Desde que arribó a Uruguay no ha tenido día con agenda vacía. Reconocimientos, requerimientos de la prensa, todo muy distinto a la preparación previa a los Juegos Panamericanos, donde con su embarcación de la clase Láser Radial alimentaba el sueño que se concretó hace una semanas en Toronto.

"Son muy lindos estos recibimientos. Saber que nos apoyan y que nos siguieron durante todo el torneo. Esto te da confianza y una alegría inmensa", le cuenta Dolores Moreira a Montevideo Portal tras la distinción recibida en la Intendencia de Montevideo.

Este viernes, a última hora de la tarde, Lola fue recibida en su Paysandú natal, donde se realizó una caravana hasta el Yatch Club de la ciudad, institución donde se formó como deportista: "me enteré que allá están vendiendo diarios con un póster mío de regalo. La verdad es una locura, pero a la vez super contenta".

Para entender la magnitud del logro de la medalla de plata de Moreira en los Panamericanos, es necesario conocer cuál era la expectativa que ella misma tenía antes de la competencia: "aspiraba a salir al menos novena (clasificaron 16 participantes). Era lo máximo que podía alcanzar, supuestamente. Después que ganamos la primera regata, nos replanteamos los objetivos: tratar de seguir arriba, cuidar un poco el lugar… Y por suerte se fue dando los siguientes días".

Lola también recuerda una jornada donde no le salieron las cosas y parecía que la posibilidad de medalla se escapa: "intenté correr sin presión pero en el penúltimo día fui un desastre. Estaba muy nerviosa, muy presionada. Tenía miedo de que me alcancen y me pasen. Eso se vio en los resultados (ríe). Pero por suerte al otro día se pudo revertir la cosa".

Foto: Presidencia

Y para ayudar a entender su brillante actuación, donde la primera y tercera en el podio tenían 28 años, la joven Lola explica también lo que fue el escenario con el que se encontró: "yo creo que el poco viento que hubo me favoreció. Es con el viento que yo me siento más cómoda. Las condiciones eran muy parecidas a Paysandú. Había ola cortita, un poco de corriente, poco viento. Creo que me pude adaptar bien. Otras chicas fueron un mes antes para conocer la cancha. Cuando salíamos fuera de la bahía de Toronto la cosa cambiaba. Yo no conocía esa cancha, las otra sí, pero pude mantenerme ahí y promediar algo bueno".

Fue entonces que, no solo por el nivel de la categoría y la preparación de las rivales, sino que por tener tan solo 16 años, la medalla obtenida sorprendió al ambiente del yatching internacional: "es más, cuando terminaron las regatas vino la chica de Perú y me tiro al agua con todo y gritaba ‘¡Vamos Lolaaaa!’. Cuando salí del agua me dijo: ‘te felicito, sos una sorpresa’. También la yanqui antes de la última regata, se acerca y me dice en español: ‘te deseo mucha suerte, sé cuánto significa para vos. La verdad que me sorprendiste, sos una digna rival’", relata.

El sueño olímpico y la huella de Wynants


"No puedo estar más feliz. Todavía no caigo en realidad. Espero prepararme de la mejor manera, llegar y dejar bien parado a Uruguay, hacer lo mejor que pueda", comenta la velerista respecto a su clasificación a Río 2016.

En el camino hay varios desafíos que ya serán encarados de otra manera, aunque todavía no tiene plenamente confirmado su calendario por un tema económico: "ahora el 8 me vuelvo para Canadá, tengo un Mundial Juvenil, y en noviembre tenemos el Mundial de Omán de mayores, que no sé si voy. Necesitamos más apoyo, hay apoyo pero no es suficiente a veces".

"La clasificación cambió todo. Generamos un calendario nuevo con todos los campeonatos a los que deberíamos ir para llegar de la mejor manera a Río. Es un presupuesto alto porque es un deporte muy caro, pero esperemos que el apoyo llegue", agrega.

Su pueblo la está esperando. Una vez más un deportista sanducero se mete en un podio en el primer nivel internacional, y el recuerdo de Milton Wynants surge inevitable: "estoy lejos de llegar a lo que hizo Milton, un grande. No lo conozco pero es todo un referente".