Contenido creado por Gastón Fernández Castro
Cybertario

Pepe revolución

Pepe revolución

03.03.2010

Lectura: 3'

2010-03-03T10:11:44-03:00
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Al final de cuenta, asistimos al triunfo de una revolución liderada por José Mujica. El viejo guerrillero asumió la presidencia con un par de discursos de una moderación que dejó a la mayoría de sus conciudadanos y de los visitantes extranjeros convencidos de que aquel hombre encarnaba la sabiduría de todo un pueblo, y quizás sea cierto. ¿Puede alguien discutir que Uruguay debe ser una patria construida entre todos y para todos? ¿Alguien cree que está mal caminar hacia un "país agrointeligente" o darle preeminencia a la educación como herramienta contra la pobreza? "Viva España" le dijo al Príncipe Felipe de Borbón, tras haber elogiado el rol de los empresarios (una vez más) y habiendo recordado a los funcionarios públicos que no habrá reforma del Estado sin su participación. ¿Alguien podía esperar otra cosa o sostener lo contrario?

No ha sido su coherencia idelógica sino su perspicacia y su fino sentido estratégico lo que lo llevó hasta donde está. Sus concepciones económicas, por ejemplo, se parecen más al Jorge Batlle de los años sesenta que al Che Guevara. Lo que vimos ayer fue Mujica hasta el paroxismo: ubicuidad, centrismo, moderación y sentido común; un discurso hecho a la medida de un presidente uruguayo. Es cierto que la mayoría de sus conceptos los hemos oído en dirigentes blancos, colorados, liberales o socialdemócratas de diversas épocas y regiones. Desde la admiración por Nueva Zelanda que predicó Alberto Gallinal hace medio siglo, pasando por la necesidad de proteger la inversión extranjera de la que hablaron los ministros de Economía de las últimas décadas, hasta reconocer que el peso de la crisis del 2002 recayó íntegramente sobre los trabajadores privados. Recuerdo haber recibido una andanada de insultos por haber dicho lo mismo hace algún tiempo. Mujica lo dice ocho años después, pero algo es algo.

Es que no queda claro si asistimos al triunfo de los tupamaros, como han alertado algunos opositores atemorizados, o a la derrota final de la ilusión revolucionaria. Si es cierto que el socialismo es el camino más largo entre el capitalismo y el capitalismo, como dicen en confianza muchos cubanos, el discurso de Mujica confirma que el Frente Amplio es el camino más corto entre el batllismo y el batllismo. Apenas capitalismo de primera y justicia social, focalizada en la lucha contra la indigencia.

¿Apenas? Nada de eso. En la cabeza de Mujica operó la más radical de las transformaciones, la madre de todas las revoluciones. El presidente de los uruguayos fue capaz de cambiar sus antiguos paradigmas (cuya puesta en práctica llenó de muerte y miseria al mundo entero) para salvar su verdadera ideología, sus valores centrales. El "arriba" y el "abajo" ya no son una referencia espacial a ser invertida, subvertida, sino dos caras de una misma moneda, que deben complementarse en beneficio de los más humildes. La tierra y la patria no pueden ser "para nadie" sólo porque no puedan ser para todos y las empresas públicas serán, de algún modo, de "propiedad social", pero no de "gestión social". Mujica lideró una revolución que empezó en su propia cabeza, y salió victorioso. El viejo guerrillero fue finalmente domesticado por un país que ama "los fines de semana largos tanto la libertad". Ojalá.