Cuando una persona piensa en el atletismo uruguayo, de inmediato vienen a la mente los nombres de Déborah Rodríguez y de Andrés Silva, dos de los deportistas que más logros han conseguido para el país en una pista. Pero el pensamiento debería abarcar muchísimo más que la velocidad de sus piernas: debería ampliarse a todo el país y detenerse en cada niño que comienza a experimentar en las disciplinas, en las familias que hay detrás de los jóvenes talentosos que buscan sobresalir sin recursos, en la inversión económica que se está haciendo a nivel institucional y gubernamental.
Debería pensarse, de hecho, en el momento actual de la Confederación Atlética del Uruguay, órgano rector del atletismo a nivel nacional, presidido por Pablo Sanmartino, un hombre joven y, por supuesto, atlético, que se puso al frente de un proyecto en 2010 y que sólo le apunta a su grupo laboral logros.
Todos los que somos
En diálogo con Montevideo Portal, Pablo aclara de antemano que si bien él es el presidente de la CAU, la cabeza de esta confederación es un grupo multidisciplinario, integrado por Marcelo Szwarcfiter, el secretario general; Gastón Carámbula, el tesorero; Yanice Santo, responsable de los proyectos institucionales para niños; y Margarita Grum, encargada de la escuela de atletismo de la pista de Montevideo.
"Tenemos un equipo importante; los cinco trabajamos, y hemos hecho un grupo que ha hecho crecer al atletismo en todas las disciplinas y en todos los ámbitos. Lo hemos profesionalizado y hemos logrado que muchas empresas confíen en nosotros, porque hemos presentado los proyectos seriamente", rescata Sanmartino.
Entre esos proyectos, uno de los que más orgullo da es el que tienen con la Embajada Británica: una escuela de atletismo para niños discapacitados, que funciona en la Escuela Roosevelt y que ya nuclea a más de 80 pequeños que, en la mayoría de los casos, no habían tenido acercamiento a la educación física.

"Hemos crecido porque estamos trabajando lo más parecido a lo que se trabaja en cualquier parte del mundo. Y la prioridad eran escuelas de atletismo en todo el país, y lo hemos logrado. Este año la gran apuesta era una de discapacitados", explica Pablo, resaltando su importancia porque si bien "queremos que nuestros atletas lleguen a los Juegos Olímpicos, también queremos hacer un trabajo a nivel social, que no es fácil. El trabajo con discapacitados te lleva mucho tiempo, pero nosotros nos sentíamos en la obligación de hacerlo".
Con la Embajada Británica también recorrieron las escuelas de verano de todo el país, y además se han ganado el apoyo de Antel, que entre otras, cosas provee de materiales a las selecciones juveniles. Y por otro lado aparecen los auspicios de empresas privadas, que se ven reflejados en las carreras de calle, que cada vez son más y más fundamentalmente en el circuito montevideano.
"Estamos muy contentos porque de a poco vamos logrando que la base de atletas en el país siga creciendo. Lo más visible son las carreras de calle, que han tenido un crecimiento explosivo y más en el caso de las mujeres, porque arrancamos con un 20 por ciento en 2010 y ahora tenemos el 40 por ciento. En casi cuatro años logramos duplicar", resalta.

A modo de ejemplo, Pablo cuenta que en el Campeonato Sudamericano que se disputa en Chaco entre atletas juveniles, son 28 los que representan a Uruguay, 15 de ellos son mujeres y 13 hombres, primer antecedente de mayoría femenina en una delegación. Pero no solo eso: de esos 28, 20 son del interior. "Antes había un problema con la centralización que tenía Montevideo, y hoy es totalmente al revés. Tenemos la mejor calidad de atletas en el interior; hemos hecho una apuesta importante, hemos dividido el país en regiones, hemos hecho, con el apoyo de las Intendencias, centros de alto rendimiento en el interior, y eso ha logrado que vayan saliendo talentos", manifiesta.
Desde el centro
Pablo habla de esta joven camada de atletas, y es imposible no recordar que apenas semanas atrás Uruguay consiguió una medalla de oro en salto con garrocha en los I Juegos Sudamericanos de la Juventud realizados en Lima, a través de Martín Castañares, y otra de plata en lanzamiento de disco, por Micaela Garbarino.
Martín, por ejemplo, es de Artigas, donde "recién el año pasado la Intendencia compró garrochas profesionales en Estados Unidos, hizo una inversión de 6000 dólares. Pero Martín no tiene colchón. ¿Entonces qué pasa? Ya hasta tenía miedo de saltar. Él nunca había llegado a cuatro metros porque no se animaba a caer". En Lima hizo 4,20 y se subió al escalón más alto del podio, pero eso tuvo que ver con un trabajo intenso: entrenó en Porto Alegre, en un centro de entrenamiento de saltadores de garrocha de primer nivel.

