo tanto, esta gana la discusión. Nunca se escucha el típico griterío de las discusiones latinas.

Cerezo de corazón

Sin embargo, los aficionados sí que gritaban en el estadio. Entonaban canciones melódicas maravillosas. También había muchas mujeres jóvenes en los partidos del Cerezo, más de lo que he visto en los campos de fútbol de otros lugares.

Creo que era porque algunos de nuestros jugadores eran bastante guapos y ello, obviamente atraía a las chicas, que eran nuestras seguidoras incondicionales. Nos acompañaban por todo Japón en los partidos fuera de casa y una de ellas, Michiko, se dedicó a tomar fotos en cada sesión de entrenamiento en la que estaba. Me las mostraba con frecuencia. Está aprendiendo español y quiere visitar a mi familia en Uruguay.

La cultura japonesa es diferente pero también tiene influencias del mundo occidental. Algunos visten ropa de diseñadores italianos o escuchan música pop anglosajona.Fui a Japón para conocer otra cultura, una experiencia que recomendaría a cualquier futbolista. Pero fui principalmente para jugar a futbol.

Los equipos japoneses son a menudo los más fuertes de Asia. Su liga está bien organizada, con grandes audiencias en estadios grandes y modernos. Asimismo, el nivel técnico de los jugadores es alto y la selección suele estar en las finales del mundial. El nivel podría mejorar si más jugadores jugaran en las ligas más fuertes de otros continentes y luego volvieran para transmitir su experiencia.La presencia de más jugadores extranjeros, aunque no demasiados, también ayudaría a la liga japonesa pero el idioma constituye una barrera importante.

Retornar

El futbol me ha llevado por todo el mundo. Algunos dudaron de mi capacidad cuando era joven, decían que procedía de una familia con dinero y que no tenía el afán de triunfar como futbolista y viajar solo.

Demostré que estaban equivocados marchándome a Argentina a los 17 años. Más de media vida después, sigo siendo futbolista y he vivido Inglaterra, España, Argentina, Brasil y Japón. Ahora ha llegado el momento de jugar profesionalmente en Uruguay, de volver a casa.

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