Contenido creado por Inés Nogueiras
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Sesgado

Sesgado

El presidente Mujica volvió a referirse al conflicto entre Israel y Hamás en términos inadecuados. Es la cuarta o quinta que sus declaraciones reflejan una visión sesgada de la trágica guerra que se libra en Medio Oriente.

06.08.2014

Lectura: 4'

2014-08-06T14:40:00-03:00
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Quizás los comunicados del Mercosur y Cancillería que únicamente condenan a Israel no expresen sus convicciones sino su debilidad. Mujica actuó presionado por Venezuela y Brasil y no hay razón para pedirle que tenga con Israel el coraje que no tuvo con Paraguay. Por el contrario, aquella sumisión fue coronada con una de sus lecciones más descarnadas de realpolitik: a veces lo político está por encima de lo jurídico. 

Mujica pretendió explicar su conducta, diciendo que, si bien admira los aportes culturales y científicos del pueblo judío, esta vez "perdió los puntos de referencia". La reflexión encierra la matriz del racismo antijudío y de cualquier forma de discriminación. La justificación es una variante del tradicional "yo tengo un amigo negro" como excusa para endosarle a un colectivo las conductas de algunos de sus miembros.
Es probable que el presidente uruguayo no se haya dado cuenta de lo que dijo. No sólo porque hay judíos que están en contra de esta guerra y otros que están en contra incluso de la existencia del Estado de Israel. Mujica no habría culpado al pueblo árabe por los 180.000 sirios asesinados por Bashar al Asad ni al pueblo islámico por la persecución y asesinato de cristianos en Siria e Irak a manos del ISIS.

Como si esto fuera poco, Mujica calificó de genocidio la guerra contra Hamás porque "se bombardean hospitales, niños y viejos". La conclusión parece adecuada a la tragedia de los gazatíes pero no lo es. Un genocidio es el "exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad". Atribuir tal intención al gobierno israelí es un verdadero despropósito. Los genocidas no avisan por teléfono a quienes buscan exterminar ni mucho menos los trata como ciudadanos. Buena parte de quienes repiten esta barbaridad desconoce que hay más de un millón de palestinos israelíes y que muchos de ellos (y ellas) combaten en la Tzahal contra el terror yihadista. Mujica no acusaría de genocidas a soviéticos, británicos y estadounidenses por bombardear en 1945 los "hospitales, niños y viejos" alemanes, atrapados en Berlín o Dresde por la vesania criminal de los nazis. Pero lo peor estaba por venir.

Mujica pretendió recomponer su discurso expresando "la más alta simpatía" por el pueblo judío pero advirtiendo que las acciones bélicas de Israel pueden radicalizar a los jóvenes en el mundo islámico y que "hacer que surjan por allí y por acá cosas como la AMIA". Nuevamente, sus argumentos aparentan una lógica de la que carecen. En rigor, son un calco de los que esgrimían los secuestradores de la hija de Estela de Carlotto cuando pretendían justificar sus crímenes en las malas acciones de la víctima. Una monstruosidad que Mujica conoce en carne propia: las torturas y el confinamiento brutal que padeció no son consecuencia de su accionar guerrillero sino de la conducta criminal de sus carceleros.

"Todos tienen derecho a defenderse, pero hay defensas que no se pueden hacer", sentenció el mandatario. Uno de los túneles destruido por los israelíes llegaba hasta el kibutz Zikim. A finales del 2007, cuando lo visité, el kibutz tenía rastros de los impactos de cohetes lanzados cada día desde la franja de Gaza. En el tejado del tambo podía verse el boquete dejado por un Qassam. Su encargado, que no voló en pedazos porque llegó a tiempo al refugio, era un joven uruguayo, uno de los quince mil que viven en Israel.

¿Qué haría Mujica para protegernos del fuego enemigo si tuviera el poder militar como para aniquilarlo? ¿Qué haría si supiera que los cohetes y los terroristas que caerán sobre sus compatriotas indefensos están debajo de escuelas y hospitales? Si no puede responder estas preguntas, debería tener de nuevo una posición ecuánime. Si teme enfrentar a sus socios del Mercosur, podría probar con el silencio.