Navegaciones

Uruguay, un país descojonado

El Uruguay actual se diferencia de su pasado en un aspecto fundamental: en sus sectores claves se han perdido los cojones. Por Esteban Valenti.
28.08.2018 14:14

En criollo antiguo, cojones quiere decir coraje y vale tanto para las mujeres como para los varones. En muchas circunstancias las mujeres tienen más cojones que los varones. Su vida en general es un largo camino de coraje. Pero ahora hablamos del Uruguay actual, que se diferencia de su pasado, en un aspecto fundamental, porque en sectores claves se han perdido los cojones.

En muchas columnas mencioné que una de las grandes conquistas del Uruguay posterior a la dictadura fue haber transformado la política en la actividad más pacífica, superando al deporte, a los espectáculos, a casi todo. Creo que los torneos de rumi canasta todavía siguen manteniendo el primado.

Pero hay que hacer una salvedad, no ser violentos no quiere decir haber dejado por el camino los cojones de manera cada día más evidente. Cuando todo se calcula, en costos y beneficios, y cuando todas las reacciones políticas están medidas en los riesgos personales y políticos, aflora en toda su miserable dimensión la falta de la mínima cantidad de cojones imprescindible para ser uruguayo.

Los que tengan los años necesarios me podrán seguir en mi razonamiento, los más jóvenes vayan a leer los debates parlamentarios, a los actos públicos políticos de otros tiempos, a los duelos y verán perfectamente de lo que hablo: en otros tiempos este país era un país cojonudo.

Alguien puede creer que si vivieran Wilson Ferrerira Aldunate, Liber Seregni, Rodney Arismendi, Arturo Dubra, Zelmar Michelini, Maneco Flores Mora, Dardo Ortiz y una lista interminable de dirigentes políticos, la política luciría el actual nivel, no solo en su capacidad de exponer, de razonar, sino de tener coraje, de decir las cosas que hay que decir, de no incluir las genuflexiones en sus apariciones diarias.

Y nadie se andaba con chiquitas, las cosas se decían y las consecuencias se afrontaban, en los debates, en las interpelaciones, en la prensa, en todos lados. Y no recuerdo chismes personales, no recuerdo en el Uruguay agravios al nivel de la moralina barata de los Estados Unidos, donde un presidente anda con prostitutas y les paga para comprar su silencio y esa es la noticia de primera plana de todos los diarios, mientras destruye el comercio mundial y da vergüenza con su xenofobia. Pero admitamos que la prensa norteamericana se la juega y muestra cojones contra el poder de Trump.

Aquí la palabra más común de todo el vocabulario político actual es "GRE", mucho "GRE" porque no quieren o no les da para decir "Gregorio". ¿Será porque todos tenemos una larga cola de paja? Y me incluyo por pudor.

¿Será porque tenemos algún carguito o privilegio que perder? No sé cuál es mi privilegio, ni mi carguito, cuando nunca los tuve ni los reclamé. Pero asumamos, asumamos.

En otros tiempos a un dirigente político que utilizaba la plata del Estado para sus gastos personales, y la justicia lo probaba y la JUTEP (que no existía) también y además lo sabía todo el país, le pegábamos una patada en el trasero y que fuera a robar a otro lado. Y le decíamos corrupto. Ahora a lo sumo cometió abuso de funciones. También gracias a los fiscales y los jueces.

En mis tiempos a la corrupción y las coimas las llamábamos corrupción y coimas, ahora se llaman, elegantemente peculado.

Y no es un problema solo de los políticos, sino de los jueces y de los fiscales. Las pruebas son abrumadoras y dan miedo. A un ladrón de gallinas que no tiene poder alguno, en algunos casos lo mandan en cana, a los políticos y poderosos les ponen algún mote y los mandan a la casa a meditar. Y gratis, no tienen que pagar ni un centésimo por sus correrías.

No hay plata para evaluar si una obra pública que costó cuatro veces más de lo que estaba presupuestado - me refiero a la planta de ALUR, para que no haya dudas ni falta de cojones o a la desulfurizadora de ANCAP - y se resignan y pasan. No se les ocurre simplemente comparar los costos de otras plantas similares en diversos países del mundo, incluso construidas por las mismas empresas, por ejemplo ABENGOA y así descubrir que costaron mucho menos de la mitad que en Uruguay ¿No da para comenzar a sospechar y a investigar?

Cuando faltan cojones, los miserables están de fiesta. Si discrepas, si te salís del rebaño, te tiran con toda su artillería de chasquibum, te tratan de traidor, de poseedor de minas de diamantes (pobres imbéciles), de pasarte al enemigo por no defender al gobierno corrupto y asesino de Venezuela que está causando el mayor movimiento de refugiados de la historia de América Latina y el hundimiento de una nación en la miseria, superando la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay. Aunque usted no lo crea.

