La sociedad uruguaya está conmovida por la difusión de un video en el que un grupo de adolescentes, entre risas y burlas, golpean hasta la muerte a una perra. La reacción de algunas personas que se dicen defensoras de los animales no se diferenció mucho de la censurable acción: pidieron el linchamiento de los jóvenes y aún el exterminio de sus familias.
El escándalo coincidió con la publicación de un estudio del MIDES, según el cual el 84 por ciento de los niños, niñas y adolescentes uruguayos sufre de maltratos por parte de un miembro de la familia, 74 por ciento es víctima de violencia psicológica, 53 por ciento de violencia moderada y 13,6 por ciento de violencia severa. Los expertos constataron que hay tantas víctimas entre los adultos como entre los menores de edad. Si aceptamos como violencia “todo atentado a la integridad física y psíquica del individuo, acompañado por un sentimiento de coerción y peligro”, según proponen Perrone y Nannini, todo parece cerrar.
Para UNICEF, “la disciplina ejercida mediante castigos físicos y humillantes, intimidación y acoso sexual con frecuencia se percibe como algo normal”. Como alternativa, el organismo propone un ejercicio adecuado de la paternidad, con su centro en los vínculos afectivos y en una disciplina “afirmativa y no violenta”.
La incorporación de valores como la cooperación, la resolución pacífica de los conflictos, el respeto mutuo y la escucha empática, no es una alternativa a la crianza tradicional o la educación formal sino su matriz adecuada. Madres y padres no siempre tenemos presente que el sentido auténtico de la disciplina no es lograr la obediencia de los hijos sino su autonomía y autocontrol. Richard Curwin y Allen Mendler llamaron a este enfoque basado en los valores afirmativos y no violentos “disciplina de la dignidad”. Se trata de una mezcla de reglas y límites claros y previsibles, aplicados con flexibilidad y constancia, y sobre todo, de una conducta de los adultos acorde a los valores que se promueven.
La investigación del Mides obliga a la sociedad uruguaya a proponer nuevas explicaciones y soluciones para un problema que, tal como era de sospechar, rebasa las consideraciones socioeconómicas o de género. Ya no se trata de señalar al otro o la otra como violentos sino de aceptar que todos podemos ser, a la vez, víctimas y victimarios, en la medida que practicamos formas de coerción y humillación sobre nuestros semejantes (especialmente si están en relación de dependencia o vulnerabilidad) so pretexto de educarlos. Por cierto, la violencia intrafamiliar tiene grados y no es lo mismo dar una palmada o un grito a un niño travieso que agredir a puñaladas a nuestra pareja, pero mientras esto último está penalizado por la ley y censurado por la comunidad, aquella goza de la convalidación y la aceptación.
En este contexto, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, puso el acento en un hecho sobre el que hemos reflexionado más de una vez desde este blog: la forma en la que se difunde en los medios de comunicación (en especial noticieros de televisión) las escenas de violencia real, incluyendo accidentes, palizas y homicidios. Bonomi reclamó a los medios que acepten que su actividad profesional tiene límites que no se deben traspasar.
En Uruguay, la libertad de prensa está salvaguardada generosamente por la Constitución, por lo que los límites deben surgir de los valores éticos y deontológicos de los profesionales y las empresas de comunicación. En el periodismo como en cualquier orden profesional, estos valores existen y están por encima de los criterios del éxito empresarial y de beneficio económico. La difusión permanente, reiterada y aún "loopeada", so pretexto de “vestir” la noticia, de hechos crudelísimos (como las vejaciones y el linchamiento contra Gadafi, la ejecución del guardia de seguridad del Super Frigo o el apaleamiento de la perrita en Nueva Palmira) demuestra falta de sensibilidad y de respeto ante el sufrimiento humano y sólo puede ayudar a que se agudice el proceso de frivolización de la violencia y la muerte.
Pero ya se trate del apaleamiento salvaje contra un perro, de la no menos salvaje respuesta de los condolidos, de los niños desobedientes o de cualquier expresión de conflictividad social, no será posible terminar con la violencia mientras no se destierren redondamente sus justificaciones.
Violentos
Violentos
16.11.2011

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