El Atlético fue mejor por ambición, por ocasiones, por juego, por intención y por convicción que el conjunto andaluz, que se marchó del Vicente Calderón con un gol anecdótico en el tramo final, de Correa, con todo ya decidido, con sólo dos puntos de ventaja sobre los rojiblancos y con la diferencia particular, además, perdida.
El inicio del Atlético fue potente. Lo tenía claro el equipo madrileño y lo intuía el Sevilla. Por eso, el primero propuso una velocidad trepidante en cada ataque, en cada presión, en cada transición, dispuesto para encerrar a su adversario. Y, por eso, el segundo lo esperó con prudencia, armado atrás, a la expectativa.
En el minuto 36, cuando todo ya parecía algo más equilibrado y el Sevilla, con un sistema cambiante en las posiciones de sus futbolistas se asomó al área rival.
Pero de pronto, en un detalle inesperado en un encuentro de tal magnitud, se encontró por detrás con un gol del uruguayo Diego Godín.
Hubo mucho de mérito tanto en el preciso pase a pelota quieta de Antoine Griezmann como en el certero cabezazo del central celeste, pero también mucho demérito en el desajustado movimiento de la defensa del Sevilla. Unos lanzaron el fuera de juego, otros se fueron hacia atrás y Mercado se olvidó de Godín, que cabeceó solo.
De allí en más el atlético controló el juego y lo liquidó con tantos de Griezmann y Koke, quedándo para la anécdota el tanto de Joaquín Correa cerca del final,
Otro hecho destacado fue el ingreso de Fernando Torres en el complemento, alentado con sus brazos también por el propio Simeone, cuando entró al campo, su reaparición en un encuentro tras el choque que le dejó inconsciente el pasado 2 de marzo en Riazor.