Es que, si Venezuela hablara, si aparecieran los cuadernos y los arrepentidos de Venezuela, por estas latitudes a muchos se les caería la careta y otras cosillas. Y no me refiero a políticos, sino también a empresarios y "periodistas". Hay que tener solo un poco de paciencia y mientras tanto algunos rezan y prenden cirios para que algunos bancos venezolanos, generales, gobernantes y servicios de inteligencia no abran sus archivos o sus bocotas. Otra que ideología... esa es la ideología de los petrodólares de Chávez y Maduro, que fundieron al país más rico de América Latina. Lo fundieron.

Y aquí los del poder, a diversos niveles te borran de todas las licitaciones y ponen caras de ángeles. Porque están acostumbrados a utilizar diversos instrumentos para promover el descojonamiento nacional. Sus pequeños poderes y sus privilegios y se sienten valientes.

En mis tiempos, ser de izquierda y más en general ser uruguayo, era tener cojones. Era un atributo en la política, en el fútbol, en la literatura, en el periodismo, en el movimiento sindical y estudiantil.

Para derrotar a la delincuencia, al narcotráfico, al crimen organizado hay que tener muchos cojones bien puestos, incluidos los que se necesitan en la cabeza, para jugarse hasta el borde de las posibilidades. ¿Dónde están?

Para limpiar al fútbol de una gangrena que lo tiene atenazado, ahorcado desde hace muchos años, que al principio le hizo bien, porque rompió el monopolio gratuito de los canales de televisión, pero que comiendo, devorando, se consideró con derecho a ser el dueño, el comprador de almas y cuerpos de la AUF y que estaba por recuperar su poder perdido lentamente, hacen falta cojones. Pues no, de un lado el silencio y del otro el apoyo a la actual estructura corrupta y antidemocrática de la AUF, de parte del gobierno. Mintiendo.

Porque el gobierno, y su ministra vocera María Julia Muñoz, la enérgica expulsora de maestros, de simples maestros, no se mete con Tenfield, al contrario se opone a la intervención de la FIFA, que reclamada por la selección nacional, por la celeste, los jugadores de la Mutual, los árbitros, por el fútbol del interior, el femenino y quieren dejar en pie una estructura donde 17 personas se reparten el poder escandalosamente. Y el Ministerio del Interior puede participar en un golpe de estado contra Sebastián Bauzá, sacándole la guardia policial de los estadios y poniéndola de vuelta cuando quiso y había colocado a un nuevo presidente de la AUF. El impoluto Wilmar Valdez.

Y miente cuando afirma que ni la OEA ni las ONU se mete con nuestros temas internos. Por favor. La OCDE y el G20 (del que ni siquiera formamos parte) nos impusieron lo que quisieron y un poco más sobre nuestro sistema financiero y nos faltaron cojones, para discutir algo, para dar una mínima muestra de soberanía y dignidad. Fuimos y somos más realistas que los reyes y ellos tienen sus islas y sus paraísos fiscales.

Nosotros los tenemos pero clandestinos, alimentados por cientos de vuelos y navegaciones privadas desde la Argentina y mientras tanto hay una senadora del FA, Constanza Moreira, que tiene el coraje de afirmar que esa asociación ilícita para delinquir que son los Kirchner y su banda, que dejaron a la Argentina con el 37% de pobreza y 11% de indigencia (ojo que no se suman, sino sería Bangladesh...) fue el mejor gobierno en los últimos 40 años. Qué poco respetan y quieren a los argentinos y a los uruguayos.

Y todo lo quieren cubrir y justificar con el pésimo gobierno que está haciendo Mauricio Macri, olvidándose que a la derecha en la Argentina la trajeron ellos, con sus robos y porquerías.

Incluso para el debate ideológico hace falta cojones, porque con generalidades, sin valentía para afrontar los nuevos problemas y los viejos errores, y estudiar los temas y las ideas no hay posibilidad de un debate serio entre la derecha y la izquierda y entre las diferentes izquierdas y derechas. El descojonamiento es amigo de las manadas.

Vaya si hicieron falta cojones para enfrentar a la dictadura, para hacer una huelga general de 15 días, para desgastarla en la clandestinidad, en las cárceles, en las nuevas generaciones de la resistencia y en el exilio. Y para derrotarla.

Este país tenía una ley de duelos, que regulaba cómo lavar las ofensas. Luego una prédica miserable desde diversos medios de prensa, se anuló y todos contentos. Pero era otro ejemplo de cojones, llegado el momento detrás de la boca y de la pluma había que poner el cuero. No volverá, no me hago ilusiones, pero voy a seguir peleando para que los que tienen el poder, diversas formas del poder no nos impongan a todos los uruguayos, la resignación y el descojonamiento nacional.

Ahora tenemos una gran ventaja, las mujeres vienen a ocupar su lugar en la política y esas están obligadas a tener cojones por dos, todo les cuesta el doble de coraje e inteligencia.

Siempre es útil recordar la estrofa de la "Milonga de Jacinto Chiclana", de Jorge Luis Borges:

"Entre las cosas hay una
de la que no se arrepiente
nadie en la tierra. Esa cosa
es haber sido valiente".

Por Esteban Valenti

ESCRIBE

Esteban Valenti

Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

Ver todas las columnas