Fue en Porto Alegre donde llegó a los cuatro metros, sabiendo que cuando cayera lo haría sobre un colchón profesional, y luego alcanzó los 4,10 en San Carlos, también con material profesional. "Si él mejorara sus condiciones...", dice Pablo, sabiendo que podría alcanzar un nivel aún mucho mejor. El objetivo es poder comprarle un colchón, que vale unos cuántos miles de dólares. El dinero, el obstáculo.
"La idea es que todo el mundo tenga lo más parecido a lo profesional. Esas son algunas de las cosas que estamos tratando de solucionar. Mediante los apoyos, logramos comprar 25 kits de lanzamiento de todas las disciplinas, que llegan en el mes de noviembre y los vamos a repartir. Y eso va a ser un avance histórico, porque nunca hubo en el país útiles para todos los departamentos", dice con orgullo.
Para suerte de la CAU, varias intendencias fueron notando la importancia de apoyar al atletismo y a sus deportistas. Es el caso de Río Negro, que tiene un centro de lanzadores e hizo una compra de materiales en Estados Unidos, al igual que Soriano también. "De a poco se va consiguiendo apoyo: lo que pasa es que hay que trabajar y demostrar los resultados".
El reflejo existe
Los resultados ya se han comenzado a notar, con logros a nivel internacional a pesar de todas las adversidades. Es que la mayoría de los destacados en el país, recuerda Sanmartino, "son de estratos muy humildes". Es el caso de Déborah Rodríguez, que a los 15 años le entregó su vida a Andrés Barrios para que la entrenara y contó con el respaldo de la Intendencia de Maldonado, que la becó con alimentación, alojamiento, pasajes y estudio; de Andrés Silva, que también tuvo que partir a Maldonado a pesar de ser de una familia humilde de Tacuarembó; de María Mello, lanzadora de jabalina oriunda de un asentamiento de Fray Bentos y respaldada con becas alimenticias y económicas para que pueda mantenerse sola para "sacarla de ese medio, en el que si siguiera ahí estaría prácticamente en la droga".
Sanmartino nombra también a Pía Fernández y advierte que "estas chiquilinas ni novio tienen, porque viven para el atletismo. No tienen salidas nocturnas. El atletismo no es como otros deportes, que de repente vos salís, dormís un poquito y listo: acá se te va la vida en 10 segundos en el caso de los velocistas, o en tres tiros en los lanzadores. Y una medalla es la vida y te siguen apoyando, o un cuarto puesto es nada, porque acá no se dan cuenta el nivel que tienen otros países del mundo o de Sudamérica".

Llevándolo a números, Argentina tiene 1700 atletas becados. Brasil invierte anualmente 30 millones de dólares de su presupuesto al atletismo, Colombia alcanzó los 10 millones. En Uruguay, la cifra no supera los 200 mil dólares. Y a pesar de las "realidades diferentes", Silva ha ganado cinco Sudamericanos seguidos, Rodríguez se acostumbró a ganarle a las norteñas, Fernández obtuvo medalla de plata a nivel continental y Mello desde los 15 años todos los Sudamericanos. "Son cosas milagrosas", dice el presidente de la CAU. "La base es el trabajo, el sacrificio de todos nuestros atletas y entrenadores".
Pero además de los logros que han conseguido estos deportistas que se esfuerzan por ser profesionales con lo que tienen, están las carreras de calle, esos eventos generalmente auspiciados por una marca o institución que convocan a miles de personas, fundamentalmente en la capital uruguaya.
"Desde que entramos en 2010, lo de las carreras era medio anárquico, y veíamos que el fenómeno crecía y no queríamos que pasara como en otros países, que se saturaba el mercado. Entonces lo que hicimos fue introducirnos en las carreras de calle. Fuimos a hablar con las empresas, les dijimos que íbamos a hacer dos campeonatos, uno en verano y otro que empieza en octubre; les planteamos la posibilidad de que apoyaran al atletismo, de que dieran parte de su recaudación para fomentar el atletismo, porque sino en pocos años no teníamos más atletas, y todas lo hicieron", relata Pablo.

Desde que tuvieron esa iniciativa no sólo la cuarta parte del presupuesto de la CAU se debe al aporte de las empresas (y más de la mitad al Ministerio de Turismo y Deporte), sino que la respuesta y el alcance que se tuvo respecto al público fue increíble.
"Arrancamos con un total de 10 mil atletas en el año, y el año pasado cerramos con casi 20 mil atletas distintos. En el caso de las mujeres cerramos con 5000 mujeres distintas. Y en el caso de las carreras de calle hubo casi 60 mil participaciones, que arrancamos en 2010 con 35 mil. Estamos hablando de números muy importantes, de un 20 por ciento de crecimiento anual", repasa Sanmartino, que también habla de los riesgos que esto trae.
"Sabemos que eso tiene un techo, y es por lo que hemos innovado con las carreras de la mujer, los cross country, campeonatos de media maratón. En noviembre vamos a hacer un torneo nocturno en la pista, de 5000 metros, y queremos hacer campeonatos de millas", explica, con el objetivo de incluir a toda la familia, por lo que también se han implementado carreras para niños y para la tercera edad.
Quizás lo más importante en este sentido es la ambiciosa idea de hacer una maratón de Montevideo en abril de 2014, junto con la Intendencia. "Lo estamos pensando", dice.
"A todos lados que voy me dicen ‘el trabajo que vos estás haciendo lo vas a ver recién dentro de 10 años'. Pero ya este año tenemos cinco medallas sudamericanas: dos en mayores, una en el Panamericano juvenil y hace días dos en el primer Sudamericano juvenil", explica Pablo, aún reconociendo que respecto a los demás países "las diferencias son importantes".
¿Cuál es la clave, entonces, para superar esas diferencias? Trabajar y formar a los entrenadores, según Sanmartino. Quienes le enseñan a los demás tienen permanente formación (cursos, charlas de extranjeros, viajes a la región). "Hoy tenemos dos o tres entrenadores destacados que tienen atletas medallistas, pero en muy poco tiempo tendríamos 20 o 30 de primer nivel. Esa es la apuesta, trabajar en todos esos niveles para seguir avanzando", asegura. Evidentemente, el camino es el correcto.
Belén Fourment | Montevideo Portal
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