El jueves, los naranjas se quejaron de haberse sentido agraviados mientras entrenaban. Fueron Mark van Bommel e Ibrahim Afellay los que se revelaron la situación vivida, pero el grupo decidió no presentar una denuncia formal a la UEFA.

Sin embargo, el organismo, molesto con estas situaciones que se han repetido a lo largo del tiempo, avisó que de repetirse el lamentable hecho se tomarán medidas ejemplarizantes, que sirvan para que esto no vuelva a suceder.

Es que para la UEFA, el racismo extremo fue un dolor de cabeza a la hora de designar a Polonia y Ucrania como sedes, por la existencia de grupos radicales en ambos países, y por el peso de este conflicto a nivel gubernamental.

"Ambos países han trabajado muy duro para organizar este torneo, y no deberíamos molestarlos porque 10 personas estaban entonando cánticos en un estadio", declaró el jefe de prensa Alexandre Fourtoy, quitándole importancia al asunto.