Cybertario
Encuentro Progresista: adiós a todo aquello

POR GERARDO SOTELO

En apariencia, todo está bien. El Encuentro Progresista se aproxima a la victoria y probablemente lo haga en primera vuelta.

20.10.2004

Lectura: 3'

2004-10-20T00:00:00-03:00
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Un hecho histórico por partida doble. Sin embargo, la perspectiva de una izquierda en el gobierno desplaza del centro del análisis su campaña electoral. A los méritos de sus publicistas se suma la falta de capacidad de sus adversarios para capitalizar sus errores. La incógnita que permanece es, nada más y nada menos, cómo va a ser su gobierno. En este sentido, la campaña permitió visualizar dos puntos de tensión de un eventual gobierno del Encuentro Progresista, que emergieron mientras se procesaba el debate sobre el debate .

Uno es el que enfrenta los principios con el pragmatismo: antes se planteaba el debate como una cuestión de derechos mientras que ahora es un asunto negociable según convenga a la estrategia electoral. Otro enfrenta las diferencias ideológicas con la unidad de acción: el disciplinamiento de Mujica es el último eslabón de una larga cadena.

La negativa a debatir tiene algunas aristas significativas, más allá de lo anecdótico. Si la izquierda hasta ahora había peleado por espacios de discusión, principalmente en el medio televisivo y frente a sus contrincantes blancos y colorados, la inminencia del acceso al poder convirtió un tema de principios en un asunto meramente estratégico.

Por lo general, el principismo de las fuerzas políticas no es más que pura fantasía propagandística, aunque sirva para alentar a la militancia en horas de derrota. Sin embargo, la relativa virginidad de poder ha madurado en las almas más ingenuas la idea de que la izquierda no sólo nos hará vivir mejor sino que ejercerá el poder con integridad moral. La experiencia acumulada en el mundo entero indica que las tentaciones del poder (autoritarismo, corrupción, oportunismo) son tanto mayores cuanto más poder se tenga y en eso, la naturaleza humana no distingue entre derecha e izquierda.

Cabe preguntarse cuáles de los postulados históricos de la izquierda serán respetados como principios y cuáles se negociarán según convenga. Y de paso, podrían respondernos cuáles son en definitiva esos postulados. ¿La asociación de las empresas públicas con capitales privados o el blindaje ultraestatizador de la reforma del agua? ¿La modernización del Estado o el mantenimiento de los monopolios y los privilegios de los funcionarios públicos? ¿La dinamización de la economía o el Consejo de Economía?

Invocar el programa común es un argumento útil para calmar a los votantes pero no para gobernar. Las Safi y el secreto bancario no pueden ser buenos y malos al mismo tiempo, según se hable con Astori o con Mujica. El derecho de los acreedores a ejecutar morosos no puede ser respetado e interferido, según se esté ante empresarios españoles o ante los socios de ACDE. Las Afaps no pueden ser derogadas y perfeccionadas, según se hable en 1996 o en el 2005.

Por otra parte, la estrategia que está llevando a la victoria al Encuentro se apoya en el desprecio a los rivales. Como si la izquierda estuviera imbuida de una superioridad intelectual y moral nunca demostrada. Como si estuviera destinada a acumular fuerzas eternamente. Como si se siguiera siendo oposición. Como si no existiera el día después.

ESCRIBE

Gerardo Sotelo

Con más de treinta años de trabajo como periodista, se destaca como conductor e informativista de radio y televisión.

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